Domingo, 07 Mayo 2017 00:00

El macrismo se abroquela - Por Eduardo van der Kooy

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Cristina insinuó que se excluiría de ser candidata. Pero coloca a La Cámpora como eje de sus planes.

 

“Conviene dejarse de joder”. El consejo que lanzó Mauricio Macri, sin el tono belicoso que inducirían sus palabras, fue el epílogo de largas reuniones con gurúes y ministros. Fue, además, el modo que encontró para describir el trayecto que imagina hasta las elecciones de octubre. Ese trayecto resultará sinuoso por dos motivos: la mejora económica que predice el Gobierno difícilmente se torne tangible para la sociedad; un peronismo fragmentado será capaz, en su afán por renacer, de presentar desafíos impensados.

Tal imprevisibilidad llevó al Presidente a limitar las sorpresas dentro de Cambiemos, la alianza oficialista. Para eso se propuso cerrar filas. Abroquelarse. Un almuerzo sin testigos entre Marcos Peña y Emilio Monzó fue la primera señal sobre la meta que persigue Macri. El jefe de Gabinete y el titular de la Cámara de Diputados venían distanciados por los cristales diferentes con que suelen desmenuzar la realidad. Monzó procede de la política tradicional. Peña de la política cientista. Con las urnas al acecho esas visiones lograron converger. Es hora sobre todo de roscas y de armados. El diputado tiene la experiencia, en ese aspecto, que le aportó su paso por el peronismo bonaerense.

Después de la paz – ¿o la tregua?-- Macri obró en consecuencia. Decidió que Monzó integre la comitiva de su próximo viaje por Oriente, a China y Japón. El Presidente observa esa gira como un ciclo virtuoso de la política exterior que arrancó con la visita a Washington y la cumbre con Donald Trump, la presencia esta semana en el país del presidente de Italia, Sergio Mattarella y la venida en junio de la canciller de Alemania, Angela Merkel. En todos los casos, los gestos de diplomacia apuntan a fomentar las inversiones que todavía no se verifican.

Monzó se ocupó también de reparar otras fisuras. Mantuvo durante estos 16 meses un vínculo tenso con María Eugenia Vidal. Prolongación, quizás, de desencuentros que habían tenido cuando, en diferentes escalones, ocupaban la administración porteña. El diputado tuvo dos almuerzos –uno de ellos en la sede del Banco Provincia-- con Federico Salvai. El jefe de Gabinete de ministros bonaerenses es el funcionario de mayor confianza de la gobernadora. Otra tregua quedó sellada. La historia podría tomar un curso distinto después de las legislativas.

No resulta descabellado incluir en ese contexto también la cita de Peña con Alfonso Prat Gay. Con el jefe de Gabinete tuvo un vínculo alterado aunque jamás el peor: los entredichos insalvables ocurrieron con Mario Quintana, el ministro coordinador peso pesado. El ex ministro de Hacienda y Finanzas se acercó al radicalismo desde que dejó el poder. Nunca ocultó críticas al diseño fragmentado del equipo económico del cual formó parte. Repitió ese concepto en la embajada de España, antes del almuerzo con Peña.

Tanta libertad de acción y opinión turban al macrismo. De allí procedió su reunión amable con el jefe de Gabinete. El Gobierno desearía alguna certeza sobre el rumbo de Prat Gay. El diálogo de aquella reunión merodeó los tópicos de la política exterior. El ex ministro no tiene, por varias razones, voluntad de dejar el país. No está la embajada de Washington en su horizonte. ¿Podría atraerle la cancillería en caso que Susana Malcorra decida dejar su cargo a fin de año?. El plan de la mujer sería volver un tiempo a España donde reside la familia.

El macrismo cree tener de sobra en la Ciudad con el conflicto que plantea Martín Lousteau. No se avizorá con él ninguna posibilidad de concordia. De hecho, tuvo un cruce reciente con Diego Santilli, el vice jefe de la Ciudad. Pero la estrategia macrista consistiría en eludir en la campaña al ex ministro y embajador. Difícilmente pueda.

En aquel territorio talla la figura de Elisa Carrió. La diputada posee planes propios. No le agradan los dictados. Empieza a establecer condiciones en el esquema electoral. Extiende también sus pretensiones sobre Buenos Aires. Aspira a colocar en la provincia al menos tres candidatos con garantía de ser electos. Entre los primeros once lugares. Uno de ellos es Héctor “Toty” Flores. Otra sería Marcela Campagnoli, ex concejal de Pilar. Hermana de José María, el fiscal que llevó a la cárcel a José Potocar, jefe de la Policía de la Ciudad. Timbre para Horacio Rodríguez Larreta. En el listado porteño también desea a tres postulantes propios. Una de ellas inamovible: Mariana De Jesús Zuvic, la líder de la Coalición en Santa Cruz. Ahora miembro del Parlasur. Esa mujer ha sido una pesadilla para la familia Kirchner.

