Domingo, 09 Julio 2017 00:00

Lluvia negra kirchnerista - Por Eduardo van der Kooy

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La centralidad de Julio De Vido en la campaña es un incordio para Cristina. Un alivio para Macri y un bocado para Massa.

 

Acaba de instalarse un conflicto cuyas consecuencias exceden el destino de la campaña electoral. La solicitud de indagatoria, desafuero y detención por el ex ministro Julio De Vido, formulada por el fiscal Carlos Stornelli, impacta de múltiples maneras sobre el sistema político y las instituciones. Están bajo la lupa colectiva el Congreso, la acción de la Justicia y la conducta de los principales líderes políticos.

Aquel conflicto se incrusta como una cuña en la campaña que ya se desperezó. Aunque habría que esperar su trasiego para arriesgar los primeros resultados, puede conjeturarse algo. Difícilmente el escándalo que coloca a De Vido en como eje de la escena modifique de modo sustancial el núcleo de votantes incondicionales que Cristina Fernández exhibe en Buenos Aires. Se trata de una adhesión con aparente inmunidad a todo.

En el mismo plano conjetural se podrían realizar otro par de apreciaciones. La presencia de De Vido en la campaña activa el pasado de la corrupción kirchnerista. Junto a los bolsos del ex secretario de Obras Públicas, José López, la ruta del dinero K de Lázaro Báez y los lavaderos de dinero, con fachada de hoteles, pertenecientes a la familia Kirchner. Sería una buena noticia para los candidatos de Cambiemos. Entre otras cosas, porque los alivia frente a la ímproba tarea de explicar las penurias económicas. El Gobierno posee para aquella tarea manos artesanas. Elisa Carrió, Graciela Ocaña y hasta María Eugenia Vidal.

Sin embargo, en aquel teatro público, Cambiemos podría toparse con una competencia vigorosa e inesperada. Sergio Massa demostró que no está dispuesto a regalarle a Cambiemos la vidriera con De Vido. De hecho, impulsó maniobras audaces. Promovió su destitución del Congreso. Un hecho drástico que no depende del pedido de desafuero ya rechazado por el juez Luis Rodríguez, que entiende la causa por la desaparición de fondos millonarios para la ejecución de obras, nunca realizadas, en los Yacimientos Carboníferos de Rio Turbio (YCRT). En verdad, el diputado de 1País hizo un pedido que cuenta con tres presentaciones anteriores en Diputados. Todas del oficialismo: de Carrió, del diputado de Santa Cruz, el radical Eduardo Costa, y de la diputada del PRO, Silvia Lospennato.

También renunció junto con sus candidatos de 1País a los fueros que conceden la inmunidad de detención. Un gesto de dudosa consistencia legal. Lo hicieron además algunos miembros de Cambiemos. La idea de todos consiste en contrastar esa conducta con la de la ex presidenta: ella va, precisamente, a buscar la protección frente a las causas de corrupción que la acechan.

Massa cuenta para enrostrar al kirchnerismo los estragos de la corrupción con protagonistas tan eficientes como Carrió u Ocaña. Tiene a su lado a Margarita Stolbizer, la diputada del GEN, hurgadora de los negociados de los Kirchner. Pero dispone un adicional en otro terreno. Se puede enfocar, sin sufrir recriminaciones, sobre los problemas económicos. Ha pivoteado en torno a varios de ellos. Aunque todavía no parece haber dejado en claro un asunto estructural. Como congenia sus propuestas de coyuntura (por caso, para bajar el precio de los alimentos) con aspectos del orden macroeconómico que, cualquiera sea el resultado electoral, Mauricio Macri deberá afrontar luego de octubre. Si es que conserva el deseo de no consumirse simplemente como un gobierno de transición.

En suma, Massa conserva una ventaja objetiva sobre Cristina y Cambiemos. No le incomoda introducirse ni en los debates de la corrupción ni en los asuntos económicos. Del mismo hándicap dispuso también en las presidenciales del 2015. Pero no le alcanzó para el salto final. Tal vez por ese motivo el postulante a senador ha decidido encarar esta campaña como si se tratara de sus orígenes. Insiste que se trata del único candidato capaz de vencer nuevamente a la ex presidenta. Un sobrevuelo alrededor del 2013.

A Cristina el escándalo De Vido puede enrevesarle la campaña discursiva y escénica. El destape sobre el ex ministro podría convertirse en una lluvia negra, como aquella de Hiroshima. Quizás insista con el ensayo de equiparar su corrupción con la del macrismo. Pero se muestra inofensiva y expuesta ante Massa. A Florencio Randazzo lo espera, ante la posibilidad que el candidato del PJ se ponga salvaje con su lengua.

