Lunes, 27 Febrero 2017 12:42

Cristina y Macri, otra vez en el juego de los polos opuestos

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Juntos, Cambiemos y el peronismo, pretenden sacar de la pelea electoral a Sergio Massa.

 

 

La marcha que organizó la CGT para el próximo 7 de marzo marcará en los hechos el inicio de la campaña electoral. No por tratarse de una muestra de poder opositora sino porque el Gobierno se enfrentará a las consecuencias de sus actos: la protesta también será un termómetro social que mida el nivel de decepción o de expectativa que pesa sobre la gestión de Cambiemos. O la economía despega o la conflictividad social irá en aumento. La movilización es el punto de referencia.

 

Precisamente para eludir esa discusión, Mauricio Macri quiere evitar que este año electoral se convierta en un plebiscito sobre su gestión. Lo dijo en su gira por España: su adversario es “el populismo”. Hay algo de kirchnerismo en la estrategia.

 

En 2015, Cristina Kirchner indultó a Daniel Scioli con el lema “el modelo es el candidato”. Ahora no se trata de poner “el modelo” en debate sino de evitar su regreso. “Cambiemos o el pasado”. “Nosotros o el abismo”.

 

La irrupción por Twitter de la expresidenta en la organización de la marcha del 7 de marzo también suma argumentos a la estrategia M. En la convocatoria se expresa “el pasado”. Un trago amargo para la CGT. La sociedad Mauricio-Cristina sigue intacta.

 

En 2007, el matrimonio Kirchner hizo de Mauricio Macri el enemigo perfecto. Dividió al PJ para garantizarle la victoria. Daniel Filmus y Jorge Telerman fueron las víctimas de la estrategia de Olivos. Desde entonces la polarización fue funcional a ambos. Hoy vuelve a serlo.

 

En la cumbre radical de Villa Giardino, el presidente del interbloque Cambiemos, Mario Negri, hizo pública la estrategia: “No han desaparecido ninguno de los motivos en la Argentina que llevaron a que Cambiemos se constituya”. El mal está ahí. La lógica K: nosotros o el abismo.

 

Pero Negri fue más allá. También admitió que “el mal” está dentro de la coalición oficialista. “El populismo no ha desaparecido y depende del grado de acierto y la velocidad de la recuperación de las propuestas que hicimos de cara a la sociedad para que estos no tengan posibilidad de sitiarnos en la próxima elección electoral y volvamos al pasado”, advirtió. El pasado, pero también los errores del presente se discuten en el próximo turno electoral.

 

Cambiemos se enfrenta a sí mismo, al estado de error y retroceso permanente. El peronismo también se tiene de adversario: compite contra su fragmentación y la condición de procesamiento penal.

 

La reunión del PJ bonaerense en San Vicente, con La Cámpora y los intendentes que promueven la exhumación de la década ganada en la misma foto, intenta salir de esa crisis y encaminarse hacia la polarización que les propone Macri. Lo que no puede resolver el congreso peronista son los expedientes de la corrupción K.

 

Si para Macri la reactivación es la clave. Para el peronismo, el destino judicial de sus protagonistas. Las rejas dividen, no sólo entre el interior y la libertad. Del mismo modo que el Gobierno pierde autoridad cuando alega su propia torpeza, el argumento de la persecución penal anti K se deshace ante los bolsos de dinero y los contratos que ligan a la familia Kirchner con los Báez.

 

Cristina Kirchner hizo su contribución a la unidad peronista. Mandó a Máximo y bajó el acto que su militancia organizaba para acompañarla a Comodoro Py. La unidad es la fortaleza pero también la debilidad. Cambiemos tiene el argumento que necesitaba: los otros son el pasado corrupto.

 

Juntos, Cambiemos y el peronismo, pretenden sacar de la pelea electoral a Sergio Massa. En sociedad, también pueden colocarlo en el centro de la disputa. Los que padecen las consecuencias del “sinceramiento” pero que no quieren “volver al pasado” tienen una opción en el Frente Renovador: ni “la herencia” ni “el ajuste”.

 

Incluso en la discusión paritaria con los docentes bonaerenses, Cambiemos busca la polarización con el kirchnerismo. Más allá de los argumentos económicos del gobierno de María Eugenia Vidal y de los maestros, desde La Plata quieren hacer pesar las consecuencias que para la educación tuvieron tanto las gestiones anteriores como la dirigencia sindical cercana al Frente para la Victoria. No sólo se discuten salarios. Hay un planteo electoral.

 

Es por eso que ni uno ni otro van a ceder. Y si las cosas no cambian, la marcha de la CGT estará enmarcada por el paro docente nacional, pero también provincial. Y acá se juega la misma grieta electoral, entre los que “castigan el bolsillo” y los que quieren “volver al pasado”.

 

La paritaria docente y la marcha de la CGT anticipan un año de conflictividad social en aumento, no solo porque la recesión y el ajuste del déficit implican un golpe para la economía familiar, sino porque la estrategia de la polarización necesita cada vez más tensión. Es precisamente la tensión la que construye los polos. 

 

Damián Glanz

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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