Martes, 04 Julio 2017 00:00

Esperanzas posteriores a octubre - Por Carlos Mira

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Según indican las principales informaciones, el gobierno prepara un programa amplio de reformas en campos vitales de la economía y de la organización institucional de la Argentina para el caso que gane las elecciones de Octubre.

 

Se trata de modificaciones profundas en la legislación laboral, impositiva, previsional y en las normas que gobiernan el esquema de administración de justicia en el país.

Hay muchos que se preguntan por qué no se encararon antes; por qué no se aprovechó el triunfo de 2015 para hacer lo que era imperioso hacer para aumentar la productividad argentina, bajar la enorme carga de impuestos que ahoga la generación de trabajo y torna incompetitiva nuestra producción y aliviar a la sociedad del enorme peso que carga la sociedad al tener que pagar miles de millones en cheques previsionales por mes.

Pero habrá que concluir que el gobierno no disponía de esa posibilidad en ese momento. Logró sí destronar una cleptocracia indignante que hundió al país fruto de un daño inmenso, pero no le alcanzó para construir una base de apoyo legislativo que le permitiera avanzar en todos esos aspectos.

La reforma impositiva que desmarañe la inmensa trama de regulaciones contradictorias y superpuestas que encarecen la generación de cualquier negocio es un imperativo ineludible si el país quiere hacer realmente un click; producir un punto de inflexión que lo expulse del pasado dirigista y que lo impulse a un futuro suelto, libre, fecundo para sembrar nuevas ideas, innovaciones y creatividades que, por cierto, no le faltan.

La modificación a una estructura gremial enquistada en un poder que le saca salario del bolsillo a los trabajadores y capital de trabajo a las empresas es otra de las reformas que no puede esperar.

Si las leyes impositivas se acumulan como capas geológicas y aplastan la ingeniosidad productiva, las laborales son una estafa pata los que menos tienen que, como no podía ser de otra manera, han visto, en los últimos 70 años, cómo la población de trabajadores en negro, informales, sin ningún tipo de cobertura crecía exponencialmente.

Los sindicatos se han limitado a reclamar que los empresarios cumplan con la obligación de contratar en blanco. Pero si eso se hiciera no quedaría una sola pyme en pie. Probablemente sobrevivirían a un costo enorme las grandes empresas que no pueden darse el lujo de vivir en la marginalidad, pero la gran masa que da trabajo en la Argentina –las pequeñas y medianas empresas- caerían víctimas de los sindicatos y de las cargas laborales.

Los juicios han mandado a la quiebra a más de una compañía, con la consiguiente pérdida de las fuentes de trabajo, y el kirchnerismo se las ingenió para que esa industria renaciera luego de que la ley de ART los mitigara hacia el fin del siglo pasado.

Esa es otra área en donde el tiempo no debe perderse: una banda de abogados, sindicalistas, médicos y peritos le roban literalmente el pan de la boca a los trabajadores bajo el engaño de defenderlos de las empresas que los “hacen” accidentar.

¿Y qué decir del gasto público consolidado, si gran parte de él se compone de pagos previsionales y gastos provinciales irresponsables? No hay duda de que el país debe dar vuelta como una media la ley de coparticipación y cargarle la responsabilidad recaudatoria principal a las provincias para que los centros de gasto y recaudación estén unificados por primera vez en la Argentina. Hoy los gobernadores son centros de gasto inexplicado que luego buscan financiar haciendo jugar su peso político en el Congreso. Esa extorsión no va más: deberán programar sus haciendas para que la recaudación fiscal alcance a sus proyectos y a lo que es su deber devolver a la sociedad y coparticipar a la Nación con el saldo y no al revés, como es ahora.

En materia previsional es urgente una reforma profunda. No es posible que cada trabajador activos banque a un jubilado como resulta en la práctica actual. Se entiende a nivel actuario internacional que la relación debe ser 4/1 o 3/1 como máximo. En la Argentina es prácticamente 1/1. Esa carga es insoportable.

Todo el mundo vive creído que hemos ido completando una legislación humanitaria que resguarda los intereses de los que menos tienen y que los pone a salvo de las salvajadas de la libertad.

Pero en la práctica desde que esa legislación comenzó a gestarse, los trabajadores no han hecho otra cosa que estar peor; las villas miseria aparecieron primero y se multiplicaron exponencialmente después (en especial durante el gobierno “nacional y popular” de los Kirchner);

el trabajo en negro abarca casi la mitad de la economía; la pirámide jubilatoria se ha aplanado de tal modo que casi el 80% de los jubilados cobra las pensiones mínimas… Es decir la “economía social” ha sido, como no podía ser de otra manera, una gran estafa.

Una enorme proporción de la sociedad vive de una u otra manera cobrando un cheque del Estado. Esa es otra anomalía que debe terminar. Un gobierno debería juzgar su performance por la cantidad de planes sociales que eliminó (porque los reemplazó con trabajo genuino y bien pago), no por la cantidad de planes que implementó. Y a eso debe tender la segunda parte del gobierno de Cambiemos.

Si como indican los números actuales, el equipo del presidente se dirige a un triunfo en octubre, no deberían demorar en poner manos a la obra en estas y otras muchas reformas que, por no hacerse durante décadas, han transformado y condenado a la Argentina a ser un país gris, estancado, en el que pasan los años y la riqueza no se multiplica, porque entre otras cosas esa cultura nos convenció de que no puede aumentarse y que la única manera de que los que viven peor vivan mejor es ir a sacarle parte de lo que tienen a los que ya lo tienen. Pocas veces una burrada envidiosa y cargada de un resentimiento bilisoso ha calado tan hondo en una sociedad. Desterrar esa ignorancia también debe convertirse en una estrella-guía de la administración del presidente Macri.

Es probable que si el presidente no se hubiera dejado convencer por alguno de sus gurúes y hubiera informado al pueblo acerca del verdadero estado en que encontró al país área por área (no con un mamotreto increíble como “El estado del Estado”) sino con un lenguaje llano y fácil, algo de todo este trabajo ya podría haberlo empezado, porque hubiera habido muchos que habrían comprendido la verdadera magnitud de nuestra bancarrota. Pero eso no se hizo. Esa oportunidad se perdió. Esperemos que si gana las elecciones, el presidente no encuentre otra excusa en lo que debe hacerse para ganar en 2019, para no hacer lo que hay que hacer. Y que al contrario se convenza que solo haciendo lo que hay que hacer tendrá a su disposición la posibilidad de un segundo y último mandato.

Carlos Mira

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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