Miércoles, 07 Junio 2017 00:00

Los ogros que hacen campaña por Macri - Por Eduardo van der Kooy

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Las tensiones constituyen un dato permanente de Cambiemos, la coalición oficialista.

 

La campaña electoral y el cierre de las alianzas y precandidatos para las primarias de agosto acentuó aquella tendencia. Hace diez días fueron las denuncias sobre espionaje que realizó Elisa Carrió. Tembló el macrismo. Habrá que prestar atención a cómo finalizan sus demandas en la articulación de las listas en la Ciudad y Buenos Aires.

Ayer los radicales concretaron una cumbre porque también se sienten desconsiderados por Mauricio Macri. En la gestión (a raíz de la sucesión de Susana Malcorra en Cancillería) y en la disputa electoral que se viene (el dedazo para imponer un radical en Santa Fe, Albor Cantard, que escapa a las tradiciones partidarias).

Los radicales, aunque no todos, poseen un problema de comprensión. El Presidente los contó como socios imprescindibles para el armado electoral del 2015 que lo catapultó a la Casa Rosada. Aquel armado no tuvo la correspondencia deseada durante los 17 meses de gestión. Ahora retorna el momento de votar. Pero Macri habría mutado aquella calificación inicial de imprescindibles, en torno a ellos, por la de necesarios. El sentido del vocablo no es igual.

El cambio no parece atizado por ningún éxito político rutilante del Gobierno. Menos todavía por el campo de la economía, aunque la baja de la inflación despierte esperanza. El macrismo se estaría sintiendo algo más fuerte y consolidado, aunque suene paradojal, por la tenaz compensación que en la escena pública realiza el kirchnerismo. Cada día.

En este trance complejo para Cambiemos, la oposición mayoritaria realizó tres aportes impagables para que aquellas diferencias puedan ser saldadas sin tanta sonoridad. Se desató entre lunes y martes una fortísima presión para que Florencio Randazzo desista de participar en las primarias del Frente Para la Victoria. Reapareció como si nada en la vidriera electoral Carlos Zannini. El ex secretario General y candidato a vice de Daniel Scioli, con dificultades para caminar tranquilo en su comarca, Rio Gallegos. El remate de tal escalada quedó en boca de Aníbal Fernández. Se despachó contra Macri y María Eugenia Vidal, en el canal de televisión que utilizó hace más de dos semanas Cristina Fernández para lanzar su primera admonición directa a Randazzo.

La maniobra contra el ex ministro del Interior y Transporte fue instrumentada por Máximo Kirchner. Hasta anoche parecía no haber concluido bien. Como casi siempre. Cristina delega todo en la dudosa pericia de su hijo.

Aquella jugada reconoció tres pasos. Primero circuló como un rumor intenso que Cristina sería candidata y no le habilitaría la interna a su ex empleado. Después se mencionó que ambos habían mantenido una conversación conciliatoria en el departamento que la ex mandataria posee en Recoleta. Como corolario, se divulgó que Cristina compartiría con Scioli la boleta de postulantes para el Senado y que se le habían ofertado a Randazzo el primer lugar en la nómina de Diputados. Las tres especies resultaron falsas.

En verdad, habrían sido desplegadas en una operación de pinzas para doblegar el espíritu competitivo del que está ahora imbuido Randazzo. Para forzarlo a participar de la lista de unidad que pregona Cristina. Sin ninguna certeza de que ella sea al final candidata. Pero con su férrea bendición. Un suicidio político para el dirigente que se exhibe, no sin dificultad, como una alternativa distinta a la década pasada.

Randazzo enfrenta varios dilemas simultáneos. El primero radica en la disputa con Cristina. El segundo en la vaporosidad de los intendentes del conurbano, incluso los opositores a los K, que se humedecen cada vez que irrumpe la mujer. El caso emblemático lo resume Martín Insaurralde, alcalde de Lomas de Zamora. Se arrimó a Sergio Massa en el 2013 cuando el diputado de Tigre ganó en Buenos Aires. Estuvo apareado con Scioli en las presidenciales del 2015. Le atrajo la idea de la interna de Randazzo hasta que recibió un correo desde El Calafate. Sostiene ahora que la postulación de Cristina resultaría insustituible.

El tercer dilema de Randazzo consiste en la construcción de la masa crítica que le permita afrontar el desafío contra Cristina. Requerirá de votos anticristinistas que deberá rastrear entre los macristas desilusionados o los adherentes al Frente Renovador que, con gusto, se prestarían de nuevo a batir a la dama. Para que ello suceda, debería elaborar una campaña sin concesiones hacia Macri y menos hacia Cristina. Su primera contendiente en la carrera que culmina en octubre. Esa es la avenida por la que Massa transita con mayor comodidad. Acuñó el latiguillo salomónico de “ni el gobierno de los ricos” ni “el gobierno de los ladrones”. ¿Se atreverá Randazzo a ser tan severo contra la ex presidenta?

El ardid kirchnerista para borrar del juego a Randazzo combinaría similares dosis de audacia e ilegalidad. Dentro de una semana inscribirían al FPV, tal vez, con otro nombre y sin la presencia del PJ. El partido se sumaría luego como adherente. En esa circunstancia, los afiliados del PJ (Randazzo) no podrían ser habilitados para competir en las PASO. Los jueces de la Cámara Nacional Electoral, informalmente, opinaron que la pretensión K sería inconstitucional. Que no existiría ninguna equivalencia con el pleito de Martín Lousteau y Cambiemos en la Ciudad. Estarían dadas las condiciones para que esas primarias se judicializarán. Un auténtico escándalo político.

El desaguisado kirchnerista no concluye en esa estación. La vocación de unidad de Cristina en Buenos Aires no parece expandir su onda en otros distritos clave. En Santa Fe, por ejemplo, hay redoble de tambores por la interna. Y afloran, sin inmutarse, los ogros y los esperpentos. El domingo último el ex diputado y ex ministro, Agustín Rossi, continuó su campaña con un acto en la sede de SADOP (Sindicato Argentino de Docentes Privados) en la capital santafecina. Para sorpresa de muchos reapareció Zannini. El ex funcionario y candidato ocupó el centro de la mesa. Entre el público distinguido estuvo Carmela Moreau, una de las hijas de Leopoldo, antes inconfundible radical, hace años rabioso kirchnerista.

Rossi instó a colocarle en octubre un freno a Macri. No dijo cómo podría hacerlo un peronismo provincial que está anémico. El hombre fuerte del PJ es en esa geografía Omar Perotti. Pero el senador rehúye intervenir en la interna partidaria. Quizás pensando en preservar su figura para la pelea por la gobernación del 2019. El pejotismo impulsa como adversario de Rossi a la jueza Alejandra Rodenas. La mujer supo llevar, con zigzagueos, varias causas por narcotráfico ligadas a los barrabravas de los clubes de fútbol de la provincia. En especial de Newell's. Pocos imaginan que pueda contra el sistema que domina Rossi. Pocos le auguran al peronismo, además, un horizonte auspicioso para octubre.

La demostración cabal de la incapacidad kirchnerista para un reseteo siquiera formal corrió por cuenta de Aníbal. A sus anchas, por televisión. El ex ministro y candidato a gobernador bonaerense recorrió el tablero de punta a punta. Ninguneó a Randazzo, exaltó a Cristina, subrayó la corrupción en el Gobierno (“están hasta las manos”, ilustro) y describió a Vidal como “un lobo con piel de lobo”. Justamente él. Lo último que hacía falta para que sonaran descorches en La Plata y Balcarce 50. 

Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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