Domingo, 08 Octubre 2017 00:00

La traición y el acuerdo están servidos - Por Julio Blanck

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Gobernadores, sindicatos e intendentes peronistas buscan desplazar a Cristina. Negociarán y competirán con Macri.

 

Con el resultado electoral a la vista, dando por seguro un triunfo nacional del Gobierno más amplio aún que en las PASO que incluye como plato principal la derrota de Cristina Kirchner en Buenos Aires, los gobernadores, jefes parlamentarios, sindicalistas e intendentes del peronismo ya tienen listo el menú de la traición y el del acuerdo. No podría haber el uno sin el otro.

Traición, para que se entienda, de los que permanecen fieles a Cristina en la Provincia al solo efecto de colgarse del tercio de votos que ella asegura aún perdiendo, y así defender mejor sus enclaves de poder territorial. También de los gobernadores que no se atrevieron a enfrentarla abiertamente aunque fumigaron a sus representantes locales. De la tropa parlamentaria que se mantuvo dentro de los bloques del Frente para la Victoria esperando que llegue el momento que está por llegar. Y de la porción mayoritaria de la dirigencia sindical, que quiere dar vuelta la página kirchnerista de su historia y liberarse las manos para negociar con este gobierno, como antes lo hicieron con todos los demás.

Macri los espera, con poder renovado pero también con necesidades permanentes, para diseñar el país de los próximos años. Hay una coincidencia tácita, en el oficialismo y en la oposición: los acuerdos que vengan después de la elección podrán orientar el camino hacia transformaciones más profundas, pero no serán esas transformaciones. El gradualismo seguiría marcando el tiempo y la intensidad de la política, al menos hasta el turno presidencial de 2019.

Condición necesaria es la derrota de Cristina, que auguran ya una docena de encuestas incluidas las que manda hacer el Gobierno y celebra en privado, sin difundir datos, exagerando la cautela, tratando de exprimir hasta el último voto del mapa bonaerense con una tarea minuciosa, casi científica, abundante en recursos.

El trabajo de desplazar a Cristina del centro de la escena no lo hicieron los peronistas que no la quieren. Lo está haciendo Macri. Con ayuda original de muchos de ellos es cierto, pero nada de esto estaría sucediendo si el Gobierno hubiese entrado en el tobogán imparable con punto de destino en el helicóptero de evacuar presidentes de la Casa Rosada, que Cristina y los suyos auguraron, alentaron e intentaron provocar.

Ahora ese peronismo se apresta a completar la tarea. Es el paso obligado a la construcción de una alternativa de poder que quizá, si la suerte acompaña y el Gobierno se equivoca mucho, les permita competir con ambición cierta dentro de dos años. Si no, tendrán que esperar otro turno. Ocho años es mucho para estar a la intemperie. Pero Miguel Pichetto, jefe de operaciones de ese conglomerado ambicioso, ya les recordó que el PRI mexicano, un partido del poder como el peronismo, tuvo que esperar doce años cuando lo desmontaron de la presidencia.

El peronismo renovado subirá a escena antes que nada en el Congreso. En el Senado, Pichetto ya anticipó que hará bloque peronista sin Cristina, con quien está en una etapa de recíproco odio profundo. Promete tener más del doble de los senadores que reunirá la ex Presidenta.

​El peronismo en vías de renovación ve venir una poderosa ola amarilla sobre la elección del domingo 22​

A la vez se está cocinando un interbloque amplio en Diputados, como anticipó Clarín el viernes. Confluirían los legisladores conducidos políticamente por Diego Bossio que se animaron a romper con los ultra K apenas el poder pasó de Cristina a Macri; con los nuevos diputados que lleguen de las provincias con la elección del próximo domingo 22 y que reflejarán, después de muchos años, el mando de los gobernadores y no la sujeción a la lapicera de Carlos Zannini y La Cámpora.

El valor agregado es que allí recalarían también los legisladores que conserve Sergio Massa, cuya condición para participar en la renovación peronismo es que el kirchnerismo sea efectivamente remitido a la marginalidad. Ya habló del tema con Pichetto, con gobernadores y con varios intendentes del conurbano que figuran en Unidad Ciudadana, el espacio no peronista que armó Cristina.

Massa dice que armar una cooperativa requiere de esfuerzos y generosidad compartida. No son insumos que abunden en la política. Les está reclamando a los gobernadores una transfusión de sangre urgente para ayudarlo a sostener su dotación de diputados, en una elección que ya le nació complicada en las PASO y no parece sencilla de mejorar en dos semanas.

