Domingo, 07 Mayo 2017 00:00

El peronismo, sin lugar para los débiles - Por Julio Blanck

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Avanza la refundación de la liga de gobernadores, lejos de Cristina. Y Massa evalúa ir a una PASO con Randazzo.

 

Dos bombas de profundidad fueron lanzadas sobre el siempre agitado océano del peronismo. Una en el interior del país, la otra en la provincia de Buenos Aires. Las dos apuntan a configurar un escenario que ponga al peronismo de cara al futuro, escapando de la excluyente reivindicación de un pasado que la sociedad ya rechazó cuando hizo a Macri presidente.

Así, el viernes en Tucumán empezó a tomar estado público un movimiento que se propone la refundación de la liga de gobernadores, que siempre fue un polo de poder importante en el peronismo. Allí el gobernador Juan Manzur recibió con pompa y circunstancia a su colega cordobés Juan Schiaretti. Córdoba es la provincia más grande que administra el peronismo. Le sigue Tucumán. La idea madre es regenerar un tejido con fuerte autonomía política que no acepte jefaturas ni liderazgos ajenos a ese club de los que gobiernan territorio.

Esto significa que los gobernadores se colocan definitivamente lejos de Cristina Kirchner, a la que consideran parte del pasado. Pero a la vez toman distancia de los avatares peronistas en la provincia de Buenos Aires. Tampoco admitirán subordinación a Sergio Massa ni a Florencio Randazzo, en caso de que alguno de ellos salga con vida política de la próxima elección.

Esgrimen para ello dos razones básicas. Una, que el peronismo no gobierna Buenos Aires ni lo hará al menos por los próximos dos años. Dos, que en sus evaluaciones actuales el oficialismo de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal tiene altas posibilidades de salir ganador en octubre. Nadie quiere atarse al carro de los perdedores.

Pronto extenderán los contactos formales a otros gobernadores, como el sanjuanino Sergio Uñac, la fueguina Rosana Bertone, el entrerriano Gustavo Bordet, el chaqueño Domingo Peppo o el riojano Sergio Casas. Obsérvese que todos ellos, igual que Schiaretti y Manzur, tienen una realidad común: sus provincias están fuertemente endeudadas con el gobierno nacional. Y casi todos están embarcados en sacudirse el yugo de los gobernantes anteriores del propio palo, única manera de construir su propio poder.

Otros, como Alberto Rodríguez Saá en San Luis, Gildo Insfrán en Formosa y Carlos Verna en La Pampa, serían abordados en una etapa posterior. Son hombres con posturas a veces impredecibles. Por caso, después de años de enfrentamiento, Rodríguez Saá anunció una alianza con Cristina. Fue su reacción ante la operación de la Casa Rosada, que auspicia a su antecesor Claudio Poggi para destronar a la rancia dinastía de El Adolfo y El Alberto.

Obsérvese, otra vez, que ni La Pampa, ni San Luis ni Formosa están en situación financiera apremiante frente al gobierno nacional. Con la caja llena y el pago de sueldos asegurado es más fácil hacerse fama de guapo.

Hay un caso que será tratado con guante de seda: el del salteño Juan Manuel Urtubey, que es el gobernador peronista de más alto perfil, el más consolidado en su provincia y el único con ambición presidencial ya expresada. Los promotores de la nueva liga de gobernadores sostienen que no van a trabajar para ningún candidato sino para fortalecer al peronismo. Pero aceptan que Urtubey ya está jugando en otra liga que el resto.

Ayer en Tucumán, durante el asado de camaradería que Manzur ofreció en su residencia, Schiaretti –que es figura central de ese colectivo de gobernadores por trayectoria personal y peso territorial- reiteró el compromiso con la institucionalidad y el federalismo, pero a la vez puso el acento en la justa distribución y asignación de los recursos nacionales. Esa manía de hablar de plata.

Pero para que nadie se confunda, también tomó distancia del gobierno de su amigo Macri. Dijo que la gobernabilidad es un camino de dos manos, y que así como los gobernadores van a facilitar que el Gobierno pueda desarrollar su programa, la Casa Rosada debe dejar de “gambetearlos” mediante el envío de fondos que funcionarios de Cambiemos usan como palanca política en provincias gobernadas por el peronismo. Fue una alusión directa al Plan Belgrano, que no terminó nunca de arrancar, y a la acción de su titular, el radical José Cano, rival de Manzur en 2015 y seguro candidato para octubre.

