Lunes, 13 Marzo 2017 00:00

Macri: quien no esté convencido, que renuncie

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Crispado. En la reunión de gabinete ampliado, el Presidente exigió a sus funcionarios apoyo con convicción. Hubo disculpas para Dietrich y reto a Quintana.

 

“Señores, acá falta convicción, hay que salir a apoyar. Y si alguno no está muy convencido, es sencillo, ahí está el papelito”. Agitó la mano para darle significación al mensaje: el papelito es la renuncia.

 

Este tramo de la ronda de gabinete del martes, una rentreé de temporada después del viaje a España y los resbalones del verano (correos, jubilaciones, aviones) fue el más crispado que recuerden los habituales de los gabinetes amplios de Mauricio Macri.

 

Asisten allí ministros, secretarios, jefes legislativos y aliados sin chapa, pero con voto, como el resonante Ernesto Sanz, que venía de la cumbre socialista de Cartagena de Indias, donde se ungió a uno de los estrategas máximos de la campaña de 2015, Jesús Rodríguez, como vicepresidente de la internacional. Un premio que aquí no le han dado a este auditor que imaginó, con muy pocos otros, la integración del partido del Ballotage que lo hizo a Macri presidente.

 

La frase, hiriente para algunos que bajaron la cabeza, cerró un largo debate sobre los barquinazos del último mes y la amenaza que se venía de una calle descontrolada por marchas sindicales, docentes, femeninas y patrióticas –como la que recorrió el jueves el centro porteño, organizada por los veteranos de Malvinas y que fue a protestar a la Cancillería contra la fantasía de una apertura pro inglesa del Gobierno, que sólo han visto ellos–.

 

La reunión del martes será recordada también porque por primera vez se habló de política; estos concilios en realidad no son debates entre ministros sino informes de gestión en los cuales los funcionarios rinden examen ante Macri y sus “ojos” (Marcos Peña, Mario Quintana –este con un ojo morado, si es creíble que Mauricio le propinó un reto memorable, e inusual – y Gustavo Lopetegui).

 

“Mi deber es cuidar este gobierno”

 

La caída del Gobierno y de la persona del presidente en las encuestas que miden prestigio puso de nuevo sobre la mesa el síndrome de “qué mal se informa” y la necesidad de que haya funcionarios que salgan a defender al Gobierno. Del otro lado de la mesa responden que la tibieza en la respuesta es porque quienes deberían ejercer esa defensa se enteran de los asuntos por los diarios y están fuera de la mesa de las decisiones.

 

Macri ejerce una vigilancia sobre lo que los medios dicen y hacen sobre el Gobierno, en particular lo que sale por las pantallas.

 

Suele madrugar con mensajes de texto y whatsapps a horas insólitas e insomnes, para felicitar a quienes se destacan en la pelea dialéctica. Estos suelen ser hombres del ala política, es decir, del sector del Gobierno que más participación demanda en las decisiones y que más critica a la mesa de los CEO.

 

Macri vive encantado por la verba de Mario Negri –de quien un adversario como Jorge Capitanich ha dicho que debería recibir el Premio Nobel a la política por sus destrezas como jefe del bloque en Diputados–- y con las intervenciones bizarras y desconcertantes de Emilio Monzó.

 

“Disculpas, Guillo”

 

En esa reunión se preparó el anuncio que haría horas más tarde Guillermo Dietrich de la autorización a líneas aéreas de alto y de bajo costo para operar en el país. Macri interrumpió el informe para decir en voz alta: “Quiero pedirle disculpas al ministro Dietrich por todo lo que ha trabajado en lo de la apertura aérea, pero vamos a suspender lo de Avianca”.

 

Estuviera arreglado el diálogo, o no, “Guillo” respondió que la gente de Avianca estaba furiosa porque hasta había comprado aviones para entrar en el negocio.

 

El presidente le replicó: “Mi principal deber es cuidar este gobierno, y voy a tomar las decisiones que sean necesarias para que todo tenga total transparencia y que no haya ninguna crítica por eso”.

 

¿No pudo el Gobierno haber adelantado esa suspensión y no dejar que se anunciase junto con las demás medidas de apertura, ensuciando un mensaje positivo? Quizás, pero recién esta semana el Gobierno se enteró de que competidores de Avianca habían comprometido a un estudio jurídico de los grandes de la Capital Federal para emprender acciones contra esa autorización, y que hasta habían puesto los papeles en manos de uno de los más acreditados denunciantes de la política criolla.

 

Cañonazos

 

“Guillo” se acomodó para politizar el debate. “Pregunto: ¿Randazzo es la renovación? Tengo una carpeta así –y alzó la mano– sobre lo que hizo con los trenes. Encontramos sobreprecios de más del 50%”. Algunos sonrieron, confiados en la carga política de esa reflexión. Algún otro se quiso tirar debajo de la mesa, porque sabe que los trenes chinos del anterior gobierno también pueden llevar a una terminal envenenada del pasado presidencial.

