Jueves, 18 Mayo 2017 00:00

Cuesta abajo - Por Sergio Crivelli

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En el PJ no sólo no pueden imponer la agenda, sino que tiene que callarse sobre cuestiones de amplia difusión como la represión en Venezuela o el procesamiento de Hebe de Bonafini

 

Como ocurrió bajo el kirchnerismo la oposición al gobierno corre más por cuenta de los medios que de las fuerzas políticas. Eso ocurre ahora porque la principal fuerza opositora, el peronismo, está a la defensiva y sin libreto.

En el PJ no sólo no pueden imponer la agenda, sino que tiene que callarse sobre cuestiones de amplia difusión como la represión en Venezuela o el procesamiento de Hebe de Bonafini. En ambos casos su pasado es una lápida.

En los últimos días el bloque de diputados kirchneristas comenzó a evaluar la posibilidad de dar el debate en defensa de la dura represión chavista. La empresa no exige ninguna hazaña dialéctica. Ya lo hizo el impertérrito Pérez Esquivel usando argumentos de otros impertérritos de izquierda en el caso cubano.

Durante décadas defendieron el encarcelamiento y asesinato de disidentes por parte de la dictadura castrista alegando que era la inevitable respuesta a la amenaza norteamericana. Lo cierto es que los Castro empobrecieron a Cuba hasta el límite de la subsistencia, expulsaron población que prosperó en los Estados Unidos y fusilaron opositores hasta medio siglo después de haberse consolidado en el poder. Defender las atrocidades de los militares venezolanos que usan como testaferro a Maduro no exige un esfuerzo moral mayor que el de defender a los Castro.

Más complicado resulta, en cambio, defender lo hecho por el dúo Bonafini-Schoklender, ya que es dinero que le sacaron del bolsillo a los contribuyentes nativos para darle un destino recreacional. La parábola de la figura pública de Bonafini es llamativa aún para la historia política nativa, muchas veces indiscernible del género picaresco.

Comenzó oponiéndose a los militares y terminó abrazándose al general Milani, preso por delitos de lesa humanidad. Se alzó contra el terrorismo de estado, pero se alegró de la matanza organizada en las Torres Gemelas por terroristas financiados y entrenados por estados musulmanes. Hizo de una organización no gubernamental una unidad básica kirchnerista. Como se señaló en este mismo espacio un año atrás: "El gobierno anterior la utilizó para execrar, atacar y amenazar a sus opositores, al periodismo no complaciente y a los jueces que no se le sometían. No es solo una víctima sino también una victimaria, una "squadrista" que supo además ser una madre de Plaza de Mayo, pero que, cuando tuvo poder, en lo sustancial no se diferenció de un D’Elía o de un Esteche, que trabajaron en el control de la calle para el mismo patrón".

Si hubiese parado ahí, su figura podía haber sido considerada polémica pero aceptable para quienes comparten sus posiciones. Sin embargo, eso no ocurrió. Tuvo que terminar procesada junto al López de los bolsos por haber estafado al estado nacional en la nada despreciable suma de 200 millones de pesos.

Podría decirse que se encuentra en la última etapa de su degradación como referente de los derechos humanos, pero tampoco eso es seguro. Porque no sólo callaron los "k" frente a esta penosa estafa. Muchos medios y dirigentes de otros partidos prefirieron mirar para otro lado y no condenarla como si ella corporizase la causa de los derechos humanos. Pero no es así; representa la manipulación política de esos derechos y su envilecimiento y es la contraparte perfecta de los represores.

Por Sergio Crivelli  
Twitter:@CrivelliSergio

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