Miércoles, 13 Septiembre 2017 00:00

Agrupación "Después vemos..." - Por Ricardo Kirschbaum

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Massa recurrió a Borges para responderle a Cristina. Randazzo le echó toda la culpa.

 

En un gesto que quiere ser presentado como desprovisto de soberbia, Cristina Kirchner propuso armar un frente político para que la voten a ella.

La recepción de esa oferta no ha generado expectativa. Antes que eso, se parece más a un gesto de debilidad que a un cambio de estrategia.

Su aparente generosidad se agota en una consigna unificadora que, con la excusa de parar el ajuste que prepara Macri, se resume en un remedo de aquel “Síganme, no los voy a defraudar”.

Esta vez la ex Presidenta dice: “Vótenme, después discutimos los detalles”.

En verdad, su estrategia electoral aparece errática, con numerosas y variadas tácticas que no están surtiendo efecto.

Los que saben dicen que la master chef de este menú es ella misma, con ayuda de Fernando Espinoza, que la tironea de nuevo hacia el peronismo que despreciaron, de Wado de Pedro que acompaña al matancero, y de las franjas no peronistas que sueñan con el frente popular.

Algunos puntillosos creyeron ver en el giro político de Cristina algún salvoconducto para los que se quieran fugar de Massa y Randazzo. Es un argumento endeble: los que están dispuestos a la deserción ya saltaron el cerco.

Lo que es incomprensible es que ahora haya propuesto hacer lo que antes de las PASO había descartado, creando Unidad Ciudadana fuera del PJ. Dijo tácitamente que no necesitaba del partido y se lo dejó a Randazzo, creyendo que con la Cristina herbívora le bastaba para ganar. El fracaso de la economía macrista haría el resto.

Fue otra apuesta que no funcionó, como tampoco había funcionado aquel pronóstico de un “helicóptero, allí”, señalando a la Casa Rosada.

En agosto utilizó una variante light de aquella campaña del miedo de Scioli que llegó al máximo cuando un ministro de Salud, ahora procesado, aventuró que si ganaba Macri ganaba el cáncer.

El resultado fue una levísima ventaja contra un candidato que ella considera de una liga menor de la política. Ahora virtualmente se adjudica la totalidad de los votos que no fueron para Cambiemos. Interpreta que votaron contra la política económica.

Por lo que se vio en estos días, cree en eso. O agarrarlo como nuevo estribo al ver que la politización del caso Maldonado resulta insuficiente.

La dramática búsqueda del artesano, en la que el Estado tiene responsabilidad absoluta en esclarecer lo que pasó, se convirtió en un tema central y prioritario.

Pero según sondeos de opinión, el 60% cree que la oposición, con Cristina a la cabeza, lo usa para obtener rédito político. Y no se sabe hasta qué punto puede ser bumerán.

La última maniobra ha sido proponer a la oposición que se sumara detrás de ella para ponerle un límite a Macri. Eso sería posible únicamente “si ganamos las elecciones de octubre”, lo que según ella sólo se puede lograr con su boleta, es decir con su candidatura. Ganamos, quiso decir, si gano yo.

Massa respondió parafraseando a Jorge Luis Borges, mostrando cómo se ha aggiornado el peronismo: “Un día no nos va a unir el espanto sino el amor por Argentina”.

Randazzo no tuvo piedad y la acusó de ser la responsable de las últimas derrotas electorales.

La izquierda dura no se dio por aludida.

La carta-propuesta del frente fue publicada en el Facebook. Hace una promesa inédita proviniendo de quien proviene: discutir luego “todo con todos y todas”, clásico de la tradicional Agrupación “Si gano, después vemos”. 

Ricardo Kirschbaum

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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