 

Negri, allí presente, se mordió los labios; es el autor de la frase “No conozco a Franco Macri, pero el que le puso el primer kimono a la ex presidenta para que conozca Oriente fue él”. Lo dijo en la bicameral de la AGN y le costó la segunda denuncia por misoginia en menos de un año. Se la propinó la “cuñadísima” Virginia García (lo es de Máximo Kirchner) y Negri ha prometido demandarla hasta el final de sus días. La anterior acusación de misoginia se la había hecho la diputada chaqueña Sandra Mendoza (ex Capitanich) en una sesión de diputados. Pero ese entuerto debe haber prescripto, por lo menos para quienes se enteraron de la conversación por teléfono que mantuvo la diputada con el cacique radical en la noche del miércoles. Los puso en línea nada menos de Elisa Carrió, que esa noche dedicó la cena a celebrar a las mujeres en su día, en la persona de un grupo de chaqueñas. Se ha formado una pareja.

 

Carrió cruda: “Casi voltean al Gobierno”

 

El reclamo de mayor convicción en la pelea callejera y la oferta de renuncia a los tibios dio también para las bromas. Por ejemplo, cuál es el tipo humano predilecto del presidente. O, por el contrario, el tipo que no le gusta. Respuesta de quienes más lo conocen: no le gustan los gordos ni los barbudos. ¿Arriesga su puesto Marcos Peña dejándose la chivita? A Susana Malcorra no le va a crecer barba pero arriesga posiciones por el sobrepeso, como Pablo Avelluto, que une las dos discapacidades (es grueso y barbudo). Resiste Lopetegui, pero es uno de los ojos del presidente. Sobre tontudeces de gabinete, en la sobremesa de la reunión de gabinete se oyeron detalles de la dura lección de política que les había dado Elisa Carrió a Peña y a Quintana, el sábado anterior en su casa de Encarnación de la Cruz.

 

En un momento le diría Lilita a Marcos: “Vos no debiste ser jefe de gabinete. Con seis meses más así, nos quedamos sin presidente”.

 

Hubo también para Quintana: “¿Estás aprendiendo? Con la última, lo de las jubilaciones, casi voltean al Gobierno”. Estos chispazos animan el temor que inspira la jefa de la Coalición, que insiste en el “plan Heidi” (repetir La Bella y la Bestia de 2015) con Carolina Stanley o Gladys González a primera senadora y un Emilio Monzó de segundo.

 

Monzó sonríe cuando le hablan de dejar nada menos que la presidencia de la Cámara de Diputados por una banca, pero le responden que son seis años de banca, y el blanqueo de su rol principal: es el interlocutor real del peronismo en el Congreso, porque se encarga de negociar con Miguel Pichetto los temas del propio Senado. Gabriela Michetti y Federico Pinedo aparecen después para poner el moño, pero Monzó es quien hace las costuritas.

 

Vaquié: nace una estrella

 

La mención de Florencio Randazzo conmovió a otra mesa, que sesionó el mismo martes por la tarde, y que integran el núcleo político de Cambiemos (Marcos Peña, Rogelio Frigerio, Emilio Monzó, Negri, Sanz, Ángel Rozas), que también hizo su rentreé después de las vacaciones.

 

Confirmaron para el viernes de la semana que se inicia una cumbre con los jefes de Cambiemos en todos los distritos para describir el panorama de cada distrito.

 

Un sector del Gobierno quiere dejarlo correr a Randazzo porque divide a la oposición en Buenos Aires y facilita las cosas para el oficialismo. Otros quieren fulminarlo, porque al dejarlo correr, arrincona a Cristina de Kirchner.

 

La respuesta de los otros es que, si Cristina es candidata, vuelca adhesiones del peronismo hacia Sergio Massa, que puede recuperarse de su caída.

 

Los dilemas de esa mesa se agrandan a medida que se acercan a otros distritos. Estuvo de moda esta semana Mendoza, que pone al nuevo vicepresidente del Banco Nación, Enrique Vaquié, ministro estrella del radical Alfredo Cornejo. Se viene enojado porque éste quiere una reforma para reelegir en 2019 y él se consideraba el sucesor en una provincia que no tiene reelección.

 

Hace dos meses pidió a los amigos radicales que le buscasen algo en la Nación. Javier González Fraga, que lo conoce de hace tiempo, lo pidió para reemplazar a Enrique Szewach, un resto arqueológico que había quedado de la era Melconián.

 

Macri le había prometido a éste que le respetaría al equipo durante algunos meses, pero González Fraga se enfermó y mientras estaba en cama, reponiéndose, esos hombres reprobaron en la prueba de fidelidad, y comenzaron a ocupar espacios amparados en la ausencia del jefe.

 

Por eso Macri los fulminó y coronó a Vaquié, que brilló ya en la gobernación de Roberto Iglesias (1999-2003). Fue del equipo que impidió que el bono Aconcagua defaultease y emprendió una renegociación exitosa que inspiró a la que hizo después Roberto Lavagna. Vaquié dará que hablar porque el irresistible ascenso de este economista radical no se detendrá en el cargo que asume esta semana. 

 


Ignacio Zuleta

Twitter:@IZuleta 

 

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