Domingo, 24 Septiembre 2017 00:00

Cristina ya sabe que va a perder - Por Julio Blanck

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Encuestas propias le dan una desventaja de hasta 3 puntos ante Bullrich. Y reconoce la infidelidad de los intendentes.

 

Cristina sabe que va a perder en octubre. Se lo dicen los números de las encuestas propias, que la están colocando entre 1 y 3 puntos por detrás de Esteban Bullrich, su rival de Cambiemos, según admiten en el espacio más cercano a la ex Presidenta. Se lo dice también la traición a cielo abierto de los intendentes del Gran Buenos Aires, que ella admite como una fatalidad repetida desde el fondo de los tiempos.

No es que los intendentes de Unidad Ciudadana vayan a apoyar a otro candidato que no sea ella; simplemente van a poner su boleta de concejales también en los sobres de otras ofertas políticas, cuestión de asegurarse gobernabilidad municipal.

Hace dos años ya habían ensayado ese jueguito hasta los candidatos de La Cámpora que terminaron ganando sus intendencias. Pusieron su boleta local junto a la de María Eugenia Vidal para la gobernación, cuando percibieron que la ola de la nueva estrella de Cambiemos era imparable. Lo hicieron antes, lo vuelven a hacer ahora.

Abundan los intendentes que en público se empalagan con elogios a Cristina y despotrican contra Macri. Pero en privado admiten que la ex Presidenta les asegura con su arrastre un piso sólido de votos en los municipios, y a la vez se apuran a descartarla como factor de triunfo y conservación del poder a mediano plazo. Son los mismos que negocian con Vidal las pautas de convivencia política y provisión de fondos para los próximos dos años. Y mantienen a la gobernadora al tanto de los movimientos en la interna peronista y kirchnerista de la Provincia.

No es traición, es defensa propia. El viejo partido de Perón perdona a los traidores pero no a los derrotados. Los saben intendentes y gobernadores, que están esperando su momento para ocupar el centro de la escena peronista. También lo sabe Cristina.

Ella puede perder, pero tendrá tres millones y medio de votos en la Provincia. ¿Quién se animará a plantearle que no tiene nada más que decir sobre el futuro peronista?

El resultado promedio de las encuestas conocidas –ya son casi una docena- establece una distancia de 2 a 5 puntos en favor del candidato de Macri y de Vidal. Pero los directores de la campaña oficialista aconsejan prudencia, porque siempre aparece al final un porcentaje de peronista que estaba en los sondeos.

Sin embargo, estudios encargados por el peronismo bonaerense y que circulan en ese universo siempre turbulento, parecen ser terminantes en cuanto a las posibilidades de Cristina.

Una de estos trabajos es tan reservado que, para tener acceso a él debe asegurarse confidencialidad absoluta acerca de quienes la realizan, porque están vinculados a una entidad pública. Está hecho exclusivamente sobre teléfonos celulares. Así vienen acertando los resultados de las últimas elecciones, incluidas las PASO de agosto. El otro sondeo es de una consultora surgida del riñón histórico del peronismo de la Provincia, y por esa confiabilidad de origen sus datos son de consulta obligatoria para los intendentes.

La primera de estas encuestas, registra que “esperanza” es el sentimiento más repetido sobre el futuro del país, con el 42% de menciones. Es un valor que viene en crecimiento desde hace cuatro meses. Lo siguen “temor” con 22% e “incertidumbre” con 19%.

El desempeño de Macri merece 51% de opiniones positivas y 46% de respuestas negativas. Mejor está Vidal, con un balance positivo/negativo de 62% a 33%. El balance de Cristina es 42% a 56%, el de Sergio Massa 38% a 50% y el de Florencio Randazzo 35% a 49%.

Un 30% dice que votará a quien pueda derrotar a Cristina y un 25% que lo hará por quien se muestre capaz de ganarle a Macri. En intención directa de voto, Bullrich está en 41% y Cristina en 36,4%.

En tanto, de acuerdo a la encuesta de génesis peronista, la situación de país es considerada regular, buena o muy buena por el 52,6% y mala o muy mala por el 41,9%. Con los mismos parámetros, la gestión de Macri obtiene 56,9% y 39,4%. Y la de María Eugenia Vidal da 63,7% a 31,8%.. Pero

El 23,9% de los consultados dijo que piensa cambiar su voto en octubre respecto de las PASO. Pero Cristina y Bullrich retendrían a casi todos sus votantes de agosto. Puestos en situación de sufragio, el 39,3% eligió a Bullrich y el 36,3% a Cristina.

Cristina sabe que va a perder en octubre y lo acepta con una templanza notable, según relatan quienes han hablado en privado con ella. Su muralla emocional y política para seguir adelante se asienta sobre dos pilares. Uno construido con lo que pasó, otro con lo que viene.

