Domingo, 20 Agosto 2017 00:00

La batalla continúa - Por Eduardo van der Kooy

Escrito por 
Valora este artículo
(2 votos)

Cristina Fernández aguarda el escrutinio definitivo en Buenos Aires como posible tabla salvadora.

 

Pretende estar al menos un voto arriba de Esteban Bullrich para imprimirle una dinámica distinta a su campaña para octubre. Tuvo además una mano de la providencia: su ex ministro de Defensa, Agustín Rossi, ganó la interna peronista y las PASO en Santa Fe. Por un margen ínfimo. Se convirtió en un palenque para ella. Así está la mujer que supo ser todopoderosa y contó alguna vez con el 54% de los votos argentinos en sus manos.

Cristina y Rossi, que salió del sarcófago sólo como producto de uno de los milagros de la política, compusieron un sketch entendible en cualquier compulsa electoral. Acusaron al Gobierno por la lentitud del escrutinio en aquellas dos provincias. Hablaron de “trampa” y de “bochorno”. Como si nadie recordara que en la “década ganada” se produjeron tropelías. La ex mandataria ordenó frenar el escrutinio en 2015 porque Daniel Scioli no ganaba en primera vuelta.

El problema de raíz, sin embargo, sería otro. El kirchnerismo sigue denotando dos enormes incapacidades: una para comprender el significado de lo que ocurrió en el 2015, durante los 20 meses de gestión de Mauricio Macri y en las PASO del domingo pasado; la otra para poseer respuestas acordes al nuevo mapa político y al humor social.

La semana pasada, en varios episodios, desnudó esa limitación. Ausencia de matices, reflejos e imaginación. Ni siquiera ahondaron en las razones de la inesperada paridad con Cambiemos en Buenos Aires. Ni en la sorpresa de Santa Fe. Allí la explicación no resulta demasiado compleja. El peronismo, en sus tres vertientes, logró capitalizar parte de los votos del derrumbe socialista. Cambiemos hizo lo mismo. El socialismo fue astuto durante la era kirchnerista. Se acercó y se alejó, pero nunca le permitió aterrizar en la provincia. Cuando ganó Macri tal equilibrio se rompió. Tuvieron fricciones con el Gobierno que había desalojado a Cristina del poder. El desbalance terminó por perjudicarlos.

El kirchnerismo se quedó varado con el incidente en Buenos Aires. No abrió la ventana del país que le posibilite mirar la amplitud del paisaje. Cambiemos se impuso, por ejemplo, en las capitales de 18 provincias. Y atravesó la pirámide social sin distinción de clases aunque si de sus volúmenes. Así como el Gobierno falló en sus pronósticos sobre la evolución económica, la oposición –en especial el kirchnerismo-- sigue errando con la formulación de su discurso. El supuesto parentesco macrista con la dictadura suena a un absurdo. La identificación con los 90 también carece de registros. El ajuste, sin dudas, ha existido sobre todo como consecuencia de la herencia recibida. Pero pueden estar sucediendo dos cosas. O no tuvo la severidad global que denuncia la oposición –fue más por caída de salario que por pérdida real de empleo-- o buena parte de la sociedad prefiere mantener viva la esperanza sobre los años que vendrán.

El kirchnerismo parece un cuerpo envejecido, rígido. Conserva espíritu de combate pero con armas decadentes. El Gobierno le asestó el primer golpe pos-electoral en el Consejo de la Magistratura con la suspensión del juez Eduardo Freiler. Ahora se puede sustanciar el juicio político contra él por enriquecimiento ilícito. Ese magistrado, que siempre votó en clave con los intereses de Cristina, decide sobre causas muy sensibles que la involucran, como Hotesur y la ruta del dinero de la obra pública.

El kirchnerismo no previó que el Gobierno necesitaba en el plano judicial alguna traducción de la victoria en las PASO. Macri tiene una deuda pendiente con un poder que prometió mejorar. Vio la ocasión y aprovechó. Los K quedaron enredados –por orden de Cristina-- con la defensa del senador Ruperto Godoy, cuestionado por carecer del título de abogado para ejercer en el Consejo. Recién el miércoles –luego de un fallo en contra del juez Enrique Lavié Pico-- el titular del bloque de senadores del FPV-PJ, Miguel Pichetto, apuró la designación de su reemplazante, Juan Mario Pais. Antes que Ricardo Lorenzetti le tomara un juramento que demoró, el oficialismo detonó el jueves la maniobra. El delegado del Poder Ejecutivo en el Consejo, Juan Mahiques, solicitó una modificación de la orden del día. El caso Freiler figuraba en el décimo lugar. Antes estaban previstas 23 audiencias. El cambio se produjo y Freiler fue suspendido con los votos necesarios. La felicitación pública de Macri simplificó cualquier interpretación. El Presidente estuvo detrás de la ofensiva. Lorenzetti resultó funcional. ¿Habrá querido comprar una tregua ante el desafío constante de la fortalecida Elisa Carrió?

