Jueves, 06 Abril 2017 00:00

Todos unidos pararemos - Por Ricardo Roa

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La economía le da argumento a la CGT. Pero tanto o más le da argumento la política.

 

Estaba cantado que en algún momento la CGT iba a hacerle un paro a Macri. Hay una antigua cultura que la empuja, una situación económica y social que le da argumentos y una situación política y sindical que la ha puesto en apuros.

Está claro por donde se mire que la economía es el lado flaco de la gestión de Macri. Las estadísticas del INDEC dicen que cayó un 2,3% en 2016, con bajas notables del 11% en la construcción y del 5,7% en la industria, ambas grandes creadoras de empleo.

La apuesta del Gobierno es que este año repunte 3,5% y que el mayor salto lo pegue en el tercer trimestre cuando empiecen a dirimirse los tantos electorales. El optimismo es menor entre los especialistas.

En franco declive la inflación viene de cerrar con 41% anual, que según estimaciones privadas disparó una caída promedio del salario de seis puntos. Aún si retrocediese al 17% que promete la pauta oficial, recuperar la pérdida implicaría aumentos por encima de los deseos del Gobierno.

Hay acuerdos salariales en marcha y acuerdos salariales cerrados pero la CGT necesitaba pegar un golpe para descomprimir. No sólo para descomprimir. Necesita abroquelar adentro las fracciones que la integran y necesita responder afuera la presión de la CGT alternativa de los estatales y docentes de la CTA, que la corre todo el tiempo por izquierda con la complicidad de dirigentes de la propia CGT.

Decidió dar pruebas de vida al viejo estilo: mostrando la capacidad que aún tiene para paralizar al país y evitando el riesgo de una movilización como la que reclamaban el kirchnerismo y la izquierda, empeñados en el objetivo común de radicalizar la pelea en la calle contra el macrismo.

La derrota de Cristina en 2015 barrió a la CGT cristinista y alumbró una nueva por el acuerdo entre algunos de los grandes gremios que habían sido compañeros de ruta del metalúrgico Caló como UPCN, Construcción y Obras Sanitarias , y otros que habían sido marginados por Caló como Sanidad y Comercio y los Camioneros de Moyano.

La economía le da argumento a la CGT. Pero tanto o más argumento le da la política.

Las riendas quedaron en manos de un triunvirato que expresa a los ganadores políticos del 2015. Daer, diputado por el massismo, representa a los grandes sindicatos, Schmid a los del transporte que acompañaban a Moyano y Acuña al gastronómico Luis Barrionuevo, hoy con más peso mediático que sindical.

Esta nueva CGT incluye todas o casi todas las variantes del peronismo y necesita que todo el peronismo la vea como un referente inevitable. El triunvirato no es de tres: funciona dentro de una mesa a la que se sientan una decena de dirigentes. Lingeri, Rodríguez y Martínez que vienen jugando juntos desde los tiempos en que Ubaldini los llamó sus jóvenes brillantes. El inoxidable Cavalieri, los nuevos Frigerio de Cerveceros y Solá del Seguro además del veterano Amicone del Calzado y el metalúrgico Barba Gutiérrez, que hace su juego contra Caló acercándose a la CTA.

Por fuera operan otros peso pesados como el indescifrable Pablo Moyano o el también indescifrable bancario Palazzo, un ex radical que fue leal a Zanola y ahora es leal a Cristina. Otro inimputable es Viviani, que fue leal a Moyano y siempre es leal a sí mismo: cerca de Rodríguez Larreta en la ciudad mandó a volcar los taxis que trabajen. Tan raro como que junto a él jueguen gremios con la historia de Luz y Fuerza y Smata.

Así de claro y así de oscuro como el por qué hoy todos unidos pararán.

Ricardo Roa

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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