Lunes, 26 Junio 2017 00:00

La polarización o no, el gran dilema - Por Eduardo van der Kooy

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Cristina y Macri apuestan a un cara a cara. Massa y Randazzo, a romper esa lógica. Recién en octubre estaría claro el panorama.

 

El tablero político para las elecciones que se vienen quedó constituido, después del cierre de las listas, con una lógica de hierro. Habrá dos fuerzas políticas, Cambiemos y Frente de Unidad Ciudadana, el invento de Cristina Fernández, que apostarán a la polarización. Habrá otras dos, el PJ de Florencio Randazzo, y 1País, de Sergio Massa, que pugnarán por quebrarla. Es muy probable que el saldo de esa disputa recién despunte en octubre. Las PASO de agosto prometerían mayor horizontalidad porque la sociedad conoce que en esa instancia casi no se juega nada. La dirigencia argentina tiene un encomiable empeño por vaciar de sentido algunas normas que, bien utilizadas, podrían ayudar a mejorar la presente indigencia política.

Dentro de aquel paisaje general sobresale otra novedad. O una confirmación, tras la teatralización kirchnerista en el acto de Arsenal. La ex presidenta se propone erigirse en una líder por afuera del sistema tradicional. De allí, la razón del felpeo a los intendentes bonaerenses que la acompañan y ya braman. También el sacrificio a muchos de los decadentes halcones que le juraron fidelidad. Esa intención no surge únicamente del Frente de Unidad Ciudadana y de sus listas. También de algunas palabras de Cristina que causaron perplejidad a Florencio Randazzo, en aquel encuentro furtivo entre ambos del viernes a la noche. “La política somos sólo yo y la gente”, le repitió un par de veces. Sobrevoló detrás de esa definición un ineludible vaho místico.

La alusión de la ex presidente remitió a su módica gira europea de este año. Salvo en su paso por Grecia, frecuentó reuniones con agrupaciones –todas de izquierda– que aspiran representar los anticuerpos de los sistemas políticos vigentes y en crisis. Su agenda fue formateada entonces por el disidente Podemos de España, que conduce Pablo Iglesias Turrión.

Cristina suele con frecuencia recaer en las tentaciones fáciles. Personales o de conjunto. Alguna vez le ocurrió con la elección de Amado Boudou para la vicepresidencia. Ahora supone que se transformará en la colectora de los indignados argentinos que sufren la política económica de Mauricio Macri. Vale recordar: Podemos afloró en España a partir de la crisis de 2008 que congregó multitudes en la Puerta del Sol. Fue una etapa superior del Partido Izquierda Anticapitalista. Las traspolaciones, sin embargo, nunca resultan sencillas ni lineales. Iglesias Turrión fue una cara desconocida que irrumpió en la política española. La ex presidenta trasega la vida política desde 1989 cuando accedió a una banca provincial en Santa Cruz. Hay mucha gente, es cierto, que la pasa mal por la situación económica. También hay mucha de esa misma gente que sabe que, en buena parte, eso es consecuencia del desastroso manejo durante los últimos cuatro años kirchneristas. Los verdaderos indignados, para colmo, parecieran estar en otro bando. Son los que siguen rumiando bronca por la corrupción impune. Por las seis causas judiciales que involucran a la propia ex presidenta. Por la malversación de fondos en la obra pública que apuntan a Julio De Vido. Por los bolsos revoleados con millones de dólares del ex secretario encarcelado, José López.

Cristina, en su nueva ilusión y su afán maquillador, terminó por homenajear otra vez a Jaime Durán Barba. Incluso más que el propio macrismo, que desoyó sus consejos para que Gladys González ocupara el primer lugar de la candidatura a senador en Buenos Aires. El podio quedó para Esteban Bullrich. La ex presidenta ha decidido cambiar los patrones de su espectáculo que en el poder manejó con eficiencia Javier Grosman, numen de Tecnópolis. Abunda ahora mucho más el marketing que el mensaje político. Se observó en Arsenal. Fue ratificado con la confección de las listas: nombres casi desconocidos en los primeros lugares aunque de inquebrantable fidelidad. Escuchó a Axel Kicillof. Fernanda Vallejos, primera candidata a diputada, es discípula suya. “Vení chiquito” (así lo llamó durante una cadena nacional) conserva mucha influencia sobre ella. La ex mandataria hizo sólo dos excepciones entendibles y paradojales. Fernando Espinoza, el ex alcalde de La Matanza, coló en el tercer lugar. Es su fortaleza electoral del conurbano. Daniel Scioli resultó relegado al quinto casillero. Viene derrapando. Son, respectivamente, el titular del PJ bonaerense y el vicepresidente del PJ nacional. Ambos batallarán contra su partido, que representará Randazzo. Casi un perfecto mamarracho.

