Jueves, 31 Agosto 2017 00:00

Un viento impredecible en el ojo de la tormenta electoral - Por Fernando González

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No estaba en los planes. Después de las PASO, con un resultado que estuvo por encima de las expectativas a pesar del final bonaerense apenas por debajo de Cristina, la irrupción del caso Maldonado en pleno arranque de la campaña electoral con vistas a octubre está poniendo a prueba la capacidad del Gobierno. El desafío para Mauricio Macri es evitar que se modifique el escenario favorable con el emergió del primer examen electoral del 13 de agosto.

 

Mañana se cumplirá un mes de la desaparición de Santiago Maldonado y el kirchnerismo, como lo demostró ayer la ex presidenta en su acto de relanzamiento en La Plata, hará todo lo necesario para mantenerlo como bandera de una campaña en la que dispone de pocos argumentos para mejorar la performance inicial. Movilizará a sus grupos militantes; contará con el acompañamiento siempre funcional de la izquierda y buscará complicar al Frente Cambiemos en cada trinchera favorable. La bajada de línea de los gremios docentes K en universidades, colegios secundarios, primarios y hasta en jardines de infantes con la acusación a Macri de haber planificado la desaparición del artesano es sólo una muestra de la creatividad a la que están dispuestos a acudir para volver de los números magros de agosto.

Claro que, más allá de la batalla electoral en marcha, está la falta de resultados concretos para dar con el paradero de Maldonado que exhiben el Gobierno y la Justicia. Hasta la fiscal del caso, Silvina Ávila, morigeró por debilidad de las pruebas su ímpetu inicial en torno a la hipótesis de la desaparición forzada en manos de efectivos de la Gendarmería. Y tampoco avanza la pista preferida de la Casa Rosada: la que apunta a la posibilidad de que Maldonado sea uno de los dos encapuchados que un puestero de la estancia Benetton acuchilló en medio de un ataque que terminó en incendio.

El ADN de la sangre que quedó en su camisa podría confirmar o desmentir esa alternativa, pero el juez federal Guido Otranto todavía no tiene los resultados de una prueba que se dilata hasta la exasperación. Y que tendría que incluir el eventual ocultamiento del muchacho por parte de los miembros de la Resistencia Ancestral Mapuche, el movimiento con antecedentes violentos en Argentina y en Chile que lidera el pintoresco Facundo Jones Huala. Un personaje de la inagotable picaresca criolla que se hace llamar “Lonko” (cacique en mapuche), que recibe en prisión a la TV ataviado con una vincha azul francia y reclama tierras patagónicas que dice haber heredado de sus antepasados. No es extraño que los genuinos mapuches, que luchan hace décadas contra la pobreza y la exclusión, lo desconozcan.

Ante estos vientos confusos e impredecibles, el Gobierno decidió moverse con prudencia. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, encarna la línea más dura y queda expuesta para recibir el fuego graneado de la crítica opositora, y hasta presiones inesperadas como la que le hizo sentir Mirtha Legrand en la cena tensa del último sábado. Por eso, Macri aceptó la sugerencia de no presentarse como querellantes en nombre del Estado y delegó en el ministro de Justicia, Germán Garavano, la apertura de una línea de diálogo con los familiares de Maldonado y la abogada, Verónica Heredia, que se inició el lunes en La Plata tras un encuentro que sirvió para limar algunas de las asperezas con el entorno familiar del joven desaparecido.

Bullrich defiende a rajatabla el papel de la Gendarmería, la fuerza de seguridad que la clase política consideró en estos años como la más preparada para lidiar con la protesta social y a la que el propio kirchnerismo privilegió en términos presupuestarios. Pero Garavano representa una postura más flexible, sobre todo si la Justicia llegara a comprobar que algunos de los gendarmes están realmente implicados en la desaparición de Maldonado.

La argumentación pública de la posición oficial quedó a cargo de Marcos Peña, más por las circunstancias que por decisión propia. Es que al Jefe de Gabinete le tocó ayer responder un centenar de preguntas ante la Cámara de Diputados con el caso Maldonado como eje. El kirchnerismo, pero también la izquierda, los peronistas moderados y hasta algunos massistas priorizaron el tema durante las siete horas de su exposición. “La prioridad que nos tiene que unir es la aparición con vida de Santiago Maldonado”, intentó Peña en el Parlamento. Y, aunque pidió “prudencia institucional”, no será fácil hallar un remanso en medio de la tormenta de siete semanas que le esperan a la Argentina hasta el domingo de la elección. 

Fernando González

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