Domingo, 11 Junio 2017 00:00

Cristina y los lobos solitarios - Por Eduardo van der Kooy

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 “No soporto más su soberbia”. La frase pudo haber sido pronunciada, con lógica, por Florencio Randazzo. Cristina Fernández está decidida a impedirle competir contra ella en las próximas primarias del Frente Para la Victoria (FPV).

 

Pero la oposición mayoritaria es ahora un cuerpo que yace patas arriba. La ex presidenta fue la que disparó aquellas cinco palabras. Considera a su ex ministro de Interior y Transporte como un impertinente. Por no ajustarse a sus designios: una enigmática lista de unidad con prescindencia de los votos.

Aquella calificación de Cristina sobre Randazzo demostraría varias cosas. La ausencia absoluta de instrospección de la ex presidenta sobre su personalidad. No sobre el pasado. Exige a su desafiante la rendición incondicional sin explicarle siquiera un motivo. Se le ocurre simplemente que debe ser así. También podría descubrirse en la mujer la permanencia de un blindaje respecto de la realidad. Cristina continúa embriagada con aquel 54% que obtuvo en el 2011. Aunque después se hayan sucedido dos derrotas, frente a Sergio Massa y Mauricio Macri. Cabe una tercera conclusión. El peronismo atraviesa un proceso histórico de desmembramiento. Se produce a partir de un centro de gravedad que está anclado en la ex presidenta. Parece claro –si aún no lo estaba-- que el PJ le importa poco. Cavila armar un nuevo frente, sin el pejotismo, para dejar a la intemperie a Randazzo. Supone que los peronistas la seguirían igual, como un rebaño.

Cristina supo construir, luego de la muerte de Néstor Kirchner, un liderazgo de enorme fortaleza. Pero nunca tuvo olfato ducho para el armado electoral. Menos para descender al lodo de cualquier contienda. Dejó correr en 2013 la candidatura con pátina peronista de Martín Insaurralde, alcalde de Lomas de Zamora y fue vencida. Probó con el ultrakirchnerismo de Aníbal Fernández y Martín Sabbatella en los comicios cruciales de Buenos Aires en 2015. Terminó catapultando a María Eugenia Vidal al firmamento nacional. Apostó a la insustancialidad de Daniel Scioli en las presidenciales. Y le abrió la puerta a Macri.

Tampoco la ex presidenta parece haber tomado nota que el kirchnerismo está en un agudo proceso de aislamiento dentro del amplio y misterioso mundo peronista. Podría verificarlo explorando pequeñas muestras electorales del pasado fin de semana. El peronismo resignó en manos de Cambiemos, luego de ocho años, la intendencia de Corrientes capital. El ex senador kirchnerista, Fabián Ríos, buscó la reelección maquillando su imagen. El giro provocó el disgusto de Cristina. Entonces hizo revivir el FPV con la postulación de la ex diputada Sonia López. Obtuvo apenas un 3%. Con exactitud, la diferencia que Eduardo Tassano, el vencedor de Cambiemos, le arrancó a Ríos.

En Chaco hubo otra probeta. El frente kirchnerista, que amontonó once listas, y responde a Domingo Peppo se impuso en las PASO en el orden provincial. Pero en Resistencia el intendente ultra K, Jorge Capitanich, fue doblegado por Cambiemos. Las etiquetas podrían prestarse a confusión. Peppo ha dejado hace rato de ser el discípulo de Capitanich. Enhebró en estos 17 meses una relación sensata con el gobierno macrista. Posó, como varios, con Randazzo. Observa con molestia el modo en que Cristina conduce el pleito en Buenos Aires.

Randazzo amenaza allí al kirchnerismo, todavía como un lobo solitario. Pero no está dispuesto a ceder por la unidad sin la práctica previa de las PASO. El ex ministro rechazó consejos que le arrimaron de nuevo un empresario kirchnerista y Máximo, el hijo de la ex presidenta. Aunque es conciente de sus principales dificultades: la traba interna le acorta los tiempos de campaña. Su figura es mucho menos conocida y ponderada que la de Cristina. La parálisis también mantiene en estado de indefinición a sectores pejotistas. Eduardo Duhalde se ofreció para tenderle una mano. Mantuvieron el viernes un almuerzo discreto que promete alguna derivación. El ex presidente lo alentó: “No aflojes, flaco. Cristina se va a volver a equivocar”, sentenció.

Duhalde podría ser hoy, quizás, una herramienta para intentar compaginar algo del peronismo descompaginado. Al menos en Buenos Aires. El ex presidente no tiene una participación activa desde el 2011. Pero tampoco se jubiló. Afirma que sus misiones últimas serían dos. Rearmar aquel PJ. Ayudar a que Cristina deje de ser una protagonista importante –y nociva, a juicio suyo-- de la política nacional.

