Miércoles, 30 Agosto 2017 00:00

El plan de Cristina Kirchner para remontar - Por Eduardo van der Kooy

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Está dispuesta a arroparse con el sistema peronista que ha permanecido leal.

 

Sucede un estado deliberativo en el kirchnerismo. La duda es una: cómo conseguir los votos que le aseguren a Cristina Fernández una victoria en las legislativas de octubre.

La ex presidenta no se involucra en aquel revoltijo de propuestas. Lauda simplemente a favor o en contra, según el agrado de su paladar político. Pero comparte el diagnóstico: algo más está obligada a hacer si no quiere sucumbir ante Esteban Bullrich en la disputa por la senaduría en Buenos Aires.

Para empezar, Cristina prepara su acto de celebración por la victoria en las PASO que le concedió el escrutinio definitivo.

No le importa que la brecha resultó casi ínfima: 0,21%. Apenas 20.324 sufragios por encima de su rival.

Tiene reservado el estadio Atenas, en La Plata, con una capacidad para 3.000 personas. Quizás constituya la primera pista del camino que estaría dispuesta a tomar para mejorar el comportamiento electoral del 13 de agosto.

Antes que eso ocurra ya hubo una constatación. La ex mandataria parece haber comprendido que su protagonismo excluyente en la campaña electoral resultó bien insuficiente para arrancarle una distancia indescontable al candidato de Cambiemos.

Arrimó sólo a los votantes incondicionales. Cerca del fin de semana se exhibió con los intendentes K de la primera y tercera sección electoral. Algo que había evitado durante el primer tramo.

Primera conclusión: Cristina está dispuesta a arroparse con el sistema peronista que ha permanecido leal.

Paseará con ellos en los distritos a los cuales pertenecen. Y los obligará también a pasear solos. Habría comprendido que su vínculo directo con la gente, como ensayó en la campaña por las PASO, requiere ahora de una intermediación.

Detrás de ese objetivo atisbaría otra transformación. La idea, aún fluctuante, de que el Frente de Unidad Ciudadana se pincele con tonalidades peronistas. Que aparezcan, cada tanto, las figuras de Juan Perón y Eva en las celebraciones.

Deberán seguramente plumerearlas primero. La simbología tendría mucho mayor peso, en ese aspecto, que el propio discurso de Cristina. A ella no le saldría con naturalidad.

El giro estaría evidenciando la admisión de otro error. Y el horizonte de una dificultad.

Se advierte el costo que para el cristinismo (o kirchnerismo) ha tenido la negativa de la ex presidenta a habilitarle las PASO a Florencio Randazzo.

Habrá que ver, por otra parte, si las idas y vueltas no colocan en peligro la viabilidad del ensayo. Cristina abandonó al PJ, al cual ahora pretende utilizar para rédito electoral. Eso ocurrió hace menos de 90 días, el 14 de junio.

La meta son, por supuesto, los casi 5,88 puntos que atesora su ex ministro de Interior y Transporte. Esa es la fuente en la cual podría abrevar en octubre. Otra podría ser la izquierda que quedó al margen de la competición. El resto de la geografía resultará árida para la ex presidenta.

Tampoco arrearía los votos de Randazzo así nomás. Una cosa son las maniobras kirchneristas sobre la estructura política y otra la voluntad de los votantes de sumarse a ellas.

Gabriel Katopodis, el intendente de San Martín, resistió las primeras insinuaciones de Cristina para que saltara de Cumplir a Unidad Ciudadana.

La presión se cierne sobre Juan Zabaleta (Hurlingham) y otros tres alcaldes de localidades pequeñas (Alberti, Carlos Casares, Castelli) que en agosto acompañaron al ex ministro del Interior.

El dilema es siempre el mismo. A esos dirigentes les interesa la retención de las mayorías en los Concejo Deliberantes. De allí que podrían promover el corte de boleta para alcanzar ese objetivo. Optar por Randazzo o Cristina en la cabeza de la lista pero tomando una sola nómina de concejales.

Los estrategas del ex ministro del Interior replican a ese desafío K: según ellos, el voto que acompañó a Randazzo posee el sello del peronista tradicional. Que hace rato se habría apartado de la ex presidenta.

Habría una coincidencia en eso con el primer vistazo poselectoral que echó el kirchnerismo: Cristina no habría crecido ni una décima más del resultado que obtuvo el 13 de agosto.

Amén de la llamada peronización, la ex presidenta tiene que terminar de definir otro par de tópicos.

Uno: el volumen de su participación pública.

Dos: la orientación de su mensaje. Aquí de nuevo una revisión forzada: la estrategia de no aparecer y asomarse poco sirvió de nada para capturar votos fuera de los sectores duros.

¿Servirá el regreso al primer plano? ¿No podría resultar funcional a los planes de Mauricio Macri de volver a utilizar a Cristina en la campaña como fantasma del pasado?

Hay una evidencia: el Gobierno suele sentirse mucho más incómodo cuando resulta interpelado por la realidad que gestiona.

En cuanto al contenido del mensaje existirían, tal vez, menos dificultades. Sólo habría un cambio, en parte, en el papel de los ciudadanos anónimos que en la campaña de las PASO contaron sus penurias por el ajuste del modelo macrista.

La protagonista también sería Cristina, sin apartarse de subrayar lo que ocurrió y todo aquello que podría venir. Insistirá con cuestionar, sobre todo, la reforma laboral. Justo sobre lo que Macri aconsejó ayer a sus ministros que no se debe mencionar. Hay otros terrenos en los que la dama no estará en aptitud de transitar.

Ya le ocurrió en la campaña de las PASO. Durante su desarrollo debió alentar el atrincheramiento de sus diputados para evitar la destitución de Julio De Vido, que propiciaron Cambiemos y 1País, de Sergio Massa y Margarita Stolbizer.

El ex ministro de Planificación, para infortunio cristinista, volverá al banquillo en septiembre. El miércoles 27 se iniciará el juicio oral y público por la tragedia de Once.

La agenda judicial se ha recargado en contra de la nueva estrategia electoral que pergeña Cristina.

El Tribunal Oral 4 comunicó que el 3 de octubre también arrancará el juicio oral contra Amado Boudou, su ex vicepresidente, por la causa Ciccone. Aquella que provocó una primera devastación en la Justicia: el apartamiento del juez, Daniel Rafecas; también del fiscal, Carlos Rívolo, y la renuncia del entonces procurador general Esteban Righi.

Cristina estará obligada a medir muy bien cada una de las modificaciones que propone ahora para la campaña.

El campo de acción que tiene no es generoso. En especial desde que la justicia electoral bonaerense confirmó que su supremacía sobre Bullrich resultó mínima.

Lejísimos de los cuatro o cinco puntos de ventaja que imaginaron en la previa, sostenidos por encuestas propias. O incluso el punto redondo que supusieron hasta hace 48 horas.

El resultado final, por otro lado, confirma la tendencia histórica que separa al escrutinio parcial del definitivo: siempre una brecha que bascula entre el 0,21% y 0,23%.

El cristinismo, pese a todo, insistirá con sacarle tajada política a ese pequeño desfase.

De hecho, el apoderado del PJ y asesor legal del Frente de Unidad Ciudadana brindó un anticipo.

Jorge Landau dijo que por primera vez en democracia el escrutinio provisorio no tiene relación con el definitivo. Es decir que el ganador del conteo interrumpido el 13 de agosto no fue el mismo que el de ayer. Igual, tal argumento perdería fuerza frente a la paridad de las cifras.

Esa constituye también la convicción del Gobierno, en este prólogo de la campaña electoral definitiva. 

Eduardo van der Kooy

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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