El desafío para la ex presidenta reside en el Congreso. Hasta ahora demostró una enorme capacidad para disciplinar a los suyos. Pero el propio De Vido representó el año pasado un punto de inflexión en su fuerza. Que probablemente la haya inducido a buscar fueros en Buenos Aires, desentendiéndose del liderazgo nacional. En mayo del 2016 el juez Rodríguez solicitó una autorización al Congreso para allanar un departamento del ex ministro de Planificación en una causa por enriquecimiento ilícito. Esa investigación data del 2008. Nueve años. Y sigue. Diputados demoró dos meses en concederle el permiso. Fue aprobado por 139 votos a 47. Pero esa decisión no resultó indiferente al kirchnerismo. Veintiséis de sus legisladores prefirieron ausentarse, antes que exponerse en público resguardando a De Vido.

Otro desencadenante, al poco tiempo, fue la escisión en el FPV de los seis diputados del Movimiento Evita. Esa agrupación social, con raigambre en la Provincia, milita ahora con Randazzo. Aunque sufrió desgajamientos de último minuto. El ex canciller Jorge Taiana, uno de sus miembros, está junto a Cristina en la lista bonaerense de senadores.

También el juez Rodríguez está en observación como nunca. En ese lugar lo colocó el súbito pedido de Stornelli contra el ex ministro que con premura se ocupó de desestimar. Aquel hombre de Comodoro Py, que aterrizó allí envuelto en polémicas, tendría tiempos y caminos más acotados que tiempo atrás. Puede iniciar el proceso judicial contra De Vido, como lo permite la Ley de Fueros, sin necesitar el desafuero. De un modo similar transitó 22 años la causa de Carlos Menem por el tráfico ilegal de armas a Croacia y Ecuador. Pero el presente no es idéntico a ese pasado.

La presión social podría incidir en los comportamientos del Congreso, que son esquivos y cambiantes para abordar temas críticos. De Vido debería considerar algo: la actual composición de Diputados sería quizás más favorable para sus intereses de la que alumbraría en octubre. Por una razón: Cambiemos no existía como tal en el 2013. El PRO ni siquiera intervino ese año en la elección de Buenos Aires. El oficialismo junta ahora 82 diputados sobre 257. Hacen falta los dos tercios (171) para disponer sobre él una hipotética sanción. La destitución, por caso. Claro que se trata de una proporción que se calcula sobre los legisladores presentes. Eso podría llevar al kirchnerismo a especular con la ausencia o con el repentino ingreso al recinto. El costo social sería grande.

Ocurre además otra cuestión. De Vido nunca ha sido un funcionario y ahora diputado capaz de generar solidaridades. En el primer caso, porque su reporte directo fue siempre con Néstor Kirchner. Jamás con Cristina. En el segundo, porque hasta el ultrakirchnerismo barrunta que el ex ministro representa la Caja de Pandora de la corrupción de la “década ganada”. Suele tomar distancia prudencial de él.

Los diputados parecen decididos a correr según la orientación de los vientos. El asunto De Vido los expone a la exigencia máxima. La semana pasada brindaron indicios de tal sensibilidad, en épocas de campaña, ante indignación popular por la inseguridad. Votaron la Ley que limita las excarcelaciones para los delitos graves. También la libertad condicional y las salidas transitorias para los condenados por robo con armas, abuso sexual, trata de personas y narcos.

Existe otro debate sobre la seguridad que es mucho más hermético. Se circunscribe a Macri y a Vidal. Esa inquietud tampoco está desligada de la campaña. No sólo se han exacerbado las protestas callejeras. También los intentos de escraches y amenazas anónimas contra el Presidente y la gobernadora de Buenos Aires. Fue desmontada en la ESMA una línea telefónica donde se recibían numerosas de esas intimidaciones.

Vidal resultó abordada en Mar del Plata, cara a cara, por un hombre con alteración mental que sorteó con sencillez todas las custodias. Hace tres semanas un automóvil atropelló las rejas de la Casa Rosada e ingresó. El responsable está ahora detenido en un neuropsiquiátrico. No fueron episodios de connotaciones políticas. Pero denunciaron precariedad en el entorno de los dos gobernantes más importantes de la nación.

El Presidente ha terminado por aceptar un protocolo más estricto. Aunque atente contra sus hábitos de informalidad política. Resolvió dejar de improvisar cuando anda de recorrida por el interior o en la calle. La Casa Militar planifica. La Policia Federal, Gendarmería y Prefectura controlan sus desplazamientos.

La realidad de Vidal resulta más compleja. Su custodia cercana la conforman agentes de la ex policía metropolitana a quienes conoció como vicejefa porteña. Son los encargados de velar por la seguridad en el predio de la Base Aérea de Morón, donde vive con sus hijos. El resto de la tarea corresponde a la policía bonaerense. La misma fuerza que tuvo 2500 bajas y 5 mil sumarios administrativos desde 2016. Que observa como caen además, por orden de la mandataria, algunas de sus cajas y privilegios.

Un conflicto evidente de intereses que atenta contra cualquier certidumbre. 

Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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