Miércoles, 12 Julio 2017 00:00

Por qué Cristina necesita a Massa - Por Eduardo van der Kooy

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Las elecciones legislativas posibilitarán varias lecturas. Aunque la elección en Buenos Aires, por supuesto, inclinará aquella interpretación hacia un lado o hacia el otro. Las diferentes lecturas podrán provocar una fuerte revulsión en la oposición mayoritaria. Cambiemos, la coalición oficialista, también tendrá, en mucha menor escala, lo suyo. El PRO versus la UCR y la Coalición.

 

El discurso público oficialista empezó a hacer hincapié en la existencia de escenarios alternativos. Marcos Peña comenzó a instalar una idea cuyo objetivo sería proteger al Gobierno de un hipotético resultado adverso en Buenos Aires. El Jefe de Gabinete afirmó que el cristinismo representará una expresión “minoritaria” en el orden nacional. Ocurre que, en efecto, Cristina Fernández resolvió concentrar su apuesta política sólo en el principal distrito electoral. El Frente de Unidad Ciudadana, que inventó con el propósito de apartar al PJ, se presentará como tal únicamente en cinco provincias más. Sobresale por su volumen la Ciudad. Luego figuran Neuquén, Catamarca, Misiones y Chaco. En Santa Cruz, Chubut, Rio Negro y Formosa se mantiene viejo el Frente para la Victoria (FPV). Pero, en casi todos los casos, con el PJ desmembrado.

El tópico formoseño posee huellas de kirchnerismo inconfundible. El regreso de las candidaturas testimoniales, como sucede también con algunos intendentes del conurbano. En este caso el testimonial será el propio gobernador. Gildo Insfrán se anotó como candidato a senador en tercer lugar. Una extravagancia: sólo se renuevan dos legisladores de su fuerza en la Cámara Alta. También un ardid: el mandatario se estaría cubriendo ante la posibilidad que no logre ser reelecto de nuevo en el 2019. Gobierna desde 1995. Con la renuncia de uno de los dos senadores que piensa incorporar por la mayoría al Congreso en octubre–el restante corresponderá a la oposición-- se le abrirían las puertas de un blindaje. Obtendría los hoy controvertidos fueros.

Siempre conviene recordar algo. Insfrán posee varias denuncias en su contra. Aunque la más seria se vincula con la empresa The Old Found. Esta consultora fantasma que supieron manejar Alejandro Vandenbroele y Amado Boudou, el ex vicepresidente, se ocupó del asesoramiento para reestructurar la deuda provincial. El gobierno formoseño le pagó $7.5 millones –con retornos-- que nunca pudo justificar.

Observando el panorama, resulta factible especular con aquella idea de que el cristinismo termine siendo la tercera fuerza en el orden nacional. Salvo un par (Alicia Kirchner e Infrans) ninguno de los gobernadores del PJ avalaron la maniobra de la ex presidenta de conformar otro Frente. En ese caso, mirando las cifras globales, Cambiemos, aún resignando Buenos Aires, podría quedar en el primer lugar y el pejotismo en el segundo. La coalición oficialista se presenta en 23 de los 24 distritos. Tal conjetura, entonces, tendría asidero. Hasta cabría entre las presunciones de Florencio Randazzo: si llega a consumar una elección digna en la Provincia (merodeando los dos dígitos) podría instalarse con alguna ambición dentro de la liga de mandatarios provinciales que aspira a renovar al peronismo.

Para tener en cuenta aquel rompecabezas resultará incluso crucial lo que ocurra en Buenos Aires. Una victoria de Cristina pondría en peligro los cimientos de aquella incipiente renovación pejotista. Porque no se vislumbran en ese espacio dirigentes de talla para discutirle la autoridad a la ex presidenta. Asoma Juan Schiaretti, en Córdoba, con una trayectoria prolongada. Bastante más rezagado, Juan Manuel Urtubey, el gobernador de Salta.

