Miércoles, 13 Septiembre 2017 00:00

Nada anormal - Por Sergio Crivelli

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Encuestas difundidas en los últimos días revelaron que el caso Maldonado ha tenido hasta ahora poco impacto electoral (por no decir casi nulo). Nada anormal. Ninguno de esta naturaleza lo tuvo, aunque muy pocos hayan gozado de la fuerte exposición mediática de la desaparición del artesano.

 

Diversas razones explican el hecho y no es la menos importante que sólo los simpatizantes de Cristina Kirchner estén convencidos de que la desaparición de Maldonado es obra del gobierno de Mauricio Macri.

El resto lo niega o tiene dudas. Los campos están bien delimitados, lo que demuestra una vez más que el grueso de la sociedad cree lo que está dispuesto a creer y sólo cambia de parecer ante una evidencia abrumadora contraria a sus convicciones. Y muchas veces ni siquiera bajo esas circunstancias.

En segundo lugar la sobreactuación conspiró contra los planes opositores. La militancia desembozada en las redes y la calle tiñeron electoralmente un reclamo que, de otra manera, hubiera podido ser compartido por "neutrales". También generó descreimiento el hecho de que los que se volvieron militantes violentos por la aparición con vida de Maldonado no hayan adoptado igual actitud en casos similares.

La intervención de personajes desacreditados como Bonafini y Carlotto tampoco ayudó a universalizar la inquietud por un hecho que en caso de constituir realmente una desaparición forzada revestiría enorme gravedad institucional.

Otro factor en contra de quienes quisieron transformar a Maldonado en un asunto electoral es el de los mapuches. Su imagen pública no es buena, por decir lo menos. Tampoco ayudan a mejorarla los indios (o aborígenes, como se prefiera llamarlos) que mienten ridículamente ante la televisión.

Los mapuches tenían fama de violentos en Chile y en el sur. Ahora esa fama se extendió a todos los rincones del país adonde llegan los medios.

El jueves pasado el senador Fernando "Pino" Solanas se quejó de que se está "creando consenso para una campaña antiindígena", pero omitió decir que los que más aportan son los propios indígenas con ataques a puestos de estancias, incendios, cortes de rutas, usurpaciones, etcétera.

Visto en perspectiva, dos sectores minoritarios atacaron al gobierno utilizando como arma el caso Maldonado. El kirchnerismo y las que podrían ser consideradas momias progresistas que sobreviven en organismos de derechos humanos y de izquierda con muy bajo peso electoral.

En ese caso, la partidización no ayudó, sino que perjudicó la posibilidad real de una investigación confiable y exhaustiva de lo ocurrido.

Otro dato de interés del debate sobre el tema en la Cámara alta fue la prudencia peronista. El jefe del bloque FPV-PJ, Miguel Pichetto, se limitó a señalar la respuesta tardía del gobierno ante el problema y a reclamar por su esclarecimiento, pero sin inculparlo. A eso sólo se dedicaron las senadoras fieles a Cristina Kirchner y un solo senador, Ruperto Godoy, cuyos gritos no pasaron a mayores por falta de coro.

En suma, el cristinismo aislado no puede llegar muy lejos, si el gobierno no comete un gruesísimo error. Y el gobierno parece estar reaccionando: empezó a aislar a la Gendarmería para que un eventual problema en esa fuerza lo afecte lo menos posible. 

Sergio Crivelli   
Twitter:@CrivelliSergio

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