Lunes, 28 Agosto 2017 00:00

Cristina, Maldonado y la memoria breve de la política argentina - Por Fernando González

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La ex presidenta no impulsó medidas para resolver desapariciones durante su gestión.

 

El fantasma de un desaparecido recorre la política argentina. El muchacho, un artesano de 28 años que vivía en Esquel, dejó de verse hace un mes después de un enfrentamiento entre la Gendarmería y el RAM, un grupo de origen mapuche con antecedentes violentos en nuestro país y en Chile.

Hay una versión sostenida en secreto por dos militantes mapuches que le apuntan a la fuerza de seguridad y aseguran haber visto al joven Santiago Maldonado arriado a la fuerza en una camioneta militar.

Hay otra versión, agitada por los gendarmes y por el Gobierno, que remite al ataque sufrido por un guardián de la estancia de la familia Benetton en la zona.

Dos encapuchados de RAM incendiaron su puesto, lo ataron y lo amenazaron con armas de fuego. Pero el empleado declaró haber acuchillado a uno de ellos antes de la huida hacia Cushamen, un pequeño territorio patagónico que los mapuches consideran “sagrado” y al que no pueden entrar las fuerzas de seguridad.

Sin mayores precisiones, las fuentes oficiales afirman que el herido pudo ser el joven Maldonado y esperan las pruebas de ADN sobre una camisa manchada con sangre que lo confirme o lo desmienta.

Hasta allí es otra de las desapariciones que ocurren en la Argentina desde la restauración democrática.

Un caso preocupante, y más grave aún de haberse producido durante la represión de un reclamo en la Patagonia.

Por eso el Gobierno nacional, el de Chubut y la Gendarmería deben hallar respuestas que tranquilicen a la sociedad. Y que pongan fin a la angustia de la familia Maldonado.

Pero hay un factor que empobrece hasta el patetismo la discusión de los dirigentes políticos argentinos sobre el caso Maldonado. Han metido la brisa ardiente de su desaparición en la campaña electoral.

El sábado pasado fue la misma Cristina la que posteó un comentario en Facebook y lideró una movida en las redes sociales para transformar en viral el tema Maldonado y extraerle un rédito de campaña que mejore sus chances para la elección del 22 de octubre.

El cruce entre CFK y Patricia Bullrich en Twitter.

Es curioso porque la ex presidenta, quien dijo que se le “estrujó el corazón” por el sufrimiento de la familia Maldonado, estando al frente del gobierno jamás impulsó políticas activas para resolver las desapariciones que se produjeron durante su gestión.

Pruebas al canto. El caso más emblemático fue el del albañil Jorge Julio López, secuestrado y torturado por la banda del represor Miguel Etchecolatz durante la dictadura y desaparecido el 18 de setiembre de 2006 en La Plata, poco después de declarar contra sus captores.

Lo inaudito es que el Estado (con Néstor Kirchner primero y con Cristina después) jamás se presentó como querellante para reforzar la búsqueda del desaparecido. Recién lo hizo la Secretaría de Derechos Humanos en abril de 2016, cuando al frente estaba Claudio Avruj, funcionario del gobierno de Macri.

Y el de López no es el único caso. El kirchnerismo mostró el mismo desinterés respecto de la desaparición del joven chileno Iván Torres Millacura, desaparecido el 2 de octubre de 2003 en Comodoro Rivadavia después de que lo hostigara un grupo de policías de la provincia de Chubut.

Tal fue la desidia del Gobierno en aquellos años que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos lo sancionó en 2011 y la Cámara de Casación Penal dictó un fallo obligando al Estado a iniciar la búsqueda oficial del muchacho.

El año pasado un tribunal oral condenó a 15 policías por su desaparición forzada aunque de Iván, al día de hoy, todavía no se sabe absolutamente nada.

¿Es Cristina la responsable de las desapariciones de López o de Torres Millacura? Está claro que no.

Apenas se le puede achacar la decisión de no involucrar a su gobierno en las búsquedas y la decisión de ocultar los casos todo lo posible.

​Vencida por el temor de que la opinión pública la pudiera culpar de los estertores del terrorismo de Estado que se prolongan en tiempos de democracia, prefirió esconder las evidencias debajo de la alfombra.

La paradoja es que a Cristina y a muchos de sus incondicionales les resulta funcional asociar al macrismo con la memoria de la última dictadura militar como hacerlo ahora con el Frente Cambiemos.

“Macri, basura, vos sos la dictadura”, es uno de gritos de guerra de los actos kirchneristas y la desaparición de Maldonado es, para la ex presidenta, el eslabón de una cadena que la lleva a ubicar a sus adversarios políticos siempre en el mismo lugar: el de una supuesta antidemocracia.

En esa visión sesgada de la política actual, Cristina y los suyos pasan por alto un dato elemental. El de la designación del represor César Milani como jefe del Ejército, la mayor afrenta que sufrieron la democracia restaurada en 1983 y la memoria de las víctimas del terrorismo de Estado.

Más de tres décadas de ejercicio democrático debieran haber dejado una huella imborrable en los dirigentes argentinos.

Sólo la obnubilación de la campaña electoral permite que duden unos de otros.

La ministra de Seguridad Patricia Bullrich, con pasado en el peronismo y la organización Montoneros, podrá exagerar su prudencia en auditar el papel de la Gendarmería en el caso Maldonado, pero parece difícil que haya llegado a esta altura de su carrera para encubrir una desaparición forzada en plena democracia.

Lo mismo le cabe a Cristina, cuando no pudo o no supo resolver las desapariciones ocurridas mientras revoleaba estratégicamente la maltratada bandera de los derechos humanos.  

Fernando González

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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