Domingo, 05 Marzo 2017 11:55

Sigue siendo el kirchnerismo el mayor capital político de Macri

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En el Congreso mostró su estrategia de campaña: alarmar con el eventual retorno a un pasado de `despilfarro y corrupción'. Su principal sostén no es ni la UCR, ni Carrió, sino la Cámpora

 

 

Todos los gobiernos son juzgados electoralmente por su desempeño económico y al de Mauricio Macri los números hoy no le cierran. Devaluó sin crisis y contuvo la inflación, pero no en el nivel esperado. La actividad comienza a recuperarse pero con un ritmo demasiado lento para su necesidad de sumar votos. La inversión está  en veremos y la obra pública generó hasta aquí más anuncios que resultados.

 

Como consecuencia de esta realidad la expectativa sobre una rápida reactivación se ha deteriorado, no obstante lo cual el presidente cree, y lo dice públicamente, que en las elecciones de octubre Cambiemos dará una `sorpresa'. ¿En qué funda un optimismo que las encuestas no autorizan?

 

El miércoles lo demostró en el Congreso. En el discurso de apertura de las sesiones ordinarias dio relativamente poco espacio a repasar su gestión y mucho a advertir sobre los peligros de una recaída en el pasado kirchnerista. La consigna fue `No aflojemos'. En otras palabras, podemos estar mal todavía, pero sabemos a dónde vamos. Si retrocedemos, será mucho peor, porque el esfuerzo habrá  resultado en vano.

 

Combinó, además, la advertencia con una embestida inusual contra el gobierno anterior. En un ataque que sorprendió por su crudeza, el presidente, al que no se le cae de la boca la necesidad de `dialogar', descalificó la gestión kirchnerista en el  área energética atribuyéndole haber incurrido en `despilfarro y corrupción'.

 

A esa altura del mensaje los legisladores del oficialismo bramaban, mientras que en las bancas del peronismo prevalecía el rechinar de dientes. El principal destinatario del golpe, el diputado Julio De Vido, prefirió no aparecer por el recinto.

 

Entretanto, el PJ liderado por la Cámpora se limitaba a mostrar cartelitos con defensas de Milagro Sala y Baradel. En su banca el diputado Cabandié‚ jugaba con un avión de papel que presuntamente aludía a Avianca (?); una diputada llevaba un paquete de yerba para pedir un aumento de precio. Otros denunciaban la `rebaja' en las jubilaciones. En suma, el peronismo tiraba con cebita, mientras Macri le respondía con misiles. Por su parte el líder de la Cámpora, Máximo Kirchner, también había resuelto como De Vido no concurrir a la apertura de las sesiones.

 

Lo fundamental de la estrategia del oficialismo no se limitó, sin embargo, a las críticas o las acusaciones para deteriorar al adversario. Macri eligió otro camino. Poner el eje de la campaña en el futuro, ese territorio incierto del que no hay que rendir cuentas.

 

Con la soltura de un político de profesión se atribuyó un futuro que auguró sin duda exitoso, mientras dejaba que del lamentable pasado se hiciera cargo el kirchnerismo. Distribuyó roles y se asignó el de la esperanza. No hace falta señalar que al estar dominado por el kirchnerismo, el peronismo es funcional a esa estrategia.

 

Sergio Massa y Margarita Stolbizer suelen acusar a Macri de privilegiar al kirchnerismo como oposición, pero en los hechos el gobierno no necesita mover un dedo para lograr ese objetivo. Tal vez si lo hiciera, conocida la torpeza de sus `operadores' políticos, no resultaría raro que la ex presidenta perdiese terreno.

 

Son los peronistas que reclaman una renovación (Pichetto, Randazzo, Domínguez, Urtubey, etcétera) y saben que si no se produce va a una nueva derrota, los impotentes para terminar con la Cámpora. No tienen ni líder, ni candidatos que pueda desalojar a la ex presidenta de la preferencia de los que quieren votar contra Macri. Cerca del 20% de ese electorado está dispuesto a apoyarla.

 

Hay cada vez más indicios de las dificultades insalvables de una `renovación' peronista. Hace una semana cualquier intento de rebelión en el distrito clave, la provincia de Buenos Aires, fue abortado con la presencia de Máximo Kirchner en San Vicente, donde consiguió que intendentes como Martín Insaurralde cantaran la marchita a su lado. Felipe Solá, un sobreviviente nato que pasó por todas las capillas peronistas, decidió mudarse a la ciudad de Buenos Aires. Parece seguro de que no hay Papa que salve al PJ bonaerense si lo comandan los ultra K refugiados en La Matanza.

 

El problema, en resumen, es que ningún `renovador' puede ganarle las PASO a la ex presidenta. O puesto en otras palabras, el problema es que el macrismo tiene un parto muy difícil, pero el kirchnerismo todavía no murió.­ 

 

Sergio Crivelli

Visto 58 veces Modificado por última vez en Sábado, 11 Marzo 2017 16:27

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