Domingo, 19 Marzo 2017 00:00

Macri y Vidal, en la línea de fuego

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En la pulseada con los gremios docentes Macri y Vidal tienen mucho para perder. Pero también mucho para ganar.

 

Levanta presión María Eugenia Vidal. “¿Sabés cuántas paritarias firmó Baradel? Trece. Doce de ellas durante el kirchnerismo. ¿Sabés cuántas firmé yo? Una. ¿Me podés explicar quién es más responsable de que los maestros estén bajo la línea de pobreza, como él dice?”.

Arremete la gobernadora, convencida de que el jefe de SUTEBA no tiene interés en llegar hoy a un acuerdo salarial sino que sólo busca estirar el conflicto docente todo lo posible. No hay motivación gremial sino una estrategia de desgaste y desestabilización, asegura. Es lo que piensa y dice el oficialismo, del presidente Mauricio Macri para abajo.

Claro que, quizás asustados por las derivaciones posibles, varios influyentes en el Gobierno preferirían buscarle una salida rápida y suave al conflicto. Pero Vidal habla de la necesidad de debilitar al frente opositor que usa como mascarón de proa el conflicto docente. “Si el desafío es político hay que contestar con política” dice. Los apoyos que la larga huelga recibió de parte de Cristina Kirchner, Milagro Sala, la cadena nacional de medios K y los dirigentes de La Cámpora, sostienen fácilmente su tesis.

Además de su pública, libre y legítima adhesión al kirchnerismo, Roberto Baradel juega cuestiones personales en esta pelea. Tiene elecciones de su gremio en mayo y lo acecha la lista Multicolor, liderada por dirigente Romina Del Plá, cuadro del trotskista Partido Obrero. La izquierda ya le ganó a Baradel nueve seccionales, entre ellas varias de las más grandes: La Matanza, de donde es Del Plá; La Plata, de donde viene Baradel; y también Quilmes, Berazategui, Bahía Blanca, Ensenada, Escobar, Tigre y Marcos Paz. Ahora van por todo el gremio.

Baradel apunta más alto: ganar este conflicto contra la Provincia y ratificarse como jefe de su sindicato lo catapultarían al liderazgo de la CTA unificada, que debe buscar una nueva conducción superadora de las parcialidades que hoy expresan el ultra K Hugo Yasky y Pablo Micheli. Son demasiadas cosas en juego para que el caudillo gremial de los docentes se baje del escenario antes de que todo eso se defina.

Frente a esta realidad, y con la perspectiva de saltar de la sartén al fuego si la lista de izquierda gana el mayor gremio docente de la Provincia, Vidal eligió el camino difícil. Levantó el tono del enfrentamiento argumental con los sindicalistas que tienen a la mitad de los alumnos de escuelas públicas bonaerenses sin clases; presionó sobre las organizaciones gremiales más propensas al diálogo para normalizar la situación; y anunció un adelanto de $ 1.500 y un reconocimiento extra de $ 1.000 a los maestros que no adhirieron al paro, lo que provocó una conmoción profunda en las bases, a favor y también en contra.

La apuesta es riesgosa. Si insiste en sostener firme la pulseada Vidal tiene mucho para perder. Pero también mucho para ganar.

La Gobernadora habla todos los días con Macri. Si no se ven, en Olivos o la Casa Rosada, se comunican por teléfono o a través de mensajes en Whastapp. Atrapados en la línea de fuego, la decisión de presentar batalla abierta abandonando mientras sea necesario la política de buenos modales y forzada tolerancia, es una decisión que ambos tomaron de común acuerdo.

Macri y Vidal parecen así decididos a defenderse políticamente con las herramientas que reclama el momento, aunque esas herramientas no estén en el catálogo original del PRO. Lo anticipó el jueves último en Clarín un artículo revelador de Santiago Fioriti titulado “La revolución de la alegría puede esperar”.

De hecho el Presidente ya había levantado el tono, más en las formas que en lo sustancial, durante su mensaje al Congreso el 1° de marzo. Transmitió ese día voluntad de combatir.

Lo hizo como réplica al avance de la oposición más dura, que había aprovechado muy bien un trípode de ventajas circunstanciales. Lo conformaron la demora en el repunte de la economía que extiende la penuria social: el crecimiento de la conflictividad sindical expresado en el acto de la CGT y ahora en su llamado al paro el 6 de abril; y la sucesión de errores de política y gestión del Gobierno que tuvieron su punto culminante en el desastre de la deuda del Correo, que fisuró el blindaje de transparencia con que Macri pretendió protegerse desde el primer día.

