Miércoles, 09 Agosto 2017 00:00

La última bala en Buenos Aires - Por Eduardo van der Kooy

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 “Al final, hubo que jugarla con todo a la nena”. El comentario lo hizo un funcionario macrista muy activo en la campaña electoral. Apuntó al protagonismo casi omnipresente que alcanzó en los últimos días la figura de María Eugenia Vidal en Buenos Aires. En este caso, la nena. Hasta ahora Mariú y a veces Heidi, según fuera oficialista u opositor el portavoz de turno.

 

La irrupción de la gobernadora sería, al menos, indicio de un par de situaciones. El Gobierno sigue apremiado en el principal distrito electoral del país, de donde surgirá la interpretación política de los resultados del próximo domingo. La experiencia de los postulantes novedosos –Esteban Bullrich y Gladys González-- sugerida por el ecuatoriano Jaime Durán Barba no habrían dado todavía los frutos esperados. Habrá que ver. El ex ministro de Educación ha tenido incluso varios pasos fallidos. La ex diputada e Interventora del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) resultó prolija, pero su imagen y su voz parecieron asimilarse demasiado, tal vez, a las de la propia Vidal.

El tándem de candidatos a diputados mostró otra vida. De hecho todas las encuestas lo ubican por encima de la economista kirchnerista Fernanda Vallejos. Graciela Ocaña, sobre todo, y Héctor “Toty” Flores tienen una prolongada historia pública. Aunque esa preminencia en los números obedece sólo a un ensayo virtual. La cabeza de la boleta electoral corresponde a Bullrich y González. Ellos son los que producirán, o no, la tracción de votos imprescindible para disputarle las PASO a Cristina. El conjunto oficial continúa conservando un hándicap: el sello de Cambiemos posee una sólida identidad bonaerense, por encima del Frente de Unidad Ciudadana.

Vidal acompañó ayer a Mauricio Macri en el cierre de la campaña en el interior bonaerense, en Azul. Fue una coreografía típica de los mejores tiempos de Cambiemos, con un escenario enclavado en medio de los asistentes. El Presidente le dispensó a la gobernadora el trato de una estrella. Vidal tiene 17 puntos más de ponderación positiva en la Provincia que la que exhibe el ingeniero.

Cambiemos lidia en Buenos Aires con problemas conocidos que no logró subsanar. Uno de ellos es la Tercera Sección Electoral, con epicentro en La Matanza, donde Cristina ha edificado la fortaleza. El problema sería que en esa región está cosechando 15 puntos menos que los que obtuvo en 2015 cuando Vidal consumó el batacazo ante Aníbal Fernández. Otra dificultad radica en la primera sección. En el Sur el kirchnerismo asoma con posible buena performance. En el Norte Cambiemos divide sus votos con Sergio Massa. El candidato de 1País, junto a Margarita Stolbizer, barre en zonas que domina, como Tigre y San Fernando.

A esos déficits, Cambiemos le añadió, producto de las gestiones locales y el natural desgaste, dificultades en grandes ciudades que resultaron columnas de la victoria en el 2015. Una de ellas es La Plata, donde debe todavía remontar 12 puntos para arrimarse a la última votación. La otra es Mar del Plata donde Vidal realizó el lunes el primer acto de cierre de la semana. Que significó su tercera visita en la campaña. Allí se produjo hace un par de meses la ruptura con Carlos Arroyo. El intendente estuvo ausente en el acto del club Quilmes. Careció de injerencia en el armado de las listas. Su lugar fue ocupado por el radical Maximiliano Abad. Nadie se anima a vaticinar cómo puede progresar la situación. Ni siquiera si Arroyo continuará en su cargo después de las legislativas.

En Mar del Plata, Vidal hizo 50 puntos en los comicios del 2015. Hoy está lejísimos de ese número. La gobernadora se cuidó de no hacer anuncios de gestión en medio de la campaña. Pero la industria pesquera, en crisis, fue notificada de una inminente ayuda de parte del estado provincial.

La pelea con el alcalde marplatense plantearía una dificultad extra.La falta de soporte de la maquinaria municipal para la votación del domingo. Debilidad, tal vez, en la necesaria fiscalización. La gobernadora le encargó la misión de algún emparche a su ministro, Joaquín de la Torre.

Vidal se encargó de retomar el hilo argumental de campaña que Cambiemos había dejado de lado. Insistió con que los candidatos kirchneristas “se esconden”. La alusión a Cristina sonó inconfundible. Aunque no sólo a ella. Mar del Plata fue siempre un bastión de Daniel Scioli, incluso en lo mediático. También su figura aparece evaporada.

El kirchnerismo, en otro punto, habría resuelto plagiar a Cambiemos. Abandonó su clásico tono triunfal por otro de cautela. Es posible, como señalan varias encuestas, que las diferencias entre uno y otro se estén estrechando. Pero aquel viraje respondería a otros motivos. Una ventaja mínima no constituiría a lo mejor un escenario propicio para la ex presidenta. Porque esta elección se disputa como un partido de fútbol copero, con ida y vuelta. Esa instancia podría inducir a la repetición en octubre de la foto del 2015, cuando Macri acortó mucho la ventaja inicial de Scioli y lo forzó al balotaje. La consultora Isonomía menea una cifra para intentar descubrir en que lugar anclaría la votación de Cristina. La mujer tenía un 54% de imagen favorable en Buenos Aires cuando Scioli fue derrotado. Ahora oscila entre el 40% y el 42%. Claro que este presente tiene dos diferencias: no se trata de una elección presidencial; el Gobierno ha transitado un año y medio de gestión sin saldar siquiera una cuota de la deuda económico-social.

El kirchnerismo hizo en las últimas horas excepciones a su campaña del silencio y la moderación. Por un lado se conoció la reaparición de Carta Abierta. El grupo de intelectuales que apuntaló el relato de la “década ganada”. Declamó, por supuesto, su esperanza por la candidatura de Cristina. Y convocó a votarla. Lo más llamativo fue la acusación al macrismo de obstinarse “en la construcción de un clima contrarrevolucionario en Venezuela”. Sigue habiendo en ellos una férrea defensa de Nicolás Maduro, pese a la violencia imperante y los 124 muertos en aquella nación.

Máximo Kirchner, el diputado, también batió su bombo con el libreto de siempre que había sido archivado en la campaña. Concedió una entrevista a la agencia Paco Urondo. La segunda desde que arrancó el proselitismo. Repitió que su madre es objeto de persecución de parte del gobierno macrista. Cargó contra el partido judicial, los medios de comunicación hegemónicos y la Sociedad Rural. La única introspección fue haber aceptado que “Cristina busca corregir errores”.

Máximo, a diferencia de sus númenes de Carta Abierta, prefirió eludir una definición sobre la realidad venezolana. Hay en Cambiemos quienes opinan que Macri no ha sabido explotar a medida ese conflicto en la campaña para desenmascarar al kirchnerismo.

Vidal descree que el problema regional incida en la votación en Buenos Aires. Por eso prefiere dejarlo pasar. Al kirchnerismo la tragedia venezolana tampoco le mueve un pelo. La gobernadora, como el Gobierno, prefiere apostar a su figura para tratar de inclinar la balanza electoral del domingo. Es lo que le queda en la récamara, como si fuera la última bala.

Eduardo van der Kooy

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