Esa corroboración irritó al kirchnerismo impotente. El ultra K, Rodolfo Tailhade denunció al macrismo por no tener límites. Justamente él. La diputada Teresa Garcia –cuñada de Máximo Kirchner-- abandonó el Consejo vociferando que el Gobierno terminará “como el de De la Rúa (Fernando)”. La fantasía del helicóptero también se derrumbó desde el domingo pasado. Cada una de esas alusiones públicas parecen corrientes de agua para los molinos de Macri.

El Presidente buscó cumplir con dos objetivos. Aún a riesgo de llevar a un punto de ebullición su vínculo con el peronismo en el Senado. Transmitir su voluntad de poder a la sociedad que lo avaló en las PASO. Hacer lo propio con Comodoro Py. Allí los jueces que llevan causas de corrupción del kirchnerismo aguardaban alguna señal presidencial.

El desenfoque kirchnerista quedó expuesto también en otros escenarios. La Comisión de Relaciones Exteriores de Diputados trató una declaración de condena a Venezuela, por la violencia del gobierno de Nicolás Maduro y los 140 muertos. Ni se metió con la disolución del Congreso. Los kirchneristas la rechazaron. Nilda Garré argumentó que podía tratarse de injerencia externa en asuntos de otro país. La mujer fue por seis meses en el 2005 embajadora en Caracas. Desoyó las invocaciones de otros diputados sobre la violación de los derechos humanos en aquella nación. “Que bichito les picó ahora a ustedes con los derechos humanos”, fue la defensa que enarboló antes de retirarse.

Patricia Bullrich atravesó una situación similar en el Senado. Senadoras kirchneristas cuestionaron la decisión de la Ministro de Seguridad de no separar todavía a los jefes de la Gendarmería, a raíz de la desaparición en Esquel del artesano Santiago Maldonado. También emparentaron esa realidad con la época de la dictadura. Bullrich replicó que no se debe estigmatizar a las fuerzas de seguridad. “Como no se lo hizo nunca con Raúl Zaffaroni ni Alicia Kirchner”, recordó. Ambos fueron funcionarios durante el régimen militar.

Ese tema parece tener al Gobierno en un callejón sin salida. Hace tres semanas que el artesano se hizo humo. Hay testimonios que aseguran que habría sido detenido por gendarmes. Una de esas declaraciones fue realizada en la Procuraduría de Violencia Institucional (PROCUVIN) que depende de Alejandra Gils Carbó. La otra ante el fiscal Fernando Machado. Pero con bastantes imprecisiones. Bullrich trabaja sobre dos hipótesis: que la víctima haya sido, en efecto, ocultada por Gendarmería; que se trate en verdad de un conflicto interno de la comunidad mapuche.

Cristina aludió el lunes a la madrugada, mientras se declaraba vencedora en Buenos Aires, a la ausencia del voto de Maldonado. La Presidenta tiene este tema en su agenda para la segunda parte de la campaña. Aunque en términos estratégicos no se trate de una prioridad. En la provincia, en especial el conurbano, dominan dos asuntos. La situación económico social y la inseguridad. Es más sencillo para ella hablar de lo primero. Por esa razón autorizó al kirchnerismo a sumarse a la protesta del martes de la CGT.

A la ex presidenta le agradó, a propósito, un hilo argumental de Verónica Magario. La intendente de La Matanza sostuvo que 4 de cada cinco habitantes de ese distrito votaron en contra del ajuste de Macri. La ocurrencia podría generalizarse. Los votos de Sergio Massa, Margarita Stolbizer y Florencio Randazzo, según aquella lectura, habrían ido en igual dirección. Voluntarismo en exceso: el electorado de 1País mixtura esa verdad con un rechazo visceral a Cristina. Algunos focus group de los asesores del ex ministro de Interior y Transporte arrojarían otra novedad: el apoyo al candidato se habría nutrido de peronistas duros, distanciados del ideologismo kirchnerista. ¿Podrán derivar, así y todo, hacia Unidad Ciudadana en octubre?

La ex presidenta inició sondeos indirectos con Randazzo. Al ex ministro no se le pasa por la cabeza declinar. Aunque sabe de la permeabilidad de dos de sus intendentes: Juan Zabaleta, de Hurlingham, y Gabriel Katopodis, de San Martín. Ambos fueron vencidos en las PASO. La gestión más seria con el candidato del PJ fue liderada por el ex embajador en el Vaticano, Eduardo Valdés. Tuvo una conversación larga con Alberto Fernández. Pero no prosperó. Nadie, que se sepa, merodeó aún al massismo.

Cristina tiene decidido también abandonar la clandestinidad en la campaña. Tal estrategia le resultó útil sólo para retener el apoyo que tenía. Menos del que imaginaba. Está obligada a crecer para octubre si pretende ingresar triunfante al Senado.

Reclamará para lograrlo el “voto útil” contra Macri. Adosará su mayor protagonismo. Quizás sea lo que el Presidente y Cambiemos están justamente esperando. 

Eduardo van der Kooy

Visto 1230 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…