Martes, 16 Mayo 2017 00:00

Es baja la tolerancia real a la independencia de los poderes - Por Sergio Crivelli

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El fallo de la Corte aplicando el dos por uno a los represores de los 70 puso en pie de guerra a la oposición y causó pánico en el gobierno que, si algo no maneja, es el Poder Judicial

 

Como el nuevo fallo era, según los expertos, jurídicamente irreprochable, la oposición lo atacó de distintas maneras.

El fallo de la Corte Suprema aplicando la garantía de la ley penal más benigna (2 por 1) a los represores de los años 70 tuvo tres efectos: resucitó a la oposición, hizo que el gobierno perdiera la iniciativa y demostró que el nivel de "operación" política del presidente Mauricio Macri sobre el Poder Judicial es inexistente. Los funcionarios del área no conocen siquiera la agenda de los tribunales más importantes.

Dejó además al descubierto una realidad no por conocida, menos penosa: muchos políticos y una parte relevante de la sociedad adoptaron como bandera la defensa de la República y de la división de poderes, pero apenas un juez falla en contra de sus gustos quieren destituirlo y le reclaman a él y a sus colegas la aplicación de un criterio "más político", expresión por la que debe entenderse más vinculado con la realidad electoral o lo que ellos consideran como tal. En síntesis, menos independencia.

El estado de derecho, dicho brevemente, está supeditado a la conveniencia política del momento y el garantismo es una doctrina flexible, aplicable preferentemente a partidarios o amigos. Tan así es que cuando la Corte aplicó en 2013 un criterio similar al repudiado el miércoles último con una multitudinaria marcha a la Plaza de Mayo no se produjo ningún escándalo porque gobernaba Cristina Fernández y los "organismos" miraron para otro lado.

Como el nuevo fallo era, según los expertos, jurídicamente irreprochable, la oposición lo atacó de distintas maneras. Todas convergentes, pero cada una dirigida a satisfacer las propias necesidades.

Los "organismos" apostaron otra vez al marchismo. Alarmados porque el gobierno "los quiere borrar", volvieron a jugar el juego que mejor les sale y que más les gusta: desfilar con banderas y consignas de "resistencia". Faltó a la cita Hebe de Bonafini que pagó el costo de haber respaldado al general César Milani por obediencia debida a Cristina Fernández. Los "organismos" son partidos políticos y sufren sus mismas vicisitudes.

Los políticos trataron de llevar agua para su molino y el más lúcido expositor de esa actitud fue el presidente del bloque de senadores del kirchnerismo, Miguel Ángel Pichetto, que había votado a favor de la incorporación de los jueces Rosenkrantz y Rosatti a la Corte y uno de los más eficaces operadores de ambas candidaturas en la Cámara alta.

Los argumentos de Pichetto fueron simples: la Corte está desprestigiada y los jueces deben aplicar criterios no siempre apegados a la letra de la ley. Recordó al juez entrerriano que liberó recientemente a un violador que volvió a violar y asesinar. Pidió a los jueces que salieran del laboratorio y frecuentaran los mostradores (sic).

Pero la parte más sustancial de su discurso estuvo dirigida a la conformación de una nueva mayoría en la Corte y la posibilidad de que falle sobre el fondo del conurbano beneficiando a Buenos Aires en detrimento de las provincias. Dejó en claro que les estaba mandando un mensaje a los jueces y que era necesario ampliar a siete o nueve miembros el tribunal para hacerlo más receptivo a la oposición. Aunque tardía, una amenaza con todas letras. Desde el poder institucional que le queda, el peronismo no abandona la práctica de disciplinar a los jueces. Es genético.

En las antípodas, el macrismo no sólo no "operó" a los jueces, sino que reaccionó tarde y aterrado ante la posibilidad de que lo acusaran de proteger a represores. Su única estrategia consistió en el rudimentario "a mí por qué me miran" y en la promoción en el Congreso de una ley interpretativa con el único fin de lavarse las manos.

Tanta improvisación no le traerá, sin embargo, consecuencias. La oposición utilizó todo su poder de fuego y terminada la movilización a la plaza volvió a las divisiones y al desconcierto. A 40 días del cierre de las listas para las PASO no se sabe cuáles serán sus candidatos. CFK un día dice que no y otro que tal vez y Randazzo y Massa siguen sin confirmar públicamente su participación. Las encuestas no los animan a hacerlo.

Sergio Crivelli  
Twitter:@CrivelliSergio

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