Lunes, 23 Octubre 2017 00:00

María Eugenia, Cristina y los miserables - Por Julio Blanck

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Vidal ratificó su empuje y carisma. La ex presidenta perdió su invicto electoral.

 

Cristina sabía todo lo que iba a pasar. Sabía que iba a perder, como se publicó en Clarín hace exactamente un mes.

Es la pérdida de un invicto electoral de casi tres décadas. Y el derrumbe del mito de que Ella siempre hace ganar elecciones. Ahora, si va en la boleta lo que está garantizada es la derrota.

Sabía Cristina, desde mediados de septiembre, que estaba al menos 2 puntos debajo de Cambiemos. Y que la mejora de la economía la ponía francamente en declive: en agosto la industria creció 5% y la construcción 13%, y en septiembre el repunte del consumo masivo alcanzó su tope en el año con un 4%.

Sabía que enfrente tenía a María Eugenia Vidal, una topadora que había empujado en agosto hasta empatarle las PASO que ella soñó ganar con comodidad.

Y a su aborrecido Mauricio Macri, que venía con la imagen en alza y se había pegado a la gobernadora en las visitas al conurbano, clavándole el desafío justo en los municipios donde ella anidaba su fortaleza electoral.

Sabía también que la mayoría de los intendentes peronistas del Gran Buenos Aires la iban a traicionar. Que la acompañarían hasta el día de la votación porque Ella les garantizaba como mínimo un tercio de los votos en cada municipio, y con eso podían defender esa porción de poder que les pertenece. Pero que estaban listos a pasarse al bando de los que quieren dejar atrás el capítulo kirchnerista y renovar el peronismo. O sea, recrearlo como la alternativa de poder que hoy no es.

Algunos de esos intendentes de Unidad Ciudadana le fueron de frente, hace dos semanas, anunciándole su propósito cuando ella reunió a todos los jefes comunales del conurbano para tratar de evitar la fuga.

Otros, menos corajudos, no lo dijeron pero lo hicieron. Un popular intendente, de un distrito clave del Sur del GBA, repartió a mansalva sus boletas de concejales junto con las de Cambiemos.

A uno más novato, de la Zona Norte, lo pescaron ocupado en el mismo trabajito. Fuentes peronistas de la Provincia fueron caústicas al hablar de los jefes municipales: son muy berretas, terminaron poniendo su boleta junto con las de Cristina, las de Cambiemos, la de Massa y la de Randazzo.

​¿Habrá sido para tanto? ¿Les habrá servido para salvar la ropa?

Los intendentes que permanecieron fieles a Cristina fueron un puñado significativo: Verónica Magario en La Matanza, Jorge Ferraresi en Avellaneda, Julio Pereyra en Florencio Varela y algunos pocos más.

Los otros, antes de defender sin escrúpulos su gobernabilidad, o más bien cuando ya tenían decidido hacerlo, desfilaron sin ausencias por el despacho de Federico Salvai, jefe de Gabinete de Vidal y comandante de la campaña oficialista.

Ya lo dijo Perón: la víscera más sensible del hombre es el bolsillo. Y con el bolsillo -municipal- vacío nadie puede dormir tranquilo.

Todo eso sabía Cristina al comenzar el tramo final de su campaña, que fue el más errático. Donde concedió media docena de reportajes por afuera de su custodia periodística y buscó retomar el color peronista en sus actos y visitas.

Dejó expuesta su naturaleza, antes cuidadosamente maquillada en el camino hacia las primarias. Aquella táctica le había dado pobres resultados, apenas una victoria por el 0,2% que se leyó como derrota política.

Con este cambio le fue mucho peor.

Es posible que también haya sabido Cristina, al promediar ese trayecto entre las PASO y la general del domingo, que el caso Santiago Maldonado no era exactamente igual a como lo estaban vendiendo -al público, a la feligresía militante y quizás a ella misma- sus acólitos y sus operadores políticos y legales.

El 18 de setiembre el periodista Claudio Andrade, corresponsal de Clarín en Bariloche, alertó sobre versiones que ubicaban el cuerpo de Maldonado en el río, a 400 metros del lugar de los incidentes con la Gendarmería el 1 de agosto.

Era la hipótesis que el defensor público de Chubut, Fernando Machado, sostuvo en el pedido de hábeas corpus a favor de Maldonado que presentó un día después en el juzgado federal de Esquel.

