Domingo, 06 Agosto 2017 00:00

Pito catalán - Por Eduardo van der Kooy

Escrito por 
Valora este artículo
(3 votos)

La campaña electoral remite en este tramo a una escena frecuente en el boxeo. Uno de los protagonistas –en este caso más de uno-- pierde muchos de sus golpes en el aire. No impactan en el blanco.

 

Quizás porque ese blanco no está corporizado. Cambiemos, Sergio Massa y hasta Florencio Randazzo tantean a Cristina Fernández. Pero la ex presidenta no aparece. No sabe, no contesta, diría la indagación de cualquier encuestador.

La estrategia de la candidata del Frente de Unidad Ciudadana es una verdadera novedad. Algo inédito. Aunque su coreografía siga con la impronta política que impuso en la Argentina el ecuatoriano Jaime Durán Barba. ¿En qué consiste aquella novedad?. En la virtual desaparición de Cristina. En la pérdida casi completa de su visibilidad después de haber estado omnipresente durante ocho años. El reverso de la lógica de cualquier postulante que siempre pretende hacerse ver y escuchar. Es en lo que andan, justamente, los candidatos de Cambiemos en Buenos Aires. Sobre todo, Esteban Bullrich y Gladys González.

Cuatro expertos en campañas, consultados por este periodista, aseguraron no recordar una situación similar de campaña en la región. O incluso más lejos. La historia señala otras extravagancias, como aquel chimpancé que fue candidato a alcalde en Río de Janeiro en una elección de 1998. Logró 400 mil votos y entró tercero entre 12 postulantes. Su figura está inmortalizada en una estatua en el Zoológico de esa ciudad. O también el rinoceronte que en 1959 obtuvo 100 mil votos para el Concejo Municipal de San Pablo. La ley les permite a los animales tal derecho.

Las campañas, sobre todo en este tiempo, suelen estar regadas de personajes que aspiran a cargos públicos desde actividades ajenas a la política. Incluso con mayor plafón de popularidad. Pero jamás se ocultan, como ahora lo ensaya Cristina. Al contrario, exacerban su presencia. Fue el caso del cómico Beppe Grillo en Italia. Los políticos de talla clásica suelen comportarse del igual modo. Rafael Correa tuvo fuerte influencia en la campaña que posibilitó en el balotaje la victoria de su discípulo, Lenín Moreno. El caudillo ecuatoriano evitó otra reelección porque advirtió la peligrosa combinación entre su desgaste político y el comienzo de la crisis económica. Pero nunca se esfumó.

La conducta elusiva de Cristina es, en realidad, la de casi todos los candidatos del Frente de Unidad Ciudadana. Aquellos que se animaron a sacar los pies del plato les fue mal. La camporista Fernanda Vallejos, primer candidata a diputada bonaerense, trastabilló el primer día de campaña con un impensado elogio público a Amado Boudou. La amordazaron largo tiempo. Regresó la semana pasada sin suerte: difundió una foto junto a un presunto comerciante de la localidad de 9 de Julio que, en realidad, es candidato a concejal K. Borró aquella foto y fue enviada a cuarteles de invierno.

Daniel Scioli, afecto a las pantallas, no aceptó invitaciones a programas de televisión. Máximo Kirchner ordenó un repliegue a los militantes de La Cámpora. Su directiva no cayó del todo bien: mantuvo una discusión áspera con el diputado y secretario general de la organización, Andrés Larroque.

Las excepciones a la regla han sido Jorge Taiana, que acompaña a Cristina en la lista de senadores bonaerenses, y Daniel Filmus, eterno postulante en la Ciudad. El ex canciller suele ser un diestro declarante que no cae con facilidad en encerronas. El ex ministro de Educación asoma más rústico. No tuvo mejor ocurrencia que parangonar la colosal crisis en Venezuela, que acumula 124 muertos, con el desalojo que el Gobierno realizó sin víctimas ni heridos en la fábrica Pepsico, tomada por un grupo de trabajadores. Diluvió estiércol en las redes sociales.

La nueva estrategia trasunta que Cristina, contrariando las palabras de Néstor Kirchner cuando asumió en el 2003, decidió dejar en el umbral sus principios de la política. No hay en su campaña ni un atisbo de ideología. Mucho menos de la épica con que supo arroparse durante ocho años. El protagonismo fue cedido a ciudadanos que se quejan de la realidad económico-social. Ningún otro tema figura hasta ahora en la agenda. Apenas se permitió la ex presidenta dos licencias. Apoyó la liberación de Milagro Sala cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (CIDH) solicitó para la piquetera el pase de la cárcel al arresto domiciliario. Después exageró con un disfraz de oveja. Aseguró que no desea que al Gobierno le vaya mal. Sólo aspira a que modifique su rumbo.

