Martes, 18 Julio 2017 00:00

“Ms. Leggins”, o la “Sra. Calzas” - Por Carlos Mira

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Resulta a esta altura bastante obvio que Cristina Fernández nos toma a todos por estúpidos. Pero el gran detalle de esa ecuación no es su hipocresía ni su cinismo, sino el hecho de que, simplemente, pueda estar en posición de hacerlo.

 

Que tenga la mera posibilidad de seguir tomándonos por estúpidos y de seguir causando daño es un hecho que podría haberse evitado tranquilamente y muchos de los que hoy se sienten tontos o muchos de los problemas que ella misma aprovecha para abrir su enorme boca, no existirían sin ella no existiera.

Y para que ella no exista no hubiera hecho falta más que aplicar la ley e impulsarlos procesos que, con la abrumadora cantidad de pruebas de las que se disponen, la depositaran en el único sitio en donde podría apoyar su humanidad: la cucheta de una celda.

Pero la increíble originalidad argentina encontró la forma de que Fernández se convierta en “Ms. Leggins”, o la “Sra. Calzas”, con las que se enfunda cada vez que puede para trasmitir la imagen de que es una más de nosotros y de que va a hacer las compras  a Coto.

En efecto, la Justicia prolongó los procesos y, aun en los que podría haber avanzado con su prisión, claramente contravino lo que ella misma dispuesto en otros casos, para dejarla libre.

Por mucho menos, el ex comisario Potocar, Lázaro Báez y Jorge Castillo están detenidos. No hay dudas de que Ms. Leggins está en condiciones de obstruir el ritmo de los procesos, la marcha de la justicia y, mucho peor aún, sus mismísimas decisiones.

Antes de dejar el gobierno -y como uno de los sellos indiscutibles de su paso por el poder- la Sra. Calzas dejó armado en el seno de la Justicia un aparato que le responde y que incluye desde la Procuradora General (también involucrada en múltiples delitos) hasta jueces, fiscales y espías que están en perfectas condiciones de “obstruir la Justicia”, siguiendo sus instrucciones desde la libertad de la que goza.

Sin ir más lejos, el oficialismo no puede hasta ahora desembarazarse del camarista Eduardo Freiler -también acusado y con pruebas ultracontundentes que demuestran que toda la composición de su patrimonio solo la puede justificar el robo y la corrupción- porque el Consejo de la Magistratura le sigue respondiendo a la jefa de la banda criminal que gobernó el país desde 2003, la actual Ms. Leggins.

Tampoco hay dudas de que, a que ella esté en libertad y sea candidata a las próximas elecciones legislativas -algo que, de nuevo, solo es posible gracias a la excepcionalidad argentina-, se deben muchas de las penurias y lentitudes económicas que vivimos hoy, siendo que varios inversores de todas las dimensiones y de todas las latitudes han confesado abiertamente que no decidirán esa crucial jugada en sus portafolios hasta que no estén seguros de que el pasado representado por la Sra. Calzas no va a regresar.

No es posible saber los miles de puestos de trabajo que ya se hubieran creado si Ms. Leggins estuviera en la cárcel, como debiera. Y es aquí en donde uno no comprende algunas estrategias perversas de algunos cráneos del gobierno. Aunque muchos de ellos lo nieguen en público (mientras lo reconocen en privado) resulta obvio que no han “apurado” las cosas para que Calzas esté presa. En alguna trasnochada de mesa chica a algún genio se le debe haber ocurrido que polarizar con el pasado era electoralmente inteligente.

Está claro que, ahora que no gobierna el fascismo, todos (o al menos una gran parte de la sociedad) tenemos en claro que la Justicia es un poder independiente del Ejecutivo y de que éste no puede perseguir ni meter presa a la gente.

Pero de allí a devolverle a Leggins la centralidad política del país hay un buen trecho. Mucha gente se siente traicionada por eso. Y el gobierno debería medir bien cómo va a materializarse esa frustración cuando miles de manos toman una boleta para votar.

Resulta obvio que el primer capítulo de ese perdón imperdonable consistió en no decirles a los argentinos el estado en que Calzas dejó el país. Aun hoy, un año y medio después, resulta increíble, incomprensible. Sólo alguien convencido de que los métodos del marketing para ganar una elección son fungibles con los métodos para gobernar un país pudo haber cometido semejante error.

Y hoy el país está nuevamente en ascuas, colgado de una brocha que separa el populismo radicalizado de la racionalidad y la sensatez. El peronismo, el gran responsable de la decadencia nacional -como lo demuestra, sin mayor esfuerzo, el simple trazado de una línea del tiempo- llega con opciones “filo-sensatas” que pueden sacarle votos a Cambiemos: el pequeño detalle que olvidó el duranbarbismo es que ésta no es una elección presidencial ni tampoco un duelo cara a cara entre Leggins y Macri.

Aquí la gente se siente más suelta, más libre y puede verse tentada a “experimentar” creyendo que no le va la vida en esta elección y que el país no está colgado de una brocha. Hasta puede haber muchos que se coman el verso de las calzas y crean que Leggins es una pobre perseguida que no robó y a la que le inventaron todas las causas.

A esa hora el país sensato tendrá muchos nombres para señalar como responsables; muchas caras para identificar con las pertenecientes a quienes pudieron haber hundido para siempre al fascismo populista y no lo hicieron. Si eso llegara a ocurrir no quisiera llevar esa cruz sobre mi espalda aunque ponga todo mi empeño en decir que lo lamento. 

Carlos Mira

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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