El macrismo conjetura que levantando su ponderación en el conurbano –tarea ímproba-- conservaría la base electoral que podría establecerlo por encima del tercio. Su fortaleza, a priori, continúa estando en la franja central del país. En distritos que le permitieron a Macri derrotar en el balotaje a Daniel Scioli. La estación más sólida estaría hoy en Córdoba. Es el lugar donde el Presidente retiene su imagen nacional más elevada. Por arriba del 60%. Está anoticiado que el adversario será allí el ex gobernador José Manuel de la Sota. Podría ser acompañado por Adriana Nazario, ministro de Producción de Córdoba. Su actual mujer.

El panorama asoma menos optimista en el norte y en el sur. A mejorar ese cuadro están abocados Peña, Rogelio Frigerio, el ministro del Interior, y el recuperado Monzó. La precariedad encuentra un consuelo: el peronismo permanece maniatado por la indefinición de Cristina. Su autoexclusión de los comicios, insinuada ante sindicalistas, sonaría insuficiente. En especial, por el protagonismo que le dispensa a La Cámpora. La cuestión no se circunscribe sólo a la Ciudad y a Buenos Aires. Existe una pulseada en San Juan, por ejemplo, entre el gobernador Sergio Uñac y su antecesor, el diputado José Luis Gioja. El veterano sanjuanino es además titular del PJ. Demora las decisiones electorales del mandatario a la espera de un guiño final de Cristina. Uñac estaría dispuesto a romper la parálisis y elaborar la lista con su hermano Rubén, diputado provincial y ex vice de Gioja entre 2007-11.

La competencia electoral para el Gobierno se topa con otros pleitos. Tierra fértil a veces para la cosecha de la oposición. Un fallo dividido de la Corte Suprema colocó al macrismo en un sitio incómodo de la escena pública. Tres de los cinco jueces (Elena Highton, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz) dispusieron que se computen dos días por cada uno de detención sin condena a un ex represor (Luis Muiña) ligado a un delito de lesa humanidad. Ricardo Lorenzetti y Juan Carlos Maqueda se pronunciaron en sentido opuesto. Estallaron las organizaciones de Derechos Humanos. Reaccionaron el kirchnerismo y la izquierda. Cristina sostuvo que jamás un dictamen de ese tipo hubiera alumbrado durante su Gobierno. Una manera honesta de transparentar –si hacía falta-- su concepción y vínculo con el Poder Judicial.

La argumentación de los jueces que dieron validez al fallo remitió a la ley 24390 que rigió en la Argentina entre 1994 y 2001. Ese año resultó derogada. La norma tuvo origen en una de las tantas irreflexiones de la política. Surgió por el colapso del Sistema Penitenciario Federal. Por entonces se afirmaba que sobraban en las cárceles 14 mil presos. Había fugas masivas. Miles de detenidos permanecían en esa condición sin condena durante más de dos años por desidia judicial.

Invocando el artículo 18 de la Constitución –que habla del derecho de todo imputado a obtener lo más rápido posible su libertad-- y la adhesión de la Argentina al Pacto de San José de Costa Rica (1984) se terminó imponiendo la teoría del dos por uno que con los años se corroboró nociva. Ni mejoró la situación carcelaria ni ayudó a la atenuación de los delitos. Está a la vista. La historia tiene, a veces, alguna hilación lógica: detrás de la reglamentación estuvo la mano, entonces como juez, de Raúl Zaffaroni. Su amarra fuerte en el Congreso fue el diputado peronista Ramón Saadi.

La mayoría de la oposición culpó al Gobierno de ser responsable de aquel fallo que repuso los fantasmas de la tragedia argentina. Como si hubiera existido un acuerdo premeditado entre Macri y la Corte Suprema. Suspicacias siempre existen. Pero ante estas situaciones se impone muchas veces el saldo político que arroja el veredicto de los jueces. A quienes benefician y a quienes perjudican. El Gobierno no salió para nada favorecido. El límite debió marcarlo el ministro de Justicia, Germán Garavano. Descalificó la teoría del dos por uno en cualquier campo penal.

El fallo de la Corte se nutrió de otro sinfín de conjeturas. Llamó la atención la postura de Highton que supo votar por años en sintonía con el kirchnerismo. La jueza sigue en el máximo Tribunal porque el Gobierno nunca apeló su amparo para permanecer después de los 75 años. Rosatti fue el encargado de elaborar la matriz del fallo. Ese juez fue ministro de Justicia de Néstor Kirchner y recomendado para el cargo por Cristina, colega en la Asamblea Constituyente de 1994. Lo acompañó Rosenkrantz, cuyo pliego para la Corte fue el mas ponderado durante la consideración del Senado.

Más allá de los fundamentos jurídicos, el fallo dividido sobre una cuestión tan crucial y sensible también pareció inaugurar un tiempo nuevo en el Tribunal. Se habría modificado la lógica de las mayorías que siempre supo administrar Lorenzetti. Quizás, por razones de conflictos mal resueltos y de competencia. En el primero y segundo caso, amén de las convicciones, podrían explicarse los votos de Highton y Rosatti.

Eduardo van der Kooy

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