Viernes, 14 Julio 2017 00:00

En el Gobierno le agradecen a De Vido y le ponen fichas al voto institucional - Por Hugo Grimaldi

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Mientras a Jaime Durán Barba las cuestiones institucionales no le mueven la aguja porque él cree científicamente que ese tipo de cosas no penetran en el votante medio, en fuentes del ala política del Gobierno dicen confiar en el poder de la transparencia como un valor que podría confrontar exitosamente en las elecciones con el paradigma del voto económico y, al respecto, le agradecen a Julio De Vido su supuesta mención cuasimafiosa, a la hora de aludir a conexiones del kirchnerismo con empresas allegadas a Mauricio Macri.

 

Más allá del mérito que le asignan a su propia postura de no negar la pobreza y de haber resucitado el Indec, aseguran que ser cristalinos hoy resulta ser un formidable antídoto contra el facilismo kirchnerista que todo lo consiente en nombre del bienestar del pueblo y, es más, chuzean que si es necesario el Presidente no tendrá ningún empacho en entregar a amigos y a parientes no sólo para que no lo corran con un cuatro sino esencialmente para predicar con el ejemplo.

El propósito de dar pelea a la corrupción estructural se atajan es "bien difícil de concretar", tras años y años de gobiernos peronistas, radicales y militares, durante los cuales la sociedad escuchó la misma música de alabanzas al Estado-papá, deficitario, cerrado y naturalmente apegado a la patria contratista, esquema en el que abrevaron varias generaciones, incluida la del Presidente, mientras en la carrera, el mundo se cansaba de superar en casi todos los ítems a una Argentina cada vez más degradada en cuerpo y en alma.

Y ante la pregunta sobre si adicionalmente se presume que ese camino que el Gobierno está explorando será el que finalmente evite que los inversores le sigan corriendo el arco de elección en elección mientras en sordina pujan por un ajuste mayor, recitan en línea con la bronca que expresa el Presidente con los empresarios locales que "eso es adentro del país, porque los de afuera, de a poco se animan". Luego, ante una pregunta sobre si ¿no la ponen porque le tienen miedo al regreso del populismo? retrucan con énfasis: "al contrario, deberían ponerla ahora mismo, porque lo único que va a frenar al populismo es el empleo que resulte de la inversión".

Toda esta predicación sobre temas conectados entre sí, que el periodista atribuye al tiempo de elecciones, le fue derramada con énfasis hace dos días en una charla informal que tuvo con un funcionario con rango de ministro, aunque no es parte del círculo más íntimo y decisorio de la Casa Rosada. La charla vino a cuento de las supuestas palabras de De Vido, que el fiscal Carlos Rívolo le ha pedido al diputado ratificar, negar o aclarar: "Que el Gobierno siga jodiendo y yo voy a dar a conocer las cuentas", las de "Franco Macri con Ricardo Jaime y las de (Nicolás) Caputo con (José) López", publicó Clarín.

Según advirtió Rívolo, el ex ministro de Planificación deberá "tener mucho cuidado" si realmente confirma los supuestos dichos porque "claramente sería un imputado si tuvo actuación en un pase espurio de dinero entre cuentas". Ayer, finalmente De Vido contestó con un escrito al fiscal, en el que negó haber amenazado con un "carpetazo" por sus problemas judiciales.

En el fondo, el interlocutor del Gobierno supone que la cosa no deja de ser un bluf del diputado para mostrarse fuerte o para intercambiar algún tipo de favores, pero juran que es el Presidente quien quiere ir con la pelea bien a fondo. El miércoles, Macri le pidió a De Vido las pruebas, mientras que Cambiemos fogonea que se lo expulse del Congreso en medio de una oportunista discusión por el alcance de los fueros que impuso el Frente Renovador.

Las primeras encuestas le estarían dando la razón al Gobierno en cuanto a que el ex ministro es la figura ideal para confrontar, ya que irrita a la opinión pública. Según un sondeo de Sergio Berensztein y Eduardo D’Alessio sólo 22% de quienes votaron a Daniel Scioli en el balotaje opina que De Vido "no fue corrupto, pero aun así esperan que la Justicia se expida".

Los dichos atribuidos al ex superfuncionario, casi dueño del ministerio por donde pasaron los mayores presupuestos de los doce años K casi sin ningún control, están en línea con el embarrado de cancha discepoliano ("y en un mismo lodo, todos manoseados") que ha venido encarando el kirchnerismo para defenderse desde que es oposición, un vidrioso procedimiento que es acompañado siempre con una aura de victimización ideológica: "cada vez que un movimiento político de carácter nacional y popular fue derrocado o finalizó su mandato, las autoridades que lo sucedieron utilizaron en forma sistemática la descalificación de sus dirigentes, atribuyéndoles la comisión de graves delitos, siempre vinculados con abusos de poder, corrupción generalizada y bienes mal habidos", orientaba a su tropa hace unos meses la mismísima Cristina Fernández.

Para la ex presidenta y sus acólitos, lo que hoy ocurre con el desfile diario de kirchneristas a Tribunales es para "imponer programas de ajuste y endeudamiento matrimonio indisoluble utilizando la supuesta corrupción para ocultar ambos objetivos". Por eso, se remiten a la historia y apelan a la memoria de lo que ocurrió con Hipólito Yrigoyen o se comparan con Juan Perón y concluyen que lo que se busca es "barrer con las conquistas logradas y los derechos adquiridos por la sociedad en sus diferentes estamentos y actividades".

Palabras más, palabras menos, son las mismas que usa el ex presidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva para describir su presente. Balas que pican cerca para el kirchnerismo, cuya jefa política no ha dicho aún ni una sola palabra sobre la situación de su ex colaborador.

El informante sostuvo que en el Gobierno están persuadidos que la batalla decisiva es cultural y que, aunque pasen las elecciones, igualmente deberán darla en nombre del formateo de la cabeza de la sociedad que propugna Cambiemos y añaden que confían que esta vez la gente va a cambiar su habitual apego al voto económico por otro que castigue a la corrupción.

Al respecto, el analista Rosendo Fraga estima que sólo el voto de la clase mediaalta ("cuanto más alta, más es posible", puntualiza) puede cambiar algo en cuanto a la ponderación ética por sobre las carencias del bolsillo, pero que esta posibilidad es casi nula en gente que está pasando privaciones.

En verdad, si Macri avanza sinceramente por el costado de redoblar la apuesta en materia de lucha contra la corrupción y lo hace caiga quien caiga, la movida podría ser un fenomenal antídoto también para todos aquellos que lo siguen acusando de haber hecho poco y nada en cuestiones institucionales, tema en el que no tuvo las restricciones sociales que lo obligaron a ser más que cauto en relación a un ajuste económico drástico. "Este camino le estará mostrando a las empresas que no deben temer que Cristina (Fernández) gane en octubre porque la pelea es a fondo y seguirá", se envalentona el interlocutor.

Hugo Grimaldi

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