Domingo, 30 Abril 2017 00:00

Discretas carnicerías en el peronismo - Por Julio Blanck

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Dirigentes K dicen que con Cristina pierden votos. Hay una jugada para vaciar a Randazzo. Y Massa busca despolarizar.

 

Dirigentes kirchneristas que aumentan la presión para armar la “unidad con todos” en la provincia de Buenos Aires, aseguran que si Cristina es candidata y la polarización se extrema, perderían al menos 5 puntos en la elección por el extendido rechazo a La Jefa. Y dicen que si ella no es candidata, pero el resto del peronismo va unido, subirían el rendimiento electoral y le ganarían al Gobierno. No es la letra del Evangelio apócrifo de los ultra K. Pero se escuchó en estos días.

Peronistas anti K dicen que esta versión intenta construirle a Cristina un camino de grandeza para alejarse de la candidatura. En sus encuestas la tienen con más del 25% de intención de voto en la Provincia y con picos de arriba del 40% en zonas del GBA. Nadie se baja de antemano midiendo así, sostienen. Por cierto, ella carga con demasiados problemas en la Justicia y demasiada imagen negativa dura para arriesgarse a una derrota que la deje en posición insostenible. Pero no deja de ser llamativo que kirchneristas abiertos o encubiertos mencionen a Cristina como factor de derrota y no de triunfo.

El peligro para Cristina es que la polarización le provea al Gobierno el empuje extra que hoy le falta para ganar en la Provincia. Si la elección se ultra polariza, concentrando el 80%-85% de votos en dos listas, la decisión social de frenar otra vez a Cristina estaría pesando más que el voto castigo a un gobierno que no encuentra todavía un camino firme para recuperar la economía, el salario y el consumo. A esa carta juegan Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. Todo es hipótesis, todo es discutible, nada se comprobará antes de la votación. Pero de esa materia están hechos estos días afiebrados.

El jefe del PJ provincial, Fernando Espinoza, trabaja sobre la eventualidad de que Cristina no sea candidata y promueve a Verónica Magario, su sucesora en la intendencia de La Matanza, como primera senadora. Dice que es la que mejor mide después de la ex Presidenta. Magario no quiere ser candidata, ocupa un lugar muy relevante y teme que una candidatura anticipada le serruche la posibilidad de pelear por la gobernación. Pero reconoce a Espinoza como jefe político y está resignada a hacer –ya lo ha dicho- lo que sea mejor para el peronismo.

El que también juega su ficha es Daniel Scioli, que se gestionó visitas a media docena de municipios del conurbano llamando uno por uno a sus intendentes. ¿Quién le puede decir que no? Quizás termine siendo el candidato principal si Cristina se queda en casa. Las encuestas muestran que mantiene en nivel aceptable su buena imagen. Pero tiene dos novedades en contra: le creció muy fuerte la imagen negativa y, sin mella del afecto personal, parece haber perdido cierto respeto político de la dirigencia por su subordinación a Cristina.

Todo se aceleró con el lanzamiento de Florencio Randazzo como contendiente de Cristina. Aunque el ex ministro no sabe –nadie sabe- si ella será candidata. Espinoza le ofreció esa curiosa forma de unidad subordinada a Cristina. Eso significa lugares en las listas para él y quienes lo acompañan: algunos intendentes, varios gremios importantes, el Movimiento Evita, legisladores nacionales y provinciales y figuras con buena imagen. Randazzo lo rechazó sin vueltas. Su negocio es la confrontación. Necesita legitimar con votos su aspiración a construir un nuevo liderazgo peronista que en 2019 apunte a la Presidencia.

La presión ultra K incluyó días atrás la presencia de Máximo Kirchner en una reunión con los jefes del peronismo provincial y una docena de intendentes. El propósito es vaciar el espacio de Randazzo y mostrarlo derrotado antes de pelear. Le quieren bajar el precio para ofrecerle después un premio consuelo en las listas. La jugada es bastante obvia. Pero funcionó muchas veces.

Que Máximo haya bajado a la Capital para esa reunión cuando Santa Cruz, la provincia que gobierna su familia, tiene su crisis estructural a punto de caramelo, evidencia dónde está puesta la preocupación mayor de los Kirchner. Tienen que asegurar Buenos Aires para mantener relevancia política después de la elección de octubre.