Una señal clara de que Cristina ha resuelto atrincherarse en Buenos Aires despreciando todo lo demás, la refleja el lote de candidatos ultras que ungió para la legislatura bonaerense. Algunos: el intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra; la diputada Teresa García; Carlos “Cuto” Moreno y la polémica decana de la Facultad de Periodismo de La Plata, Florencia Saintout. Aquella que premió a Hugo Chávez como adalid de la libertad de expresión. La estrategia estaría en superficie: la idea es obstaculizar la gestión de María Eugenia Vidal. Cristina sabe que el posible desorden en la Provincia sería un golpe con onda expansiva para la gestión de Macri.

La ex presidenta, pese a todo, no tiene resuelto un problema que irremediablemente derramará en la campaña. Le pesa el pasado. Lo elude o lo niega. No respondió las numerosas menciones de catálogo que le formuló Randazzo. Salvo una: admitió que la candidatura a gobernador de Aníbal Fernández había sido un serio error. A esa altura el dirigente quilmeño aún atesoraba alguna ilusión. Los ojos se le vidriaron a Cristina cuando su interlocutor citó a Alberto Fernández, ex jefe de gabinete. Pero selló su boca. Soportó la andanada esperando que, al final, Randazzo aceptara su oferta para acompañarla en una lista de unidad. Tanta paciencia con el dirigente que ninguneó desde el comienzo podría desatar un interrogante: ¿Contempla Cristina, aunque sus números sean auspiciosos, la posibilidad de su derrota en Buenos Aires?

Debe ser así, sin dudas, por las presiones que ordenó sobre las vecindades de su ex ministro del Interior y Transporte para que declinara la competencia. La pieza clave para esa operación fue Juan Zabaleta, el intendente de Hurlingham. Máximo Kirchner lo telefoneó. Pero el resto de los alcaldes que rodean a Randazzo, sobre todo Gabriel Katopodis, de San Martín, resultaron un verdadero contrapeso. De ese forcejeo nació la postulación de Eduardo Bucca, intendente de Bolívar, como primer candidato a diputado. También el ofuscado retiro de Julián Domínguez, ex titular de la Cámara de Diputados.

El cierre de Massa transcurrió más previsible aunque tampoco exento de escaramuzas. La diputada Victoria Donda se terminó separando de la sociedad en Buenos Aires. Inexplicablemente el diputado demoró sus anuncios conjeturando algún ardid sorpresivo de Cristina que no ocurrió. La estrategia massista pareciera encerrar a priori una contradicción. Se propone transitar la “amplia avenida del medio”, a igual distancia de Cristina que de Macri. Para ensayar, como Randazzo, la fractura de la polarización. Pero su candidatura a senador, en los hechos y en el mensaje, enfila a frenar sobre todo a la ex presidenta. El equilibrio pregonado resultará complejo.

El macrismo no sufrió mayores contratiempos. Apenas la caída de Facundo Manes como candidato a diputado a Buenos Aires. Macri ordenó no facilitarle el acceso cuando rechazó convertirse en ladero de Graciela Ocaña. Después emergió el innegable protagonismo de Elisa Carrió. Gran recaudadora política. No sólo por la confección de las listas en Ciudad y Buenos Aires. Filtró al diputado Fernando Sánchez como futuro funcionario en la comarca de Marcos Peña, el jefe de Gabinete. Su cargo alumbrará con los cambios ministeriales después de octubre. Pero tendrá relación estrecha con la tarea que el oficialismo prevé para el Congreso.

En un sistema partidario desvertebrado como en la Argentina, el manejo del Estado representa un elevado hándicap. Lo supo el kirchnerismo durante una década. Lo corrobora agriamente ahora desde el llano. A la inversa del macrismo.

Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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