Jueves, 30 Marzo 2017 00:00

Macri, la fábula de los tres chanchitos y la fascinación por Casero

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El Gobierno y Vidal enfrentan varias tormentas. Se concentrarán en el Conurbano y en capitalizar la obra pública.

 

Es probable que Mauricio Macri no se encuentre entre quienes hacían y siguen haciendo un culto de Cha Cha Cha, aquella serie de mediados de la década del noventa, que cada tanto asoma en las discusiones sobre los contenidos que genera la industria televisiva: el programa fue levantado presuntamente por falta de rating, pese a que aún hoy se pontifica su humor surrealista y absurdo. Al parecer, el Presidente no estaba muy al tanto del currículum de Alfredo Casero, pero quedó impresionado por sus reflexiones sobre el rumbo del país, los conflictos piqueteros y la defensa de la institucionalidad. Varios funcionarios del área económica dan fe de haberlo visto fascinado con el actor: “Pero este tipo es increíble. ¿Lo vieron? ¿Vieron el nivel de adhesión que tiene con nosotros?”, cuentan que los sorprendió Macri antes del inicio de una reunión en la que se repasaron las variables de la economía.

Casero venía de dar entrevistas en Animales Sueltos y Código Político. El primer mandatario lo siguió desde la residencia de Olivos, poco antes de la medianoche. “Necesitamos muchos como él”, dijeron en su entorno cuando empezaron a trascender los elogios de Macri. Aunque tomaron distancia de la exagerada frase de Casero acerca de “defender a tiros si alguien quiere voltear al Presidente”, resaltaron su “compromiso republicano”. Los macristas que siguen las exposiciones en los medios creen que mucha gente -aun con disidencias puntuales, como las puede tener Casero- apoya determinadas iniciativas, pero no se anima a decirlo en público porque no son populares ni pensadas para el corto plazo.

Un asesor del Ejecutivo interpreta que esas ambivalencias de un sector de la sociedad tienen que ver con que la casa que está construyendo el Gobierno todavía no tiene bases sólidas. En el Gobierno cuentan que se puede trazar perfectamente una analogía con la fábula de Los tres chanchitos. Esto es: Macri aún no llegó a construir una casa de cemento, pero tampoco posee una de paja. Por ahora ha convivido en una casa de madera: suficiente para soportar vientos fuertes, como muchos de los que se han sucedido durante el año y tres meses de administración. Está por verse qué pasaría si sobreviene un huracán.

“Para solidificar la casa, el Gobierno necesita ganar las elecciones”, dicen en Balcarce 50. Es una frase que se escucha cada vez más en los pasillos. El propio Macri ha deslizado en sus viajes al exterior que el mundo terminará de confiar en la Argentina si hay certezas de que no habrá un nuevo cambio de rumbo. El convencimiento es tal que hasta María Eugenia Vidal tuvo que volver sobre sus pasos. El 1 de febrero había dicho que no era el fin del mundo perder las legislativas. Ayer cambió: “Por supuesto que es importante ganar esta elección”.

Vidal ha afirmado en charlas reservadas que para asegurar el éxito en octubre “hay muchas cosas para mejorar”. Y a diferencia de otras voces de peso en Cambiemos no piensa que haya que trabajar para polarizar o para evitar la polarización con el kirchnerismo. “La polarización ya está. Existe y punto”, asegura.

A la mandataria le preocupa la caída en las encuestas en distritos impensados, como Mar del Plata, donde está muy cuestionada la gestión del intendente Carlos Arroyo. Ni hablar de los bastiones del PJ en el Conurbano. La Matanza, Lomas de Zamora, Avellaneda y Moreno, entre otros. Le inquieta, particularmente, que son municipios donde se han comenzado obras públicas importantes, aunque con una salvedad: los intendentes se han movido rápido para sacar provecho. Desde luego: pasando por alto que se hacen con fondos ajenos. Cualquiera puede constatar, a la medianoche, una batalla para descolgar y colgar nueva cartelería que promociona la obra. El oficialismo apunta a punteros de Martín Insaurralde, el alcalde de Lomas, y de Verónica Magario, la intendente de La Matanza. Magario, que suena como postulante del kirchnerismo, suele criticar duro al macrismo, pero no come vidrio: la han visto caminar muchas veces por la zona de construcción del Metrobús, que financia la Nación, y que provocaría en los matanceros un efecto similar al que originó en los porteños.

“Con el peronismo enfrente no te podés dormir”, asumen los dirigentes que se mueven en el Conurbano. En la Rosada han tomado nota. El ministro del Interior, Rogelio Frigerio, estuvo el lunes en Lanús junto al intendente Néstor Grindetti y promete asistir en el inicio de cada semana a un lugar distinto del Conurbano. Lo mismo hará, los viernes, su segundo, Sebastián García de Luca. Y se espera que también se sumen los ministros más conocidos del Gabinete. “La idea es mostrar la presencia del Estado y transmitir que estamos haciendo mucho”, dicen. Junto a la presencia de buena parte del Gabinete lanzarán una campaña publicitaria fuerte.

En la tropa de quienes se alistan para alternar gestión con visitas al Conurbano ya alistan a Carolina Stanley, la cara de las negociaciones con los piqueteros, y a Esteban Bullrich. El ministro de Educación podría convertirse en el candidato a senador de Cambiemos. No era ni es el deseo de Macri -mucho menos el de Bullrich-, pero su nombre podría garantizar una interna en paz. Se evitaría un conflicto con Elisa Carrió -que reniega de Jorge Macri-, y a la vez se oiría la sugerencia de Jaime Durán Barba de marginar a la diputada de la contienda bonaerense. Para alumbrar a Bullrich, claro, tiene que haber antes un final feliz con los docentes. 

Santiago Fioriti

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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