En ese almuerzo estuvieron también el vicegobernador de Santiago del Estero, José Neder, y el senador Gerardo Zamora, que este año será elegido nuevamente gobernador. Es un radical que dejó de ser K pero que no orbita en el radicalismo de Cambiemos. Con los gobernadores peronistas parece encontrar lenguaje y métodos comunes.

Mientras tanto, en la Provincia se producía la otra movida fuerte. Por primera vez, Sergio Massa puso en consideración la posibilidad de ir a una PASO con Florencio Randazzo si al ex ministro del Interior le cierran las puertas de la competencia en el peronismo.

La eventualidad de un acuerdo último entre Massa y Randazzo se consignó hace una semana en esta columna. Entre sus auspiciantes se mencionó a figuras como Miguel Pichetto, Diego Bossio, Felipe Solá, Julián Domínguez y Juan Manuel Abal Medina. Sería una apuesta fuerte para desplazar sin retorno a Cristina y a los suyos.

Pero entonces se hablaba de un hipotético acuerdo de integración de listas y ahora se evalúa la variante de una competencia entre Massa y Randazzo y sus respectivos espacios, La idea rectora es potenciar una opción de fuerte base peronista pero con componentes más amplios, con Margarita Stolbizer en lugar destacado.

La condición que habría puesto Margarita para ampliar su actual cohabitación política con Massa es que quienes lleguen no carguen con prontuarios ni denuncias imposibles de explicar. No es poca exigencia, tratándose de tanta gente que pasó por lugares notorios de la gestión kirchnerista.

El próximo 25 de mayo Massa y Stolbizer van a lanzar desde el municipio de Malvinas Argentinas su alianza electoral, pero sin definir todavía candidaturas. La pelota queda entonces del lado de Randazzo, que hoy atraviesa problemas evidentes.

Agitando la persistente popularidad de Cristina, en un feroz movimiento de pinzas entre La Cámpora y el PJ bonaerense que conduce Fernando Espinoza lo vaciaron de intendentes. De todos los que habían prometido acompañarlo ahora le estarían quedando cuatro o cinco. Y solamente Gabriel Katopodis, de San Martín, como jefe de uno de los grandes distritos del GBA.

El moño a esa operación se lo puso Cristina en persona, cuando apareció en el asado que se servía en la casa del camporista Juan Cabandié. Estaba la plana mayor de La Cámpora con Máximo Kirchner a la cabeza, la jefatura del peronismo provincial y el nutrido grupo que formaban los intendentes de antes y los que sumaban ahora. Entre los de siempre, Verónica Magario de La Matanza y Jorge Ferraresi de Avellaneda. Entre los bienvenidos, Martín Insaurralde, de Lomas de Zamora y Mariano Cascallares de Almirante Brown. Es un cuarteto de los municipios más grandes que administra el peronismo.

Cristina le ajustó el collar de ahogo a Randazzo. Dijo que quería ir a la interna porque el Gobierno lo apretaba con carpetazos y no porque tuviera con qué discutirle a ella su poder. Lectura sencilla: si Máximo y Espinoza logran asegurar ese armado, a Randazzo le ofrecerían sumarse sin competir y cediéndole algunos lugares en las listas. Ese no es el plan que soñó Randazzo, sino la sepultura de su proyecto.

Sus aliados le reclaman a Randazzo una mayor enjundia. Sin esperarlo, el Movimiento Evita puso en circulación unos afiches primorosos donde además de la foto del postulado y la leyenda “Randazzo 2017” se destaca el hashtag #TierraTechoTrabajo. Metáfora ferroviaria: si la locomotora no arranca, empujan los vagones.

Además del apoyo de algunos grandes sindicatos, movimientos sociales y varios intendentes, Randazzo tiene un potencial que podría aprovechar: el millón y medio de votos que sacó Julián Domínguez –que ahora forma parte de ese espacio- en las PASO de 2015 contra Aníbal Fernández y toda la parafernalia del gobierno kirchnerista. Representó el 19% del total de votos en la Provincia, contra el 21% que alcanzó Aníbal para quedarse con la candidatura a gobernador. Después lo barrió el huracán María Eugenia.

La situación del peronismo bonaerense está muy fluida. El avance de la estrategia de Cristina tambaleó cuando dijo el jueves que se excluía de la competencia electoral. Si ella no está en la verdadera pelea se derriten los argumentos de quienes, en su nombre, ajustan el torniquete para sellar una unidad blindada al cambio.

Algunos intendentes empezaron a mandar señales al campamento randazzista que acababan de abandonar. No hay derecho de hacer sufrir así a tan valientes defensores de su propio trasero. 

Julio Blanck

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