Miércoles, 19 Abril 2017 00:00

Elisa Carrió, en el medio de la hoguera de las vanidades de la corrupción - Por Carlos Pagni

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La relación histórica entre la diputada, una de las artífices de Cambiemos, y el monje Girolamo Savonarola que combatió a lo más sucio de la política en el Renacimiento.

 

Un personaje del Renacimiento tiene algo de actualidad por estos días. Girolamo Savonarola era un monje dominico que vivía en Florencia y que fue consejero de Lorenzo de Médici, gran protector de los artistas de esa época. Estaba ensañado con el tema de la corrupción en una época donde explotaba por todos lados esa problemática.

Savonarola proponía que se quemen los objetos ligados a la frivolidad y al lujo en hogueras que se hicieron populares como "hogueras de la vanidades". Allí lanzaban los elementos de los nobles como espejos, cosméticos, perfumes, entre otros. Pero también se mandó a incendiar ejemplares del Decamerón, e Inclusive pintores como Botticelli llegaron a quemar obras de arte. El monje pidió la destitución de Piero Di Medici y se enfrentó al Papa Alejandro VI, el Papa Borgia. Ese enfrentamiento lo superó: el 23 de mayo de 1498 murió en una hoguera.

Suele haber momentos en la historia donde prosperan quienes promueven esa hoguera. Elisa Carrió se transformó hoy en una de las figuras más importantes de la política. En la Ciudad mide 61 por ciento su figura. Junto con María Eugenia Vidal, está en el podio de los más prestigiosos.

¿Por qué? Hay que ver el contexto para entender por qué alguien tan parecido a Savonarola es revalorizado por una sociedad que en 2011 le dio vuelta la cara. Macri llega al poder porque miles de personas en la provincia de Buenos Aires cortaron boleta y votaron contra alguien que creían que era La Morsa. Fue un mandato moral: votaron para que descoloque, desacople y desvincule el delito del poder. Hay un 30 por ciento que dice que volvería a votar a Macri, aunque no haya logros económicos.

En este clima prospera Carrió. Primero fue contra Nicolás Caputo, exsocio del Presidente. Macri miró para un costado. Después fue contra Angelici, también cercano al mandatario. Macri volvió a no decir nada. Ahora fue contra Ricardo Lorenzetti, el presidente de la Corte. El jefe de Estado acá no tenía opción. Tiene que decir que no tiene nada que ver.

Carrió cambia la lógica de la política argentina. Ya no son denuncias del pasado, sino que habla del presente. Ya no va a los medios. Ahora fue al Congreso, donde pidió juicio político. De esta forma, obliga a los bloques del oficialismo a decir si la apoyan o no. Su última manifestación fue en la mesa de Mirtha Legrand. Allí dijo que se sentía sola con respecto de Macri. Al otro día, el Presidente declaró que respaldaba a Carrió, luego de que se le abriera una causa judicial atribuida a Lorenzetti.

El problema de Carrió con Macri es que ella, con estridencias, está armando una agenda que demanda la sociedad por la que se votó en 2015. ¿Por qué sube el valor de Carrió? Porque la agenda del Gobierno es muy difusa. No está tan clara su forma con respecto a la lucha contra corrupción y la impunidad. Sobre todo en la Justicia.

Da la impresión es que dependemos siempre de los Savonarolas para luchar contra la corrupción. Hay que recordar que el monje fue quemado en la hoguera. 

Carlos Pagni

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