Martes, 05 Julio 2016 11:10

El pragmatismo peronista de Cambiemos

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Quizás sea por sus orígenes cercanos a Carlos Menem, quien intentó infructuosamente sumarlo a la política a través del peronismo. Tal vez sea producto del pragmatismo por su formación en el mundo empresarial, en el que la prioridad es el resultado.

 

 

Lo cierto es que el presidente Mauricio Macri ha ostentado en su primer semestre del gobierno un perfil más cercano al "Manual Peronista de Gestión" que a las formas de ejecutar del radicalismo, su principal socio.

 

"A Macri lo subestimamos. Creíamos que éste iba a ser otro gobierno radical, por lo moderado. Pero, evidentemente, recurre a muchas prácticas peronistas", confesó un experimentado dirigente del PJ, testigo y protagonista de todos los gobiernos desde el retorno de la democracia al presente.

 

De alguna manera, tangencial, en esa lectura coincidían los miembros de La Cámpora en la campaña del 2015. También creían que Macri iba a ser un gobierno radical, pero no por la forma de resolver los entuertos, sino porque vaticinaban que solo duraría "hasta marzo" en el cargo, y después se iría, eyectado, como Fernando de la Rúa y todos los kirchneristas "volverían" de la mano de su conductora. Por eso ni ellos ni Cristina Kirchner salieron a pelear por la candidatura de Daniel Scioli. Se equivocaron.

 

Lo cierto es que Macri no sólo ha mantenido algunos preceptos peronistas (el protagonismo de los gobernadores del PJ y de los sindicatos, asistencia social a través de la asignación universal por hijo, aumento de jubilaciones, pago de la deuda a jubilados, financiación de cooperativas, bolsos de comida, etc.) por necesidad política más que por convicción, sino que además recurrió a la negociación política y a la división de la oposición, en un claro pragmatismo justicialista.

 

"Dividir a la oposición, el peronismo, como lo está haciendo Macri, no es nada novedoso. Lo hemos hecho muchas veces nosotros y este gobierno ahora lo está repitiendo", reflexionó otro avezado dirigente del PJ bonaerense.

 

El macrismo utiliza "el recurso peronista de negociación" en varios frentes, sin empacho alguno. Con el objetivo varias veces cumplido de aprobar leyes en un Congreso netamente adverso y mayoritariamente justicialista (kirchnerismo, peronismo ortodoxo, massismo y otras yerbas), el oficialismo se sentó con los gobernadores del PJ a negociar votos a cambio de fondos.

 

Esos fondos, a veces estuvieron comprendidos en los propios proyectos de ley: "Si nos acompañan con sus diputados y senadores para aprobar esto, se va a beneficiar tu provincia", era el concepto que repetían, como una fórmula exitosa, los funcionarios de Cambiemos a los mandatarios provinciales.

 

Lo mismo ocurrió en menor escala, por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires. Los intendentes peronistas, sobre todo los más dialoguistas con la gobernadora María Eugenia Vidal, recibieron por parte de La Plata el compromiso de financiar las obras que necesitaran sus municipios. Hasta les cedieron a los jefes comunales el manejo de la licitación correspondiente, a cambio de que la inauguración fuera capitalizada por el intendente de turno y Vidal. Al massismo, por ejemplo, le cedieron el manejo de los fondos de la Cámara de Diputados provincial que encabeza Jorge Sarghini del Frente Renovador.

 

A tal punto surge la similitud de la "rosca política" entre el macrismo y el peronismo, que en el gobierno algunos funcionarios planean desempolvar el proyecto de transversalidad que quiso implementar fallidamente Néstor Kirchner para eludir al aparato pejotista.

 

Como si se tratara de una pócima que fue robada por el enemigo y ahora quiere usarlo en contra de quien la creó, el objetivo de la transversalidad macrista es usarla contra peronistas y kirchneristas. La idea, sencilla y audaz, es capitalizar la crisis peronista y sumar al "Proyecto M" a gobernadores, intendentes y dirigentes preocupados por los escándalos de corrupción que involucran al gobierno de Cristina Kirchner y que salpica a todo el PJ.

 

Es que varios dirigentes peronistas observan que la única manera de sobrevivir a una derrota electoral en 2017, escapándole al Titanic, sería establecer alianzas con el oficialismo, provincia por provincia, municipio por municipio. A explotar eso apuntan en la Casa Rosada.

 

Claro está que las similitudes en las prácticas políticas entre el macrismo y el peronismo pueden ser un elogio o una decepción, según con el cristal con el que se miren.

 

En el ambiente político, un elogio ante un Presidente al que le daban menos de un año de vida frente una oposición peronista, siempre tenaz.

 

Ante la ciudadanía, quizás una decepción, si es que esas prácticas clientelísticas con las que se ha lapidado el peronismo post-Perón y que hoy practica el oficialismo, perduran en el tiempo y no son transitorias, con el solo objetivo de acumular el poder necesario para dejar de ser un gobierno del 34 por ciento y conseguir ser mayoría en el Congreso y algunas legislaturas provinciales. 

 

Walter Schmidt

Visto 529 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 22:59

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