Los de Randazzo no se quedan quietos frente al torniquete kirchnerista. Lanzaron a su tropa a la pesca de 100.000 avales para ir a la interna y están buscando engrosar su por ahora módica representación política. El bocado que más les apetece son dirigentes que andan hoy por otros rumbos. El domingo pasado, en una parrilla de General Rodríguez, la cúpula del Movimiento Evita cenó con Felipe Solá, figura señera del Frente Renovador. Para evitar rumores conspirativos Solá le avisó a Sergio Massa de ese encuentro. Estuvieron con él Emilio Pérsico, Chino Navarro y Juan Manuel Abal Medina. A tal señor, tal honor. ¿Qué dice Solá? Que no hay que sacar conclusiones apresuradas y que la fragmentación peronista le facilita a Macri presentarse bajo la opción “yo o el pasado”.

El propio Randazzo mantiene reuniones muy privadas con intendentes que aparecen en público en las reuniones del cristinismo. El juego de los intendentes es tan ambiguo como siempre. Salvo unos pocos que ya han tomado su opción, la absoluta mayoría de los 45 jefes comunales que le quedaron al peronismo en la Provincia oscilan sin mayor pudor de un lado a otro. Buscan asegurar lo que más les interesa: la mayoría propia en su Concejo Deliberante para mantenerse estables en el cargo. Su horizonte estratégico no llega mucho más allá de eso.

Los intendentes no son los únicos que van a dos puntas. También habría sindicatos haciendo ese jueguito. Sería el caso de los mecánicos del SMATA. Su hombre en el Congreso, Oscar Romero, está alineado con Randazzo. Pero a la vez el jefe del gremio, Ricardo Pignanelli, habría arreglado con Cristina su candidatura a diputado por la Provincia en un viaje relámpago a El Calafate. ¿Será así?

Mientras estas discretas carnicerías suceden entre bambalinas, Sergio Massa guarda silencio y cada tanto asoma la cabeza para hacer lo que pueda contra la polarización. Tiene claro que con Cristina en la boleta su ancha avenida del medio se le puede hacer tan angosta que no quede espacio ni para respirar.

Un día aparece junto a Roberto Lavagna, otro se muestra con Margarita Stolbizer, su aliada estratégica. Pide resolver los problemas de la gente, propone bajar el IVA de la canasta alimentaria. No quiere hablar del pasado, que es Cristina; ni del futuro, que es el libreto de Macri. Su negocio es el presente de penuria económica y social para tantos. Dice tener encuestas que muestran que dos tercios de la gente está harta de la polarización.

Aunque asoma algo devaluado, Massa es un optimista irreductible. Sostiene que si Cristina es candidata, el electorado va a elegir entre su espacio y el Gobierno para ver quién frena el retorno de la ex Presidenta. Y que si Cristina no es candidata, serán él y Margarita, desde un espacio plural con base peronista, los que se ofrezcan como la mejor opción para castigar a Macri y Vidal. Si lo dejan hablar, el tipo va a estar siempre en carrera.

¿Será candidato? Todavía no decidió y parece tener pocas ganas, porque prefiere reservarse para la presidencial de 2019. Pero no le va a resultar fácil mantenerse guardado.

Los operadores del Gobierno que mejor conocen la Provincia advierten que si la elección se despolariza, sin Cristina candidata, cualquier otro nombre peronista -incluso Randazzo- sería visto como continuación del kirchnerismo, Entonces Massa podría terminar siendo la alternativa a Cambiemos.

Esos operadores alientan a Randazzo para que no se meta en la trampa de la interna o la unidad, condicionadas al mando de Cristina. Le proponen, sentados sobre los generosos recursos del Estado, que juegue por afuera del peronismo oficial. De paso, ellos se asegurarían el magnífico negocio de un voto opositor fragmentado al máximo.

Pero hay otra variante en curso: un eventual acuerdo entre Randazzo y Massa, al que hoy nadie apuesta pero que nadie descarta en última instancia. ¿Quiénes trabajan para eso? El poderoso senador Miguel Pichetto, varios nuevos gobernadores peronistas, el diputado Diego Bossio que es referente del peronismo disidente y dirigentes de ambos lados como Solá y Abal Medina, sólo por mencionar algunos.

Randazzo ya le mandó decir a Massa que si quiere acuerdo tiene que meter los pies en el barro y entrar a la PASO peronista. Massa sostiene que si van juntos por afuera, pueden mandar a Cristina al cofre de los recuerdos y generar para la sociedad una oferta alternativa hoy inexistente.

Mientras estos fuegos del peronismo se avivan, María Eugenia Vidal cargó en brazos a sus candidatos y largó la campaña.

Julio Blanck

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