Miércoles, 11 Octubre 2017 00:00

Tiempo de transiciones - Por Francisco Sotelo

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Si el macrismo alcanza los resultados que proyectan las últimas encuestas en Buenos Aires, no solo habrá logrado dos senadores nacionales de esa provincia sino que el escenario global del país tendrá una modificación sustancial, con incidencia directa en Salta.

 

La derrota de Cristina Fernández clausurará un ciclo y el peronismo ya no será lo que fue hasta ahora. Incluso, una victoria de la expresidente tampoco le devolvería su antigua proyección. Cuando dijo a El País de Madrid que ella no es kirchnerista sino peronista, la señal de que los tiempos han cambiado fue clara. Para ella fue tarde, porque se fue del PJ.

El kirchnerismo, tal como se mostró en los ocho años de la presidencia de Cristina, dista mucho de las tradiciones peronistas, y de la cabeza del peronismo actual. Fue más bien una versión local de un izquierdismo antisistema, con una militancia inventada desde el Estado y una visión muy lejana a la que se gestó con el peronismo.

Hoy, el cristinismo se acerca cada vez más a una izquierda heterogénea, de ideología difusa.

Por otra parte, el gobierno macrista va generando expectativas de un nuevo escenario, con una estrategia que consiste en relevar las prioridades más íntimas del electorado, lo que la gente común piensa y espera de la política. Esos sondeos arrojan como primer resultado que a la ciudadanía le interesa la política y no le interesan en absoluto, porque se aburre, las peleas que entretienen a los políticos. En nuestra provincia, las PASO mostraron que no está tan equivocado ese criterio, aunque Cambiemos esté muy lejos de hacer pie en la política local.

Sin embargo, candidatos y dirigentes no lo ven. El debate de ayer, en la Cámara de Diputados lo demostró: las críticas furibundas al Gobierno nacional de parte de los peronistas indica que el pasado los tiene acollarados. Claro que no son los únicos: la idea del Gobierno nacional en Salta no aparece.

El recinto de la calle Mitre se convirtió en una sede de campaña de la que solo se enteraron los cronistas acreditados pero la gente ni se enteró. Si la sesión hubiera sido televisada hubiera batido récord de rating negativo.

Juan Manuel Urtubey y su equipo sí percibieron el cambio de los tiempos. El gobernador se prepara para la gran batalla para 2019, pero sus voceros ya adelantan que lo primero es el liderazgo dentro del PJ, lo que no se logrará con ningún resultado local sino con tiempo; que al justicialismo no lo salvará ningún iluminado y que en las presidenciales el candidato surgirá de internas (o las PASO, si continúan).

Urtubey, así como un grupo de nuevos gobernadores, sabe que está vez no habrá un Ubaldini haciendo paros ni carapintadas sublevados como los que se movilizaron en los 80 contra Alfonsín.

Después de 26 años de hegemonía del PJ y avanzados 17 años den el siglo XXI, el peronismo comienza a dejar de lado su esencia de partido de posguerra -probablemente, uno de los fenómenos políticos más notables del siglo XX en Latinoamérica- y se insinúa como una formación nueva cuyo desafío para canalizar su inoxidable vocación de poder pasará por adaptarse a nuevas reglas de juego. La primera de esas reglas consiste en cambiar hegemonía por consenso. Urtubey se propone ahora como el garante de un sistema. Las inversiones requieren seguridad jurídica y no puede haberla si la oposición que puede llegar a reemplazar al actual gobierno amenaza con detonar cualquier proyecto.

Apenas terminado el escrutinio, la agenda política establece el tratamiento de la reforma tributaria, la reforma laboral, la nueva coparticipación, la disciplina fiscal y el régimen de subsidios con impacto social. Además, el presupuesto. A diferencia de la “década ganada” nada de eso puede hacerlo el oficialismo solo. En la capacidad de los gobernadores para negociar su apoyo estará en juego el futuro del PJ. No pueden ser destructivos ni concesivos.

Urtubey jugará todas sus cartas, pero ya no podrá ser el mismo. Además, deberá garantizar una transición ordenada y serena en la provincia, algo que por ahora no ofrece perspectivas claras.  

Francisco Sotelo  

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