Martes, 14 Marzo 2017 00:00

Macri en medio de tres frentes

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El oficialismo apeló a una respuesta estandarizada para defenderse en los últimos días: “Comenzó la campaña”.

 

El oficialismo apeló a una respuesta estandarizada para defenderse en los tres frentes de conflicto que se profundizaron en los últimos días. “Comenzó la campaña”, repitieron ante la movilización de la CGT, el paro docente y los reclamos de los movimientos sociales. La reacción de la Casa Rosada conlleva un enorme riesgo: que crea su propio discurso.

El escándalo que protagonizó el martes la CGT le dio brillo a la explicación de Cambiemos. Las internas del peronismo quedaron a la vista sobre el escenario de la movilización al Ministerio de la Producción: primero, la nueva dirigencia de la central obrera no pudo ocultar su propia incomodidad con la protesta que lideraban, y luego, los grupos que coparon las tablas desnudaron que las facciones electorales pueden más que “la unidad de los trabajadores”.

Unas trompadas y algunos empujones más tarde, el kirchnerismo y la izquierda clasista le arrebataban un paro general a un triunvirato que se debate entre canalizar el enojo de las bases y encajar en la estrategia electoral de su sector político, el Frente Renovador de Sergio Massa y el peronismo bonaerense que se despegó de los Kirchner.

A desgano, y conscientes de que harán un paro que otros capitalizarán, los jefes sindicales endurecieron su posición frente al Ejecutivo pero temen que la situación empeore. Si bien coinciden con el Gobierno en responsabilizar al sector empresario por los despidos, también tomaron nota de la respuesta que dio la UIA horas después de la protesta. Los sectores más castigados de la producción y el comercio están más cerca del despido que del aumento salarial o de la contratación de nuevos trabajadores.

No hay peor techo para la paritaria salarial que la amenaza del cierre de puestos de trabajo. La advertencia de los empleadores juega a favor de la propuesta oficial de cerrar aumentos en torno al 18 por ciento, pero aleja a los trabajadores de la promesa del ministro Nicolás Dujovne, que indica que la recesión ya terminó.

Después de repetir durante meses que el impacto de las importaciones fue menor, los ministros de Trabajo, Producción y Hacienda se pusieron a elaborar junto a los sindicatos y las cámaras empresariales afectadas un plan para defender el empleo nacional. Lejos del ruido de los bombos, esas negociaciones mantienen abierto y aceitado el vínculo entre la CGT y el Gobierno.

Si bien es el más ruidoso de los frentes, el sindical de la CGT es el que menos preocupa a la Casa Rosada. El paro docente de la provincia de Buenos Aires que ya lleva cuatro días y que se renovará esta semana tiene en vilo a Mauricio Macri y a María Eugenia Vidal.

En Cambiemos acusan a los docentes de pretender nacionalizar el conflicto con un fin netamente electoral, pero en la provincia ya evalúan reasignar partidas para mejorar la oferta salarial. La estrategia “anti Baradel” ya se choca con el cansancio de las familias que no tienen dónde dejar a sus hijos en horario escolar.

No solo eso. En Balcarce 50, tanto como la dimensión de la protesta de la CGT impactó la marcha de los docentes del día anterior. “Eso no es Baradel y su poder de convocatoria. Fue un llamado de atención de los sectores medios”, analizó un funcionario de la primera línea nacional.

Los gremios de la Educación reclaman la paritaria nacional. El Gobierno la rechaza: en mayo de 2016 firmó con los sindicatos un acta para garantizar que el sueldo básico supere en 20 por ciento al salario mínimo vital y móvil. Los maestros afirman que sin paritaria se viola la Ley de Financiamiento Educativo.

Lo cierto es que esa norma no prevé la convocatoria anual a la mesa de negociación paritaria, sino que establece que el Ministerio de Educación junto a las provincias y los docentes “acordarán un convenio marco que incluirá pautas generales referidas salario mínimo docente”.

En los hechos, el piso que garantizó el acta de mayo es más de lo que firmaron los mismos sindicatos en la última paritaria del kirchnerismo, en 2015. En ese momento acordaron que el maestro de grado sin antigüedad ganaría 5.345 pesos, 314 pesos menos de lo que hubiesen cobrado si al salario mínimo de entonces (4.716 pesos) le sumaban 20 por ciento.

Pero la estrategia del ministro Esteban Bullrich, lejos de eliminar una fuente anual de conflicto, empeoró el escenario: desplazados de la mesa de negociación, los gremios nacionales de la Educación quieren recuperar poder de fuego y de paso subirle el piso a los gobernadores.

El tercer frente de conflictos, quizá el más silencioso, es el que más preocupa el Ejecutivo. Los reclamos de los movimientos de trabajadores de la economía popular expresan la profundización de la crisis social y le ofrece a la CGT y a los docentes los argumentos centrales para sostener sus propias exigencias.

En medio del paro docente, de la marcha de la CGT, del anuncio por parte del Indec de la inflación de febrero, a través del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, la Iglesia difundió los datos actualizados de pobreza. Fue un mensaje directo: la Conferencia Episcopal le reclamó al Gobierno que preste atención a los reclamos, que son una expresión de la exclusión, que crece.

El presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, Jorge Lozano, lo dijo con todas las palabras: advirtió que hubo decisiones de la gestión de Mauricio Macri que "beneficiaron a unos pocos y perjudicaron a muchos".

Antes de conocer el documento de la Iglesia, el gobierno se apuró a publicar la reglamentación de la Ley de Emergencia Social, a casi tres meses de su sanción. El mensaje de los obispos es claro: piden que se implemente ya la posibilidad de complementar el salario informal de un trabajador con los programas que prevé la ley acordada con los movimientos sociales.

La Corriente Clasista y Combativa, el Movimiento Evita y Barrios de Pié, con el apoyo del Papa Francisco tironean a la CGT para profundizar las medidas de fuerza hasta arrebatarle a Macri los fondos que se necesitan para implementar la Emergencia. Esta semana harán su propio acto en la Plaza de Mayo. Con o sin pretensiones electorales, es la contracara de la promesa de la “Pobreza Cero”.

La foto feliz de la semana la tuvo Macri en Expoagro, donde fue ovacionado. El complejo agroindustrial vive en un país paralelo. Sin decirlo, de esa postal se quejó la Iglesia: el esfuerzo fiscal que representó la eliminación de las retenciones para el campo, no sólo que aún no representó beneficios para la población urbana sino que son los sectores más vulnerables los que la están financiando.

Macri puede acusar a monseñor Lozano de tener pretensiones electorales. Su antecesora es probable que le hubiese recomendado armar un partido político y presentarse a elecciones. O puede hacer otra cosa. No se trata de enfrentar un discurso electoral, sino de atender la urgencia. 

Damián Glanz

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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