Aquellos expertos en campaña disienten sobre las bondades del camino elegido por la ex presidenta. Algunos apuntan sobre la inteligencia del plan. Afincan ese juicio en la corroboración de que Cristina sigue encabezando las preferencias bonaerenses a sólo una semana de las PASO. La astucia radicaría en no molestar a aquellos que se incomodan con sus dichos. Y a contentar a los propios. Por ese motivo repiquetea con el padecimiento social. Omite además las cuestiones críticas para ella. Esa enunciación denuncia, simultáneamente, el estado de las cosas: la ausencia de musculación política, la inexistencia de debates y propuestas, la incondicionalidad de un sector social importante aferrado sólo a los recuerdos del pasado.

Otros especialistas subrayan, en cambio, que la estrategia de Cristina estaría diseñada en esta instancia para contener aquello que posee. Un tercio seguro del electorado de Buenos Aires. Puntos más o puntos menos. El desafío será para la dama el futuro crecimiento. Octubre podría ser otra historia si no arranca en agosto una ventaja decisiva. De allí que se baraja un golpe de timón de campaña –se verá de qué dimensión-- si sortea con éxito las PASO.

Por el momento, la ex presidenta parece conseguir objetivos. Ha colocado en apremios al Gobierno en el principal distrito electoral. Donde Cambiemos exhibe su estrella, María Eugenia Vidal. También logró poner entre paréntesis la resistencia que se viene insinuando en el peronismo tradicional. Los gobernadores díscolos colocaron un pie en el freno. Domingo Peppo, mandatario de Chaco, blanqueó que el liderazgo de Cristina depende del resultado de octubre. No habría un ciclo definitivamente terminado, como aventuraron varios de aquellos.

El antikirchnerismo parece enfrentarse a un dilema. Involucra a Cambiemos, a Massa y, en menor escala, al propio Randazzo. Todos, de alguna manera, se entrenaron para confrontar contra Cristina. Pero la ex presidenta abandonó el teatro. Los actores del Frente son ciudadanos. “Nos hizo pito catalán”, resumió con humor un ministro macrista.

Massa y Margarita Stolbizer dedican ahora muchos más dardos a Mauricio Macri que a Cristina. Apuestan a los desencantados. Cambiemos conserva un recorrido oscilante en su estrategia de la polarización: hace hincapié sobre el miedo de un posible retorno al pasado aunque evita a la ex presidenta. Quizás Vidal inauguró un nuevo surco en los metros finales: corrió el telón a los dirigentes que se esconden. La destinataria de esa frase fue la ex presidenta. Se sumó enseguida Horacio Rodríguez Larreta.

Quizás también la campaña de Cambiemos evidencie otro viraje. La consultora Isonomía, que acostumbra a asesorar al Gobierno, sigue vislumbrando los tercios de Cristina y Cambiemos en la cima electoral pero considera como factor determinante para las PASO el volumen de indecisos. Según ellos, orilla todavía el 17%. Por encima de lo que sostienen otras empresas. Escarbando en aquel universo el mensaje de campaña de la coalición oficialista no estaría llegando con eficacia. Ese mensaje tendría demasiada similitud con los difundidos en el 2015. La idea del cambio, del trabajo en equipo, del optimismo. Pero han pasado desde entonces 20 meses. La expectativa decreció y la economía no produjo buenos resultados tangibles. El propósito sería insistir los últimos días con hechos concretos. ¿Por qué razón no divulgar la realización de obras públicas? Aunque muchas de ellas en la Provincia se encuentren recién iniciadas o por la mitad.

El Gobierno requiere de aquel lote de indecisos para darle batalla a Cristina el próximo domingo. ¿Que significaría eso? Finalmente vencerla o, por lo menos, quedar a tiro. Y detonar una corrida favorable en octubre.

Ese tránsito en supuesta desventaja, por pequeña que sea, no resultará sencillo. Cambiemos buscará migrar votos que ahora contienen Massa y Stolbizer. Especulará con un estancamiento de Cristina. Repetiría, si pudiera, el esquema del 2015 cuando Macri escaló cuatro puntos y Scioli descendió algunas décimas para derivar en el balotaje. Claro que esa fue una elección presidencial. Quizás no exista margen para repetir la copia en la legislativa.

Sucede además otra cosa. Según la unanimidad de los consultores una porción de los votos que posee Randazzo podrían deslizarse hacia Cristina en caso de la polarización en octubre. No hay consenso sobre el porcentaje que tiene el ex ministro de Interior y Transporte. Pero el sondeo de una Universidad bonaerense, que fue la única que predijo en 2015 la victoria de Vidal en Buenos Aires, le adjudica hoy 9.7%. Una fuente valiosa donde, tal vez, podría abrevar la ex presidenta.

El Gobierno llega a la elección bregando con lo que tiene. El miedo por la vuelta al pasado y retazos de expectativa popular. Recién despuntan números alentadores de la economía. Que tardarán en recorrer la pirámide social. Pero al menos existen. 

Eduardo van der Kooy

Visto 1208 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…