Jueves, 05 Octubre 2017 00:00

Nunca tan cerca - Por Sergio Crivelli

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Los aviones, helicópteros, lanchas de lujo, bolsos con dólares, cajas de seguridad repletas de millones como la de Florencia Kirchner y las máquinas de contar billetes en La Rosadita constituyen imágenes imborrables que valen por mil denuncias.

 

Nunca se estuvo tan cerca de exponer y condenar judicialmente la corrupción a gran escala en la Argentina. La corrupción ligada al poder, la trama de funcionarios, jueces, sindicalistas y empresarios que se han enriquecido hasta ahora impunemente con dinero público.

Este fenómeno no tiene precedentes, pero sí causas identificables. La primera es un cambio de guardia inédito en la Casa Rosada. El actual jefe del Estado no pertenece a ninguno de los partidos que se turnaron históricamente en ese edificio. Más aún, no pertenece a la clase política, ni tiene vínculos, ni deudas de gratitud, ni obligaciones, ni le debe su acceso al poder a ningún dirigente político. Es un ex empresario rodeado de ex Ceo"s. Gente que si se enriqueció (hay varios con fortunas personales considerables), lo hizo en el sector privado y no desde una intendencia, gobernación o ministerio, con un sueldo sin la menor relación con su patrimonio.

La segunda causa es que el saqueo fue tan espectacular como torpe y dejó indicios abrumadores. Nadie tuvo el menor pudor ni cuidado. Están sentados en el banquillo un ex vicepresidente, ministros, secretarios de estado, etcétera. La ex presidenta también está haciendo la cola.

En tercer lugar, la magnitud del saqueo tuvo fuerte impacto en la opinión pública. Los aviones, helicópteros, lanchas de lujo, bolsos con dólares, cajas de seguridad repletas de millones como la de Florencia Kirchner y las máquinas de contar billetes en La Rosadita constituyen imágenes imborrables que valen por mil denuncias.

En este contexto la derrota electoral en las PASO provocó un terremoto y la que se ve venir en las generales confirmó el cambio de ciclo. En este nuevo ciclo los jueces sospechados de frenar causas durante años ya no garantizan nada. Julio De Vido tuvo que sentarse en el banquillo por los cincuenta muertos del Once y declarar por sobreprecios en las compras de gas licuado. Las cifras de este negocio son alucinantes. De Vido está visitando Comodoro Py con una frecuencia que no le augura nada bueno.

Por otra parte los jueces sospechados de connivencia con los K y que persisten en su actitud son apartados como el camarista Freiler o empiezan a aparecer en los medios en posiciones, para decirlo de alguna manera, poco favorecedoras como Ariel Lijo.

A esto deben ser añadidas versiones sobre "arrepentidos", por ejemplo Vandenbroele, presunto testaferro de Amado Boudou, o directamente amenazas de delación como la apenas velada del defensor de Cristina Kirchner, que declaró de manera pública que si tiene que denunciar a Julio De Vido, lo hará.

En este tembladeral, ¿cuál es la línea de defensa de la ex presidenta? Admitió que en su gobierno hubo corrupción, pero que ella no tenía ni noticias. No tenía noticias de Lázaro Báez, ni de López, ni de Río Turbio ni de una larga lista de etcéteras. Dice que todo es una persecución política, lo que es tan cierto como que en Santa Cruz no hubo desaparecidos durante el último régimen militar. Pero su peor enemigo no es la verdad, sino el creciente aislamiento político. Por eso el castigo judicial parece más cerca. 

Sergio Crivelli   
Twitter:@CrivelliSergio

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