Sábado, 16 Julio 2016 11:02

Florencia, heredera rica y pobre a la vez

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Florencia Kirchner nació en 1990 en una cuna de oro. No se le conoce profesión ni trabajo, salvo alguna experiencia en cine. Es una ni-ni especial, con una montaña de dólares en sus cuentas bancarias.

 

 

Junto a Máximo creció en un hogar enriquecido por los negocios entre los más oscuros que puedan concebirse: los que se hacen a la sombra del Estado.

 

Florencia es una heredera. Y siempre supo qué heredaba. Sus padres han sido funcionarios desde antes de que sus hijos nacieran. En la dictadura sus trabajos jurídicos eran de poca monta y al borde de la inmoralidad. En democracia hicieron carrera. O sea, plata. Muchísima plata.

 

Y esa es la cuestión: ¿cómo una pareja que a lo largo de su vida no tuvo más recursos que los sueldos de funcionarios, lograron edificar una fortuna monumental? Es un enigma que sólo resulta explicable por la corrupción.

 

Los US$ 4.664.000 que aparecieron en una caja de seguridad de Florencia fueron a parar allí cuatro días después de que un juez llamara a indagatoria a Cristina por el escándalo del dólar futuro. La ex presidenta es la misma que recomendaba, o mejor ordenaba, no ahorrar en dólares. Para el fiscal, Cristina ocultó dinero propio en las cajas de su hija.

 

Esos millones y otro millón más de Florencia en una cuenta pasaron a la categoría de embargados. La lluvia de dinero negro o de dinero verde que tanto amaba Néstor y amaba tocar Néstor ha dejado a la década ganada sin palabras. El relato quedó mudo.

 

Dos sentimientos se contraponen. Uno es de indignación ante esta corruptela sin precedentes que enriqueció a los Kirchner a la par que se empobrecía el Estado. Otro es de esperanza porque se pueda ir avanzando en el camino de la Justicia y del fin de la impunidad.

 

Hay baile para rato en la danza de los millones K. Queremos y tenemos derecho a saber la matriz de estos negociados y cada una de sus rutas.

 

La escuela de la corrupción ha cobijado a Máximo y a Florencia. Ricos y pobres a la vez porque están condenados a cargar la pesada mochila de sus padres.

 

También cobijó a los hijos de Lázaro Báez. Los millones de Florencia no sorprenden si se tienen en cuenta los millones que Martín Báez contaba en La Rosadita en pleno cepo cambiario, con un whisky y hasta con un puro mirando dinero robado como si fuera naturalmente propio. Corrupción transmitida de padres a hijos, de generación en generación.

 

Lo primero que se pretende de los padres es que sean buenos ejemplos. Está claro que eso no se puede encontrar ni en los Kirchner ni en los Báez. 

 

Ricardo Roa

Visto 514 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 23:13

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