Ella ha dicho que la victoria estrecha y agónica en las PASO –algo más de 20.000 votos, un 0,21%- ya fue una hazaña democrática porque se logró contra todo el aparato del Estado y los medios de comunicación. Este último capítulo de la victimización quizás le funcione como consuelo a su núcleo duro, que le cree religiosamente.

También ha dicho que lo importante empieza después de octubre. En su razonamiento, después de octubre viene el súper ajuste de Macri, la profundización de la crisis económica y social, la explosión imparable de la penuria popular y como remate el derrumbe sin remedio del Gobierno.

Quizás Cristina confíe más de la cuenta en que ese pronóstico de Apocalipsis se cumpla de modo implacable. Y que el caos subsiguiente permita disolver lo que ella ha llamado persecución política, que es la forma en que denomina a la fabulosa acumulación de denuncias judiciales y pruebas en su contra.

El análisis de datos le permitió al Gobierno localizar en el GBA a 34.740 personas que lo votaron en 2015 y que en estas PASO no fueron a votar.

En su horizonte se alza la amenaza de uno o más juicios orales el año próximo y quizás alguna condena. En lo más alto del Poder Judicial consideran inevitable esta secuencia. Lo único que estaría en discusión sería la eventual demora que Cristina pueda lograr en sentarse a escuchar su sentencia. Esa ventana temporal es lo que ella necesita y alienta, para ver llegar la esperada catástrofe final de Macri.

Es duro decirlo porque atenta contra una ilusión, pero no hay nada que indique que ese escenario de caos económico, social y político pueda configurarse en el corto o mediano plazo.

Cristina, en privado, menosprecia a Macri en lo personal y a su gobierno en general, tanto como lo deja traslucir en público. Suele decir, con cierta gracia, que los inquilinos actuales de la Casa Rosada tiran una versión, arman focus group para ver qué impacto tiene en la gente, y a eso le llaman hacer política.

Un estudio de la consultora Poliarquía determinó que en los segmentos sociales de mayor lejanía y desinterés por la política, más extendido es el voto para Cambiemos. Pero esa opinión peyorativa de Cristina trasunta tanto enojo con la lógica de acción y construcción de Macri y su equipo, como el que expresan eruditos en la política tradicional que tienen dificultad para asumir el esfuerzo de entender, y a partir de eso explicar, un modelo político nuevo y hasta ahora exitoso.

El Gobierno, tratando de curarse en salud del virus del exitismo, puso en marcha otra vez su maquinaria electoral.

Vidal, factor decisivo en la elección de agosto, salió a caminar la Provincia con epicentro en el GBA. De lunes a viernes visitó Berazategui, Quilmes, Carmen de Patagones, Bahía Blanca, Punta Alta, La Matanza y La Plata. Tres días salió junto a Macri, de imagen mejorada. Dos veces junto a Bullrich, que pone su nombre en la boleta.

Desde el equipo de Vidal explican que trabajan en distritos donde quedaron atrás en las PASO -como La Matanza, Quilmes y Berazategui- porque aun perdiendo hicieron mejor elección que hace dos años.

El uso intensivo de análisis de datos le dio al Gobierno la posibilidad de localizar con alta precisión a 34.740 votantes en el GBA que habían apoyado a Cambiemos en 2015 y que en estas PASO no fueron a votar.

Están buscando a esos votantes y también a las decenas de miles que se ausentaron en las primarias. Según los jefes de campaña, ellos formarán el núcleo principal de los votos que les darán la diferencia final sobre Cristina. Otro porcentaje importante esperan recibir de casi un tercio de los votantes de Massa en las PASO, que estarían migrando en proporción de 3 a 1 a favor de Cambiemos.

Esa es apenas una parte del trabajo preelectoral. Hay otras formas más apegadas a lo tradicional, que desde el macrismo se suele criticar como parte de lo viejo y fracasado.

Un ejemplo es la flamante extensión de los créditos Argenta -otorgados por la ANSeS- a todos quienes cobren salario familiar. La ampliación alcanza a dos millones de familias con ingresos por debajo de los 33.000 pesos. Hasta ahora los Argenta se daban a quienes cobran la Asignación por Hijo, jubilados y pensionados. Desde julio, en Provincia se habían otorgado esos créditos por 5.085 millones de pesos, el 30,6% del total entregado en todo el país.

Cuando faltan sólo cuatro semanas para la elección, los índices de economía, inversión y consumo en alza durante el último trimestre consolidan la oferta del Gobierno. Tendrían que cometer errores demasiado grandes, o enfrentar acontecimientos demasiado graves, para que el sueño de Apocalipsis que acuna a Cristina algún día llegue a ser realidad.

Julio Blanck

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