Miércoles, 19 Abril 2017 00:00

Leyes clave, política y mucha plata, en el camino hacia octubre - Por Alcadio Oña

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Ya cruzadas por la campaña electoral y de hecho por las propias elecciones de octubre, hay leyes clave que el macrismo necesita sancionar tanto en el Congreso Nacional como en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires. Con muchísima plata en juego, deben salir si no pronto inevitablemente antes de fin de año.

 

Un dato común a ambos espacios es que cualquiera sea el resultado del comicio, el oficialismo seguirá siendo minoría. Por añadidura, el que sigue dice que precisará el apoyo de otras fuerzas políticas o, sin vueltas, de aquellas que lo acompañaron durante el primer año en un lugar y en el otro: el Frente Renovador, el peronismo no K y los gobernadores.

Está descontado que el kirchnerismo duro, o sea, el cristinismo, operará en contra de cualquier proyecto y de cualquier cosa que sea útil a los planes de la Casa Rosada.

Desde el massismo y el PJ no K ya avisan que votarán aquellas leyes cruciales para “garantizar la gobernabilidad”, lo cual, avisan también, no implica discutirlas apresuradamente ni avalarlas por completo sin plantear divergencias fuertes.

En cualquier caso, el resultado de octubre o el de las preliminares de agosto moverán el fiel de la balanza. Aun cuando siga siendo minoría, es obvio que será mayor el poder de fuego del macrismo si cosecha una cantidad de votos considerable y luce triunfador y lo contrario, si pasa al revés.

Una de esas leyes clave común a la Nación y a Buenos Aires es el Presupuesto de 2018. Y como en su interior hay impuestos, gastos, reparto de partidas y prioridades no siempre compartidas, allí ya está garantizado el forcejeo parlamentario.

Por lo que vale rigurosamente para la Provincia, un frente de disputas pasa por el nivel de endeudamiento que se le autorizará a María Eugenia Vidal, ya recortado en el debate de 2016. Y uno más, por la también peleada partida de obras que irá a los municipios.

Metida dentro del mismo panorama aparece otra ley potente, que involucra al gobierno central y de corrido a los provinciales. Es la prórroga del llamado impuesto al cheque, que vence a fin de este año.

Nuevamente la puja va a ser sobre plata en cantidad y, encima, sobre cómo será distribuida. Medido por la recaudación, se trata del tercer gravamen en el ranking nacional y de un gravamen que el año pasado reportó nada menos que $ 131.670 millones, equivalentes a todo el presupuesto anual del Ministerio de Energía, con subsidios incluidos, y al doble del asignado a Interior y Obras Públicas.

En el reparto de los fondos salta otra manera de calcular la pulseada que habrá: según la ley vigente, jamás corregida durante la larga era kirchnerista, el 85% del monto que ingresa a la AFIP queda en la Nación y el módico 15% restante se reparte entre todas las provincias. En números del año pasado, $ 111.920 millones contra $ 19.750 millones. Cuánto perderá la Nación va a ser el punto.

Una controversia semejante asomará si el macrismo intenta avanzar con alguna reforma impositiva amplia. Un año electoral no parece el mejor momento para dar un debate así y, además, el proyecto oficial aún está demasiado verde.

Lo que existe y va en aumento, es el áspero juego de posiciones que se ha desatado entre el macrismo y sus supuestos aliados, el Frente Renovador y el PJ no cristinista. “Quieren someternos a una polarización que no es nuestra sino de otros y vamos a disputarles esa estrategia en todos los terrenos”, dicen desde el arco opositor.

Advierten que al menos en Buenos Aires se dirime una partida de tercios y que irán por el tercio que, según dicen, les toca a ellos. Además, dudan que una polarización pertinaz y llevada a los extremos no termine por cansar a la sociedad.

Allí mismo está discutiéndose hoy la rebaja de Ingresos Brutos para los créditos inmobiliarios, que pide el gobierno nacional y Vidal apoya. “La carga impositiva es enorme en toda la línea, pero debemos considerar también de dónde saldrán los recursos que sean resignados”, afirman diputados del massismo.

Y agregan: “Estamos dispuestos a acompañar, aunque hablamos de un impuesto que significa el 72% de la recaudación propia y a esta altura casi la mitad de todos los ingresos de la Provincia. Que carguen con el costo de tapar el agujero fiscal”.

Entre controversias ya en marcha y unas cuantas en lista de espera, suena a bien probable que la actividad parlamentaria y las grandes leyes aguarden hasta después de las elecciones. Apuestas políticas a un lado y al otro, ese paréntesis parece un dato hasta aceptado por el macrismo, así insista con proyectos como el de convertir al mercado de capitales en fuente de créditos para las pymes.

En el mientras tanto, cada uno saca cuentas. El Gobierno, empujando la idea de asimilar toda la oposición peronista al pasado y de presentarse igual a la opción por el futuro. Desde el massismo y el PJ no cristinista van adelante con la idea de que no existe una sociedad divida en dos sino una sociedad que piensa en alternativas: “Nos han puesto a confrontar y eso haremos”, dicen.

Pero si de leyes clave se trata, habrá que tomarles la palabra en aquello de que “garantizarán la gobernabilidad”. Y también computar eso de que “nos necesitan”.

Presupuestos de 2018, prórroga y reparto del impuesto al cheque, más otros proyectos fuertes se cruzan en la Nación y en la Provincia. 

Alcadio Oña

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