Miércoles, 14 Junio 2017 00:00

Ya no hay una buena salida para Cristina - Por Eduardo van der Kooy

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Cristina Fernández se debate en estas horas en un problema que no tiene ya para ella una buena solución. ¿Por qué razón? Por varias.

 

Su estrategia intransigente, como casi siempre, se ha convertido con el tiempo en su propia trampa. Utilizó todos los mecanismos de presión para que Florencio Randazzo desista de enfrentarla en las PASO. El ex ministro de Interior y Transporte mantuvo el desafío y presentó los avales. La ex presidenta fantaseó entonces con la posibilidad de evitar a su contendiente inscribiendo al FPV sin la sigla del PJ. Amenaza, por supuesto, de una segura tormenta judicial y política. El macrismo celebraría.

A horas del cierre de la inscripción de alianzas para las primarias la mujer no tendría a mano ninguna salida satisfactoria: la unidad imprecisa reclamada sigue siendo una quimera; Randazzo sostiene su postulación; o Cristina lo enfrenta y lo vence o termina por resignar su candidatura en manos probablemente, otra vez, de Daniel Scioli. En cualquier caso la política la habría obligado a inclinarse.

El punto al que llegó la ex presidenta resulta difícil de explicar. Quizás, un poco más fácil de entender mirando sus pergaminos. Basta con reparar en los últimos mientras estuvo en el poder. En ese momento también le prohibió a Randazzo que enfrentara a Scioli en las internas para presidente. Le ofertó el sillón de la gobernación de Buenos Aires. Su ex ministro se negó. Entonces resolvió franquearle la puerta a Aníbal Fernández para una interna con Julián Domínguez. Fue la bendición que rogaban María Eugenia Vidal y Mauricio Macri.

La resistencia de Cristina a Randazzo carece de una explicación política y racional. Pudo aducir en el 2015 que la competencia de Scioli y Randazzo (hombres que sólo se dispensan recelo) corría riesgo de debilitar al postulante ganador. ¿Supone ella ahora que el ex ministro de Interior podrá debilitarla en Buenos Aires? No hay ningún número que esté boyando entre las infinitas encuestas que circulan que arriesgue esa posibilidad. ¿Que será entonces lo que pasa?

Cuatro cosas. Tres de índole política y otra de carácter mixto, en la cual influyen mucho facetas de su enrevesada personalidad. Cristina siempre soñó que el Frente Para la Victoria pudiera convertirse en una fuerza donde resultara subsumido el PJ. Nunca lo logró. Néstor Kirchner jamás lo intentó. Apenas trató de encorsetarlo en algún momento con la transversalidad. La ex presidenta se encuentra rodeada por Nuevo Encuentro, MILES (la agrupación de Luis D’Elía), Quebracho y ocho intendentes pero-kirchneristas incondicionales del conurbano. Todo lo demás estaría por verse, según resulte su designio último.

La ex presidenta tampoco demostró desde que llegó al poder destreza para la construcción política. La tuvo, en cambio, para amasar un liderazgo después de la muerte de Kirchner. Su primer paso en falso grave fue la nominación inconsulta de Amado Boudou como vicepresidente en el 2011.

El tercer motivo político habría que rastrearlo entre los fantasmas que inevitablemente despierta cualquier competencia. No existen indicios de ninguna gran sorpresa en la hipotética batalla que le plantea Randazzo. Pero Máximo, su hijo, la habría alertado varias veces sobre el peligro de que el FPV haga las PASO mientras la coalición oficialista, Cambiemos, y el Frente Renovador de Sergio Massa presentan candidatos únicos. Detrás de la advertencia se ocultaría el temor de que muchos ciudadanos puedan votar en la interna del FPV sólo para castigar a ella. Si fuera posible, sacarla de juego para octubre. Una conjetura que aún carece de asidero. Una maniobra masiva de compleja ejecución.

A la cuarta razón no habría que buscarle demasiadas vueltas. La ex presidenta supone que sigue ejerciendo un liderazgo indiscutido en la oposición mayoritaria. Apuntalada por aquel 54% del 2011. Como si la derrota frente a Macri no hubiera respondido a la decadencia de su gestión y el hartazgo de su estilo. No concibe que alguien que fue súbdito suyo varios años en el poder ahora se atreva a enfrentarla. Se le puede colgar a semejante obstinación el calificativo que quiera.

La intransigencia en Buenos Aires se comprende todavía menos cuando se observa el desinterés de Cristina por el resto. Veamos los distritos principales: habrá internas en Mendoza; por lo menos con tres listas también en Santa Fé. La misma cantidad que en la Ciudad, donde la capacidad de apertura incluye al dirigente de izquierda de Patria Grande, Itaí Hagman, junto a Daniel Filmus con Mariano Recalde, y Gustavo Vera con Guillermo Moreno. Asombroso. Pero en la Provincia, nada.

Aquella terquedad de la ex presidenta habría comenzado, a poco del cierre de las alianzas, a generar reacciones impensadas. También dificultades. El ex gobernador, jefe de Gabinete y actual alcalde de Resistencia, Jorge Capitanich, subrayó todo lo que pudo en declaraciones radiales las virtudes de Cristina. Y su condición de candidata irreemplazable. Pero alertó que, ante la falta de unidad, lo más aconsejable consiste en su presentación en las internas. “Una líder de su condición siempre debe dar ejemplo”, afirmó.

Aunque él mismo se puso como tal. Recordó que para pelear la municipalidad de la capital chaqueña –que el radicalismo administró varios años-- debió sortear en primera instancia una primaria contra tres adversarios. “Venía de los más altos cargos y me ajusté a las reglas de juego”, señaló.

La mirada de Capitanich, a quien sólo un desnortado podría etiquetar de infiel a Cristina, es compartida por casi todos los gobernadores del PJ. Incluso varios, al margen de como resulte el desenlace en Buenos Aires, ya pusieron en duda su capacidad de proyección política para el 2019.

La postura de Cristina comenzaría además a provocar desacoples en el armado de las listas en caso de que ella desista de ser postulante. Scioli siempre está, pero su figura se ha devaluado por la herencia que dejó en Buenos Aires y los motivos de su vida privada que se transformaron en escándalo público. Algunas de las alternativas que se venían barajando para acompañar al ex gobernador empiezan a flaquear.

Martín Insaurralde parece abrumado por los temas de inseguridad que golpean a su distrito, Lomas de Zamora. Las estadísticas indican que la tasa de homicidio en esa zona del sur bonaerense se aparea en proporción con regiones de elevada criminalidad, como San Pablo o el Distrito Federal de México. A Verónica Magario tampoco le seduciría la idea de abandonar La Matanza, donde ha consolidado un poder territorial, para pelear por una banca en el Congreso. Menos en las condiciones convulsivas que presenta la interna del FPV.

El enigma de Cristina, que se extenderá hasta la inminencia del sábado 24 cuando cierre el armado de las listas, no parece ahora modificar los planes de Cambiemos ni del Frente Renovador, que exhiben sus cartas principales. En todo caso la pugna entre ellos consistirá en quien podrá desempeñar de mejor modo el papel de rival del kirchnerismo. Y sacar provecho de tal antagonismo. El macrismo posee su discurso polarizador y la capacidad de tracción que representa Vidal. El massismo a su propio diputado, verdugo de la ex presidenta en el 2013, y a la incansable Margarita Stolbizer. 

Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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