Jueves, 09 Junio 2016 12:36

Corrupción e impunidad

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Hay hechos que hablan por sí solos, que vuelven casi superfluo cualquier análisis:

1) El juez federal Sebastián Casanello viajó a Roma y se entrevistó a solas con el Papa. A la salida del encuentro dijo que había recibido un apoyo "extraordinario" del Pontífice. Casanello demoró durante años la causa de Lázaro Báez, lo detuvo después de que le mostraron por TV cómo se contaban millones de dólares en proceso de lavado, sigue sin conectar al testaferro santacruceño con los Kirchner y la falta de diligencia que mostró para investigar al kirchnerismo la compensa con prontitud para investigar al macrismo.

2) Casanello no fue el único juez federal en peregrinar al Vaticano. Lo hicieron varios de sus colegas del fuero federal, que debían haber investigado y castigado a los políticos que durante los últimos doce años saquearon al Estado. También viajó el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, que se indignó porque el Papa era cuestionado por intervenir en la política doméstica no sólo recibiendo jueces denunciados por sus lazos con el kirchnerismo y La Cámpora, sino también por haber hecho manifiesta su simpatía por el extinto gobierno recibiendo, entre otros, a Guillermo Moreno (inesperado apologista de Videla), a Milagro Sala y a Hebe de Bonafini.

3) Cambió el gobierno hace seis meses y se ha convertido en un lugar común afirmar que los jueces sólo meten presos a los políticos después de que pierden el poder, pero eso parece no ocurrir con los jueces afectos al kirchnerismo. Permanecen sueltos Boudou, De Vido, Aníbal y siguen las firmas.

A esta altura y a partir de estos hechos no parece muy difícil deducir que hay movimientos para frenar la investigación del kirchnerismo y que hay un frente judicial opositor que recibe aliento desde fuera de Comodoro Py. El resultado electoral desarticuló al peronismo y lo dejó en estado de postración, pero parece estar siendo reemplazado transitoriamente por peronistas que se reagrupan bajo la benévola mirada del papa Bergoglio.

Conclusión: la corrupción es un fenómeno estructural que no depende sólo de los políticos. Hay otros actores que hacen importantes aportes para que el "statu quo" se mantenga y el latrocinio no sea castigado. La impunidad en la Argentina es mucho más que una lacra vinculada con el poder. Es una patología con la que se convive sin que se genere una reacción institucional y social capaz de erradicarla.

Hay, por su puesto, excepciones. La diputada Elisa Carrió se desgañita denunciando a los jueces que garantizan la impunidad de los corruptos, pero se trata de una voz en el desierto. Tan así es que suele volver sus cañones contra su propio gobierno y es mal vista por la clase política que la considera una francotiradora. Es evidente que tampoco sintoniza con el grueso de la sociedad. Por lo menos con aquellos sectores que acompañan a los dirigentes acusados de corrupción a los tribunales para intimidar a los jueces. La corrupción bajará bruscamente sólo cuando esos corruptos sean reemplazado por ciudadanos honestos y cuando retorne la "majestad" de la Justicia y los jueces no tengan que volar al Vaticano para pedir protección al jefe de la Iglesia. 

Sergio Crivelli

Visto 532 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 22:49

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