Aquella idea de reconstruir al pejotismo asoma homérica. El peronismo hace rato que ha perdido liderazgos. Entre varios motivos, porque la década kirchnerista terminó por subsumirlo. El titular formal del partido es José Luis Gioja. Su segundo Scioli. El dirigente sanjuanino tuvo muchas dificultades para cerrar una lista con su sucesor, el gobernador Sergio Uñac. Y se muestra entre distante y vulnerable.

Randazzo decidió consultarlo ante la posibilidad que Cristina lo deje al margen de las PASO presentando ante la Justicia Electoral un Frente sin la presencia del PJ. El sanjuanino quiso sosegarlo. Le dijo que se trataba simplemente de una fábula de “veinte loquitos”. Acababa de hablar con Fernando Espinoza, el jefe del PJ bonaerense. Casi en simultáneo, el ex intendente de La Matanza, le confirmaba a Julián Domínguez que la intención de Cristina es, en efecto, apartar a su ex ministro del Interior.

La fragilidad del pejotismo tendría síntomas aún más serios. En muchísimas provincias las siglas del PJ han desaparecido en los últimos años bajo la máscara de frentes circunstanciales. Sobre todo en las épocas de esplendor kirchnerista. Como contraste, Cambiemos estará este año representado en 23 de los 24 distritos, al margen de la identidad de los candidatos que encabecen las listas. Claro que el único faltante refiere a un dato paradojal: la coalición oficialista no existirá como tal en la Ciudad, el ámbito donde después de la crisis del 2001 se empezó a incubar el macrismo.

La comparación entre ese par de realidades permite arrimar otra conclusión. La pulverización de los partidos sólo se disimula desde la apropiación del Estado. Así se edificó el kirchnerismo y subsistió el PJ. De la misma manera empezaron a menguar cuando regresaron al llano. A la inversa, Cambiemos ha crecido desde que se transformó en Gobierno.

Queda en evidencia, de nuevo, que los atajos legales serían sólo eso. La puesta en marcha de las primarias no recompuso nada el sistema de los partidos. Cristina las evitó siempre que pudo mientras estuvo en el poder. Las pocas experiencias que ensayó le salieron mal: Buenos Aires a la vista. Macri repite un modismo similar por lo menos en las provincias clave.

El macrismo mira entusiasmado el escenario peronista en Buenos Aires. La presencia de Cristina promovería la polarización que el oficialismo acicatea. La inclusión de Randazzo, de no mediar las PASO, acentuaría la diáspora de la oferta opositora. Además está la permanencia de Sergio Massa. El hipotético tercio bonaerense de Cambiemos, según las encuestas, adquiriría así mayor valor.

El Presidente cumple con la regla de meter su dedo cada vez que puede en aquella comarca volcánica. Recuerda, al pasar, a su antecesora. O recuerda los enormes daños encontrados en la herencia que recibió. Atenta contra la tesis de Jaime Durán Barba acerca de la naturalidad de la polarización en nuestro país. La división está, es cierto, pero nadie se ocupa de achicarla.

El Gobierno tuvo como adicional ínfimo la buena novedad inflacionaria. Fue el 1.3% que el INDEC anunció para mayo. Además recibió un mensaje generoso de la premier de Alemania, Angela Merkel, que en su día de visita sostuvo que la Argentina ha vuelto a ser un país confiable. Tal vez hubo oculto en el elogio algún cascote para Cristina. En 2014 la había acusado de trabajar en favor de los fondos buitre, por entonces en plena disputa con la administración kirchnerista.

La visita de Merkel produjo dos cosas. Pareció cerrar en estos cinco meses un ciclo virtuoso infrecuente de la política exterior que incluyó además los viajes de Macri a Washington, Japón, China, España y Holanda y la llegada del mandatario de Italia. Un recorrido de significado político que habrá que observar que traducción adquiere en el campo de las inversiones. Merkel resumió, quizás, el pensamiento de todos aquellos jefes de Estados con los cuales dialogó Macri desde que llegó al poder: “Estamos viendo qué oportunidades hay”, declaró. Nada promete ser inmediato.

También su presencia desnudó tensiones internas por el manejo de la seguridad. El resguardo policial y de las fuerzas especiales en la Ciudad resultó imponente. Más visible incluso que cuando estuvo Barack Obama en marzo del 2016. Macri se habría fastidiado por tanta rigurosidad. Pero la ministro, Patricia Bullrich, le recordó: “En diciembre hubo un ataque de los fundamentalistas en Berlín con 12 muertos”. Están frescos también los estragos en Manchester, Londres y París de los llamados lobos solitarios. No se podía correr riesgo.

Ese riesgo era improbable aquí. Pero igual se realizó un barrido minucioso sobre la comunidad musulmana en la Argentina e inmigrantes que llegaron hace poco. Hubo reparo en ciertas escaramuzas ocurridas en Chaco y Corrientes. Y en la permeabilidad de la Triple Frontera. Donde se sospecha que podría haber potencial financiamiento para los terroristas del ISIS, ya en agonía.

Macri tuvo la suerte que le escasea a Cristina: no apareció ningún lobo solitario. 

Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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