Lunes, 13 Marzo 2017 00:00

Sacar el peronismo a la calle sólo benefició a los ultras

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El aparato sindical fue desbordado por el kirchnerismo y la izquierda. La posibilidad de una "renovación" peronista es cada vez más tenue. ¿Randazzo duda entre arreglar o no con Cristina?

 

Con un gobierno en minoría tanto en el Congreso como en la Justicia, el papel de un peronismo hegemónico es clave. Porque además de controlar la mayoría de las provincias, intendencias y todo otro enclave de poder estatal, también domina poderes "de facto" como el sindical y el de las organizaciones piqueteras que con el inicio de la campaña electoral resolvieron salir a la calle para exhibir su poderío.

 

El peronismo había estado paralizado desde fin de año, lo que trajo alivio a Mauricio Macri. Pero se puso en marcha la semana última para copar la calle y paradójicamente esa decisión terminó convirtiéndose en otro alivio para el gobierno, porque dejó expuesta una imagen caótica de su adversario de mayor riesgo.

 

La populosa movilización de la CGT terminó con golpes, corridas y la conducción de la central obrera en fuga del palco que terminó en manos de los violentos.

 

Los desbordes no significan una novedad en los actos peronistas, pero en este caso reflejaron con exactitud las circunstancias en que se está desarrollando la interna partidaria. Los "moderados", los que buscan al mismo tiempo un modo de convivencia con el gobierno y una "renovación" que permita revertir la derrota de 2015 llevando a las elecciones de octubre candidatos con posibilidades de competir, fueron superados por los sectores más duros, los que buscan el colapso del gobierno: los sindicatos de empleados públicos y el kirchnerismo.

 

En este marco también debe ser puesta la huelga docente que paralizó las escuelas en la provincia de Buenos Aires. El sindicalista Baradel quiere paritarias nacionales para fortalecer a los gremios que quedaron debilitados por las negociaciones por distrito. Su objetivo es político, no reivindicativo, de allí la dureza de su enfrentamiento con la gobernadora María Eugenia Vidal y la importancia de cómo termine.

 

El caos y la violencia peronistas son música para los oidos de Macri. Con la economía en veremos, las expectativas favorables en descenso y una baja sensible en las encuestas, las únicas buenas noticias que recibe provienen de sus adversarios, especialmente los kirchneristas. Por el actual camino todo se acomoda a lo que sería una solución para él: la repetición del escenario que lo llevó a la Casa Rosada en 2015. Como se dice en estas situaciones sólo tiene que hacer la plancha y minimizar errores.

 

En buena medida este diagnóstico es compartido por los peronistas que habían apostado al fin del kirchnerismo. Aunque ya abandonaron la idea de continuar colaborando con Macri, ven como la ex presidenta con su estrategia confrontativa barre con los tibios. Los líderes de la CGT, dos de los cuales responder al "renovador" Sergio Massa, fueron corridos del palco al grito "pone fecha al paro", etcétera, etcétera. Que le pongan fecha en los próximos días sería otra prueba de debilidad.

 

El declive de las expectativas puestas en Massa es mayor que el declive de las expectativas que los votantes independientes habían puesto en Macri. La consolidación de la ex presidenta y la polarización en curso han arrinconado al ex intendente de Tigre. Es cierto que su militancia del oportunismo también lo desgastó, pero cometió errores forzados por circunstancias que no maneja.

 

En este panorama se acentúa la falta de reacción de la dirigencia con poder territorial. No hay ni gobernadores, ni dirigentes con proyección nacional que disputen el liderazgo a CFK, un hecho sin antecedentes en la historia del peronismo. Por eso es engañoso creer que los embates contra el gobierno responden a los mismos reflejos desestabilizadores de siempre. Puede ser que el kirchnerismo quiera ver a Macri irse en helicóptero, pero en el peronismo hay una crisis no resuelta que conspira contra ese objetivo. Y para resolverla no hay un Cafiero como en 1985.

 

A lo que se debe sumar que el peronismo bonaerense fue decapitado por los Kirchner y nunca se recuperó. La esperanza de una candidatura como la de Florencio Randazzo tampoco despeja el panorama. Los intendentes que esperan que compita contra Cambiemos en octubre reconocen no estar seguros de sí en la interna irá en contra o en alianza con la ex presidenta.

 

Son los mismos intendentes que hablan "off the record" de la necesidad de renovación, pero que presionados por las circunstancias terminaron cantando la marcha peronista en San Vicente hace 15 días abrazados a Máximo Kirchner.

 

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