¿Hay halcones y palomas en el Gobierno? Suena algo exagerado, tomando en cuenta los hábitos calmos tradicionales en el PRO. Pero lo que hay es una línea de diferenciación entre quienes creen que la gestión está bien encaminada y que las buenas noticias llegarán irremediablemente para cambiar el humor social; y los que entienden que sin una acción política enérgica sólo les espera hundirse bajo el agobio socioeconómico y el acoso político.

Un punto en discusión, ante la extensión del conflicto con los sindicatos docentes, es la conveniencia de seguir sin llamar a una paritaria nacional con CTERA. Esa postura es sostenida por 20 de los 24 gobernadores provinciales. Solamente 5 son de Cambiemos, el resto son opositores y en amplia mayoría peronistas. Los gobernadores no quieren que un acuerdo entre gremios y Gobierno les deje establecido un piso alto de discusión salarial posterior a las provincias, que son las que pagan los sueldos a los maestros.

Curioso: todos le piden al Gobierno que no afloje pero ningún gobernador opositor lo hace público. Vidal se lo señaló esta semana al peronista de Córdoba, Juan Schiaretti, y al socialista de Santa Fe, Miguel Lifschitz. Les pidió que salgan a defender lo que apoyan en privado. Encontró mucha comprensión. Pero al final la única que habló de la postura generalizada de las provincias fue ella misma.

Igual, el pánico mayor en el gabinete de Vidal es que el Gobierno, agobiado por la suma de presiones, termine cediendo a ese reclamo sindical y llame a una paritaria nacional. Sería un retroceso político fuerte. Una derrota. Aunque confían en que Macri neutralizará cualquier intento en esa dirección.

Apuntan que la línea directriz es muy clara. Macri, Vidal y en esa misma sintonía el jefe de Gabinete, Marcos Peña, fueron muy explícitos durante la última semana. Señalaron a Cristina y al kirchnerismo como responsables de la ofensiva política ejecutada a través del gremialismo docente y estatal; con el propósito de hacer retroceder al Gobierno y proteger desde la política la endeble situación judicial de la ex Presidenta por las causas de corrupción.

Visto así, el escenario de la polarización electoral con Cristina parece servido. Pero en el Gobierno también esto, que parecía una decisión tomada, está siendo puesto en cuestión.

¿Conviene polarizar hasta el punto de señalarle a la sociedad quién podría canalizar mejor un eventual voto castigo en octubre?

¿O ante un horizonte mucho más complicado que lo que se esperaba conviene jugar a la fragmentación opositora?

Todos los presupuestos de cara a la próxima elección están hoy en debate. Si en la sociedad se instala la decisión de castigar a un gobierno, el vehículo para expresar esa voluntad siempre aparece. Por sus acciones recientes, públicas y puertas adentro, parece evidente que Macri ha tomado nota del delicado equilibrio en que se encuentra su administración.

¿Traerá esto cambios de fondo en la gestión y los encargados de ejecutarla, o dominará el instinto de conservación, aferrándose al esquema y las personas que se pensaron ideales en el comienzo del recorrido en el poder?

Los que conocen al Presidente, y hay varios funcionarios importantes que están a su lado desde el lejano primer día en la gestión de la Ciudad, sostienen que Macri nunca temió cambiar cuando tropezó con obstáculos iniciales, ni en su paso por Boca ni en el gobierno porteño. Claro que la escala y la complejidad de gobernar el país desaconsejan las predicciones automáticas.

Quienes han participado de discusiones ardorosas con la gobernadora Vidal le escucharon decir que “nuestra épica no puede ser el equilibrio fiscal”, un objetivo al que debe apuntarse como cuestión estructural –sostiene- pero “sin necesidad de estar diciéndolo todo el tiempo”.

En cambio, propone retomar lo que llama el discurso de la transformación; superador del mensaje de contención social, restauración institucional y corrección en las distorsiones económicas que impregnó el primer año de gobierno.

En algún cruce ardoroso ella preguntó: “¿Me quieren decir para que llegamos al poder si al final vamos a dejar todo como estaba?”.

Todavía le deben la respuesta. 

Julio Blanck

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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