El plan original de los gobernadores era colaborar con Massa para que pudiera retener un millón de votos en la Provincia, después de haber sacado un millón y medio en las PASO. Con ese caudal, más que lo pudiera aportar Florencio Randazzo, que no será poco, el peronismo renovador tendría una base sólida para disputarle a Cristina el dominio en la Provincia. Los intendentes que se pasen de bando después de la elección ayudarían a erosionar los formidables tres millones y medio de votos que podría juntar la ex Presidenta aun perdiendo la elección ante Esteban Bullrich, el candidato de Macri y María Eugenia Vidal. Por ahora es pura ilusión.

Para darle más volumen al peronismo renovador, todavía nonato, ya hubo encuentros reservados de Pichetto y el gobernador Juan Manuel Urtubey con el patrón de Formosa, Gildo Insfrán, un inoxidable prekirchnerista a quien buscan apartar de Cristina.

Otros encuentros reveladores fueron sacados a la luz como señal política de lo que viene. Como la amable tertulia de los intendentes Gustavo Menéndez (Merlo) y Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas) con Massa primero y con Pïchetto después. Menéndez y Nardini están en Unidad Ciudadana, al menos hasta el momento en que se cierren las urnas a las 18 horas del domingo 22. También se vieron con Gabriel Katopodis (San Martín), que permanece junto a Randazzo. Y con Juan Zabaleta (Hurlingham) que se fue con Randazzo y después de las PASO volvió a Cristina, en un retorno que también tendrá fecha de vencimiento el domingo electoral.

Abierto el juego de la recomposición peronista también quedó habilitada la danza de ambiciones para el corto y mediano plazo.

En un repaso rápido puede decirse que:

Urtubey, ocupado hoy en asegurar su triunfo en Salta, quiere ser candidato a presidente y pretende colocar a Pablo Kosiner como jefe del interbloque en cocción.

Massa juega con el imaginario de una candidatura a gobernador que está más en la intención de algunos intendentes que en la propia, pero postula a Graciela Camaño para liderar el nuevo espacio parlamentario.

Schiaretti, que por experiencia y peso político lidera junto con Pichetto la negociación global con el gobierno de Macri, también intentaría hacer baza en Diputados con Martín Llaryora, su actual vice que viene al Congreso.

Martín Insaurralde, intendente de Lomas de Zamora, está otra vez en marcha de alejamiento de Cristina y vuelve a acuñar su sueño de gobernador bonaerense. Para ese puesto insiste en jugar Fernando Espinoza, jefe político de La Matanza y desde allí gran sostén de Cristina hasta la noche de la elección.

Los sindicatos que dominan la CGT, que por errores de cálculo político y rencillas internas debieron postergar su propósito de ser ejes de la recomposición peronista, volvieron a tejer una red que los una con el peronismo parlamentario y los gobernadores.

A ellos les toca un ala muy expuesta en el frente de presión y negociación con el Gobierno. Es la que abarca el propósito de Macri de avanzar en cambios en las relaciones laborales, favoreciendo la productividad y la competitividad, aun sin una ley global sino con acuerdos por sector. Y también los devaneos, nunca del todo disipados, acerca de eventuales cambios en la edad jubilatoria.

El peso mayor de la búsqueda de acuerdos con el Gobierno estará cargado sobre el peronismo parlamentario, que será la expresión directa de los gobernadores. Por impulso de la Casa Rosada hay una agenda de leyes a tratar antes que termine el año, vinculadas a asuntos presupuestarios y fiscales. También a cuestiones sobre la Justicia. Puede ser la antesala de discusiones de fondo, el año próximo, sobre una nueva distribución de fondos que haga sustentables a la Nación y a las provincias.

Para todo hay que volver a la condición original, que es el opacamiento progresivo de Cristina. Los avances de la Justicia pueden contribuir fuertemente a ese propósito. Estaría muy cerca de una citación a indagatoria por la denuncia del fiscal Nisman sobre encubrimiento en el pacto con Irán. Ya tiene tres procesamientos. Y el 9 de noviembre será indagada por el caso Hotesur. Pero en el principio está la política.

En el peronismo en vías de renovación ven venir una poderosa ola amarilla sobre la elección del domingo 22, que puede impactar más fuerte de lo esperado incluso sobre los gobernadores propios. Admiten un error de diagnóstico en esta carrera electoral: nosotros les discutíamos la economía y ellos nos ganaron por la política, dicen. El reflejo de ese escenario para ellos imprevisto estaría en los focus group y las encuestas más recientes: la gente se cansó de Cristina y de un sistema, no quiere más Pata Medina ni Julio de Vido, admiten ahora.

Hay algo que ese reconocimiento tardío no impide: Macri hizo el trabajo más arduo y quiere cobrarlo. Tiene lógica. Hay que ver si puede. 

Julio Blanck

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