Domingo, 05 Junio 2016 06:19

Macri está alterado por los conflictos internos

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Un ejército de amigos, asesores, dirigentes y operadores políticos cobijados en el oficialismo macrista, tuvo que alborotarse el miércoles pasado al filo de la madrugada cuando Elisa Carrió disparó con munición gruesa nada menos que contra la vicepresidenta Gabriela Michetti.

“Yo jamás hubiera entregado mi conciencia para ser vicepresidente y hubiera puesto mi renuncia antes de designar a un delincuente como Ricardo Echegaray en la Auditoría General de la Nación. Esa es la diferencia”, dijo la polémica diputada cuando le recordaron que Michetti la había calificado de “inmanejable”.

Muchos creyeron ver una fractura expuesta en la coalición parlamentaria Cambiemos, que traería graves consecuencias para el Gobierno de Mauricio Macri. Tanto, que hasta el propio Presidente, irritado como estaba, tomó la decisión de producir una respuesta pública contundente. Lo hicieron desistir de lo que sería una ruptura, pero el enojo alteró el equilibrio personal que el jefe de Estado consigue con técnicas orientales de relajación y armonización mental. “A Lilita la quería matar, y no fue la primera vez”, contó uno de sus allegados.

El pico más alto de la crisis fue superado el jueves por la mañana cuando con mucha buena voluntad los intermediarios se convencieron de que a Carrió le habían informado lo dicho por Michetti pero no el contexto en que lo dijo. “Gabriela la llamó ‘inmanejable’ en un sentido positivo, no de crítica y a Carrió le llegó distorsionado”, argumentaron los componedores, pero no todos quedaron conformes y Macri tampoco.

El casi simultáneo procesamiento de Echegaray por maniobras irregulares en la Afip facilitó una salida hacia adelante, y para tranquilidad de Carrió, la vicepresidenta junto al titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, revocaron la designación del exfuncionario kirchnerista en la AGN. Al margen de la secuencia e intencionalidad de los hechos, el episodio revela que en el interior del poder la fragilidad política es una amenaza constante a las buenas intenciones y al amateurismo de algunos funcionarios.


Otro clima

En el Congreso, el panorama para el Gobierno parece ser más favorable. La posibilidad de retomar la iniciativa con leyes como la del pago de las deudas del Estado a los jubilados le permite al oficialismo sumar adhesiones hasta de la oposición más cerrada.

Al haber optado el Ejecutivo por enviar una iniciativa ómnibus, vinculando jubilaciones con el blanqueo de capitales para financiarlas y otras reformas impositivas, todo dentro de un mismo paquete, facilita los consensos cruzados. Habrá beneficios políticos para el macrismo, pero también para los gobernadores peronistas al disponer de fondos de la coparticipación.

La mayoría de las modificaciones que se le introducirán a los proyectos oficiales a instancias de otras bancadas, ya han sido previamente acordadas. Nadie oculta en el Congreso ni en la Casa Rosada que en este punto quien ha jugado un rol central es el presidente del mayoritario bloque de senadores del PJ-FpV, Miguel Pichetto. El legislador elaboró su propio proyecto de blanqueo para impulsarlo cuando el paquete llegue al Senado, pero todo será un formalismo. Nada de lo que dice o pide Pichetto incomodará a Cambiemos.

Además de los conceptos técnicos, hay otras razones para que eso ocurra. El Gobierno sabe que la llave del Senado la tiene Pichetto y que esa llave no sólo sirve para aprobar proyectos, sino también para aislar al kirchnerismo más duro. Ese efecto también se traslada a Diputados donde las posturas del bloque peronista que encabeza Diego Bossio se referencian en el senador. Como si algo faltara para completar el círculo de la influencia de Pichetto, la semana pasada se incorporó a la conducción del Partido Justicialista junto a José Luis Gioja y Daniel Scioli. Allí le auguran futuros protagonismos estelares.

Las pantallas

Las causas judiciales por la corrupción kirchnerista, los polémicos gestos del Papa Francisco que incursionan en forma directa en la política argentina provocando situaciones confusas, y un segundo semestre que se demora demasiado en llegar, le dan otros condimentos a una realidad por demás compleja. Todavía las encuestas favorecen la imagen del Presidente y de su gobierno, pero los márgenes de la paciencia social parecen ir achicándose. La dureza del ajuste tarifario, la inflación todavía fuerte y la retracción del consumo, componen un cóctel de alto riesgo.

La marcha atrás con los aumentos en las tarifas del gas, limitándolos a un 400 por ciento para usuarios residenciales y a 500 por ciento para pymes, comercios y hoteles, pone de manifiesto el grueso error cometido al no evaluar debidamente los efectos de la medida inicial, y deja al Gobierno expuesto a otros planteos similares ante la Justicia.

Las versiones que circularon los últimos días sobre una posible renuncia del ministro de Energía, Juan José Aranguren, no fueron antojadizas. Aunque él desmintió su retiro, al menos un par de sus colegas del gabinete lo daban ayer por seguro en el corto plazo.

Además, Aranguren ya está siendo investigado en la Justicia por el fiscal Carlos Stornelli, -un hombre cercano a Macri- por su vinculación accionaria con Shell y las medidas oficiales que han favorecido a esa compañía. Para el Gobierno, este caso apunta como un escándalo que será bandera opositora, pero también un fuerte sacudón interno.

¿Cada ministro hace lo que quiere en forma personal? ¿El Presidente fue ajeno a las decisiones en materia energética? ¿El equipo económico permitió sin quejas que semejantes medidas se aplicaran sin evaluar sus consecuencias? Son interrogantes que por ahora no tienen respuestas claras y evidencian fragilidad política. 

Carlos Sacchetto

Visto 569 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 22:49

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