El teatro de Buenos Aires aparece todavía con una coreografía incierta. Las encuestas son muy preliminares por tres razones. Cuatro semanas y media significan un tiempo muy largo en las preocupaciones del ciudadano común. Los resultados deberían, por lo tanto, tomarse con pinzas. Existe además un forcejeo entre las interpretaciones de los números y lo que fríamente representan. El discurso enfila hacia la inexistencia de una polarización. Podría ser. Aunque tampoco se verifican las opciones por tercios. Hay dos bloques con mayor densidad, los de Cambiemos y el Frente de Unidad Ciudadana. Otro que sigue con buenas posibilidades, pero algo más abajo, liderado por Sergio Massa y Margarita Stolbizer.

Al único de los tres bandos que le convendría aquella polarización sería al Gobierno.

Aunque esa estrategia de Cambiemos, en estas horas, estaría vacilando. De hecho, el macrismo ha empezado a despersonificar la campaña en torno a Cristina. Le alcanza para lastimarla con la Justicia en primer plano ventilando sus causas de corrupción. También las de varios de los símbolos de la “década ganada”. La centralidad de Julio De Vido, en ese sentido, representa un aporte incalculable. La discusión de los fueros gira alrededor del ex ministro de Planificación. El debate sobre su posible destitución, postergado hasta la semana que viene, es otro condimento para el plato de Cambiemos. Esas noticias sumadas a otras en idéntica dirección ayudarían a sostener la elevada imagen negativa que la ex presidenta conserva en la Provincia y el país. La que otorga vecindad a su piso y su techo electoral.

Convertir permanentemente a Cristina en eje del mensaje público de Cambiemos encerraría un riesgo. Que opositores al macrismo (¿por qué no franjas marginales de la izquierda?) optaran por la ex presidenta simplemente para causarle daño a Mauricio Macri. Eso explica el matiz que el oficialismo ha introducido en su campaña.

Cristina viene también produciendo alguna metamorfosis. La divulgación de varias de sus conversaciones con Oscar Parrilli, en las cuales condenó durante a Massa y Stolbizer, parecieron calzar bien en sus necesidades políticas. Tanto el diputado del FR como la diputada del GEN aprovecharon la oportunidad para colocar a la ex presidenta como centro de gravedad de su campaña. Ambos pelean con Cambiemos el patrimonio de la confrontación con la ex presidenta. Las dos fuerzas exhiben pergaminos: Massa, con la prescindencia macrista en Buenos Aires, enterró en el 2013 los sueños de permanencia kirchnerista; Macri sacó provecho dos años mas tarde desalojando a Cristina de la Casa Rosada.

Massa y Stolbizer se ofrecen, entonces, a los votantes que se oponen a la ex presidenta. Pero que, además, están desencantados y castigados por una economía que en un año y medio el Gobierno no consiguió reanimar.

La consolidación de Massa no constituiría una mala novedad para Cristina. Porque, objetivamente, dificultaría el crecimiento de Cambiemos en Buenos Aires. Ese fenómeno podría desatarse sólo con una polarización natural. Las encuestas cualitativas señalan, en todos los casos, la existencia de un potencial e importante flujo de votantes entre Cambiemos y 1País. Si Massa se mantiene como una opción sustentable la ex presidenta podría hacer valer el tercio alargado de votantes incondicionales que recluta, en especial, en el conurbano. Suficiente, quizás, para acercarse a la victoria.

El examen consta de dos instancias. Las PASO de agosto arrimarán, tal vez, una radiografía electoral horizontal. La sociedad sabe bien, por obra de la clase política, que nada se juega en esa elección. Tal conciencia colectiva hasta podría afectar los niveles de asistencia a votar. La verdad alumbrará en octubre. Nadie se atreve a pronosticar aún, ni en el oficialismo ni en la oposición, como incidirá el ensayo previo. 

Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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