Causalidad o consecuencia de una filtración informativa que podía contradecir el relato de que la Gendarmería lo había llevado y desaparecido, desde esos días Cristina opacó el caso Maldonado en su discurso proselitista.

Hasta ese momento lo había sostenido como argumento central, después de que el libreto sobre la penuria económica y social le naufragara en las PASO.

En los últimos días se precipitó todo.

La aparición del cuerpo, los primeros resultados de la autopsia revelando que Maldonado no presentaba golpes ni lesiones, los indicios de la pericia que indicaron muerte por ahogo y permanencia de más de 60 días en el agua.

Y enseguida la revelación, en Clarín, de los dichos del testigo mapuche arrepentido que cruzó el río con Maldonado pero a diferencia del tatuador pudo llegar a la otra orilla.

Fue ese testigo arrepentido quien le avisó al juzgado dónde estaba el cuerpo. El que se subió al bote con los hombres de Prefectura para señalarles con más precisión ese lugar. El que reconoció que había declarado que a Santiago se lo llevó la Gendarmería porque así se lo habían ordenado los jefes de RAM, el grupo violento de la comunidad mapuche.

Todo indica que hubo mapuches que supieron la verdad desde el mismo momento en que Maldonado se hundió en el río.

Esa verdad se ocultó por conveniencia política. Fueron engañados o fueron cómplices los fiscales que envió la procesada procuradora Alejandra Gils Carbó y el equipo de abogados del CELS que condujeron a los testigos sosteniendo lo que ahora se sabe que es mentira.

Las verdades que asoman en el caso Maldonado no excluyen las responsabilidades que deban afrontar los gendarmes y funcionarios involucrados. Pero alejan la teoría del secuestro y el crimen.

Son verdades parciales en vías de ser establecidas de modo fehaciente. Y significan una profunda derrota moral para quienes sostuvieron la mentira y la explotación política del caso Maldonado, manipulando sin pudor a la familia y especulando de manera miserable con su dolor.

Si el propósito de toda esa operación siniestra era, además de debilitar a Macri, fortalecer la posibilidad electoral de Cristina, con los resultados del domingo a la derrota moral habrá que sumarle la política.

La ex Presidenta quizás se felicite ahora por la prudencia con que trató el tema Maldonado en el final de la campaña. No se pueden cargar a su cuenta personal los desbordes de su tropa. De hecho, desde que apareció el cuerpo sobrevino un llamativo silencio suyo y de sus candidatos.

En esos días un ministro de Macri recibió el llamado de un atribulado directivo del CELS, quien le dijo: Me parece que los mapuches se mandaron una locura.

El Gobierno, que recién sobre el desenlace de los acontecimientos pudo conocer en detalle lo que estaba sucediendo, atribuye ahora ese silencio final de Cristina a que sabía que este caso no iba a terminar bien para Ella. Es posible. Pero no es lo principal.

¿Cuánto influyó finalmente el caso Maldonado en la elección?

La primera impresión es que resultó neutro, tal como lo suponía el Gobierno y lo midieron algunas encuestas hechas de emergencia por el oficialismo y la oposición.

En todo caso, si hubo alguien perjudicado políticamente no fue Cambiemos.

Elisa Carrió, que habló con desaprensión imperdonable sobre el caso, no pareció ser castigada por el electorado porteño. Pero en la Provincia sostienen que las palabras de la diputada no ayudaron en el final de la campaña.

También la gente de Vidal afirma que el caso Maldonado no movió el amperímetro electoral. Aunque apuntan que tampoco les había movido el número de las encuestas la detención del Pata Medina, el violento sindicalista de la construcción.

Como si las preferencias del electorado hubiesen estado firmes y decididas por cuestiones anteriores y estructurales, ajenas a estas coyunturas.

Vidal y Macri desplegaron una campaña enérgica y conceptualmente agresiva. Jugaron duro sobre la responsabilidad del peronismo en el crecimiento del narcotráfico, hablaron de la mafia sindical, martillaron sobre la corrupción del ciclo kirchnerista, sobre la agobiante herencia de pobreza acumulada y la pasmosa ineficacia en la gestión de esos años.

Volvieron a apostar al contraste con el pasado, eludiendo la evaluación rigurosa del presente y proponiendo renovar la expectativa sobre el futuro. La sociedad otra vez les dio su apoyo.

Ahora tienen más poder y más futuro. Y mucha, muchísima más responsabilidad sobre sus espaldas. 

Julio Blanck

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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