Miércoles, 28 Junio 2017 00:00

Elecciones: el Gobierno confía, pero nada es seguro en política - Por Daniel Muchnik

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Han pasado 17 meses desde que asumió pero varias de sus promesas no se han cumplido, mientras el consumo está en caída precipitada, cierran por miles pequeñas y medianas empresas, se ha acrecentado la deuda externa en tanto no se reduce el déficit fiscal

 

El padrón electoral de la provincia de Buenos Aires es igual al 37% del total. Sólo el Gran Buenos Aires en sus distintos cordones representa el 26% del universo provincial. Cristina Fernández no se ha arriesgado a aparecer ante la opinión pública en cualquier lugar del país sino precisamente allí, donde están las zonas carenciadas con habitantes que añoran los subsidios, los manejos espurios en las estadísticas nacionales que brindaban un país imaginario. En el interior no la extrañan y la consideran culpable de muchos males.

Con su aparición, aunque se refugie en otra sigla, se puede ver la movida como una fragmentación del peronismo. Los gobernadores peronistas no la quieren, el peronismo civilizado no le guarda simpatías porque su doctrina es la pelea y el enfrentamiento cuando ellos quieren dialogar. El peronismo histórico la rehúye, la considera una destructora de principios históricos del movimiento.

Ese peronismo ha sufrido muchísimas mutaciones desde 1955. Carlos Menem, con su convertibilidad, desoyó el eje de lo que se consideraba como la pureza de los principios. Kirchner y luego Cristina aplicaron su propio método y estrategia para mantener el poder, de manera diametralmente opuesta. Utilizaron los derechos humanos, los politizaron, los usaron como quisieron y de paso se montaron arriba del recuerdo de los militantes armados de los 70 como si fueran los héroes de una generación.

El entorno del presidente Mauricio Macri cree que todas estas condiciones lo benefician. Dan todo por ganado. Demuestran soberbia porque no tienen la victoria en el puño. Porque hay "peros", y esos "peros" están siendo subestimados. La realidad es distinta a la de 2015, cuando el PRO, poquísimas veces se asumió como Cambiemos, salvo sus conveniencias, se encaramó al poder, en cierta parte por una sociedad espantada por los candidatos cristinistas, no por una adhesión definitivamente partidaria. No era su victoria como una pasión partidaria sino que dependió de las circunstancias. Tuvo que dar pruebas de que podía. ¿Pudo?

Han pasado 17 meses desde que asumió pero varias de sus promesas no se han cumplido, mientras el consumo está en caída precipitada, cierran por miles pequeñas y medianas empresas, se ha acrecentado la deuda externa en tanto no se reduce el déficit fiscal, probaron con el esquema de ensayo-error que dio resultados polémicos e irritantes. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el desempleo es del 9,2% de la población (un millón setecientos mil argentinos), por encima del registro del 7,6% de un relevamiento anterior. El desempleo juvenil es más grave: 20,1%, más pronunciado entre las mujeres, mientras la desocupación en ese escalón etario es del 17,2 por ciento.

Hay estadísticas más impactantes: los niveles de pobreza, que se arrastra desde hace años, ya se llevan puesto un argentino entre tres. Una muestra denigrante del estado del país. Es una pobreza que se expresa en situación crítica de necesidad y hambre. Muchas familias sólo comen, si comen, una vez por día. Las inversiones que llegarían fácilmente según los vencedores no se concretaron a la espera por si la Argentina logra un equilibrio político que todavía no lo tiene. Sin inversiones no hay empresas y sin empresas no hay ni trabajo ni esperanzas.

El Gobierno ha tenido sin duda varios éxitos, uno de ellos, su política exterior, los aplausos de magistrados extranjeros al camino emprendido, el conocimiento de que Argentina no es Venezuela segunda y no lo quiere ser. Son logros para el aplauso pero eso no impacta entre los pobres, los que añoran la política del subsidio, las tarifas bajas, que fundieron a las empresas proveedoras del servicio.

Paralelamente a ello, el Observatorio Social de la Deuda Social de la Universidad Católica que realiza investigaciones constantes sobre la temperatura de las carencias tampoco olvida que ha aumentado el consumo de drogas entre los desahuciados, entre los jóvenes que no hallan ubicación y entre los desesperados porque no encuentran trabajo. Naturalmente, la falta de trabajo tiene vínculo estrecho con la violencia. Los investigadores encuentran varios condimentos que alimentan la corrupción, la violencia y la inseguridad. Según el último libro de Marcelo Sain (Por qué preferimos no ver la inseguridad) el derrumbe tiene sus orígenes en la complicidad de la policía con los maleantes, con los jueces venales y con los políticos de turno. De lo contrario, no habría tantas zonas liberadas para que las bandas hagan allí la que quieran.

Hay otros hechos graves. Por un lado, que los Tribunales todavía no se han expedido con los procesados por corrupción pero sin sentencia, que viajan con libertad, que se mueven como santos inocentes. Es increíble: la segunda que acompaña a Cristina Fernández en la futura confrontación ha llegado a decir: "La corrupción es un invento de los medios". Tienen impunidad para decir cualquier barbaridad.

Pese a todo ello otra investigación ha llegado para abrir la boca por un largo tiempo por la sorpresa. Un tercio de los encuestados ha señalado que la corrupción no le interesa con tal que cualquier gobierno le dé lo que necesita para vivir. Esto da para ensayos sociológicos y antropológicos pero también políticos. Por supuesto, como asunto de extrema importancia.

Cristina Kirchner apelará a los desesperados, aunque esté asentada en los violentos barrabravas de La Cámpora, que siguen idealizando lo que fue una hecatombe y en aquellos que no tienen otro lugar en la política argentina. Que están "quemados" por su extrema adhesión al populismo.

Es indudable que el oficialismo cree que tiene todo bajo control. Sería importante que no se descuide. Un triunfo de Cristina Fernández sería un castigo espectacular para el PRO. Representaría el retorno de la ex Presidente a la política activa (por el momento no será ignorada por la historia). Y le daría ínfulas al populismo extremo a que puede, con suerte, volver a las andadas en los puestos máximos. 

Daniel Muchnik
Twitter:@dmuchnik

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