Martes, 31 Octubre 2017 00:00

La política lo hizo (Garavano y Pichetto) - Por Ricardo Kirschbaum

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Dos días antes de las elecciones, Alejandra Gils Carbó habría comprendido, por fin, que su ciclo en como Procuradora General de la Nación estaba a punto de concluir.

 

El fallo del juez PabloCayssials abrió las puertas de su remoción al señalar que la funcionaria podía ser destituida sin juicio político. Esto es que no era necesario una mayoría especial en el Congreso.

En la noche del domingo 22, con el resultado político y la derrota de Cristina Kirchner, en cuya gestión Gils Carbó alcanzó estatura política e influencia para defender las políticas del kirchnerismo y sus funcionarios, la Procuradora cesó de resistir.

El dato crucial llegó por su abogado, León Arslanian, que estuvo hablando con Miguel Pichetto. El jefe del bloque de senadores peronistas le dijo que no había margen para defender a Gils Carbó en el Senado.

La Procuradora le pidió, entonces, a Arslanian que negocie con el ministro de Justicia, Germán Garavano, su renuncia. Una fórmula que achica el daño político pero que no afecta, se asegura, la marcha del juicio penal abierto contra Gils Carbó. El juez Ercolini la procesó por su presunta participación en un negociado en la compra de un edificio.

Garavano se había reunido mucho antes con ella para convencerla de que el mejor camino era que se apartase voluntariamente del cargo. Paralelamente hubo una fuerte ofensiva parlamentaria con un proyecto de ley para removerla hasta que Carrió puso el grito en el cielo y embistió a su vez contra esa iniciativa.

“No quiero leyes con nombre y apellido”, tronó entonces Carrió. No se había apagado aun el eco de sus palabras cuando la iniciativa de los legisladores había colapsado.

El ministro de Justicia, sin embargo, no descartó nunca que la gota logre horadar la dura resistencia. La Procuradora se había convertido en la pieza más importante que el kirchnerismo tenía en el poder. Y lo usaba.

El fallo de Cayssials fue sorpresivo - el fiscal había pedido que se rechazara el planteo de inconstitucionalidad de la ley orgánica del Ministerio Público Fiscal- y, sobre todo, letal. Garavano, rápido de reflejos, machacó sobre caliente: “La forma de remover al Procurador no está prevista constitucionalmente”, dijo, al ratificar que ese pensamiento era el que guiaba las acciones del Gobierno para removerla. La política hizo el resto.

Las conversaciones entre Arslanian y Garavano -mano a mano y por teléfono- anticiparon el final. Fue una negociación de “orfebrería” en la que se convino que el ciclo había terminado, según una fuente confiable.

El abogado, ex ministro de Justicia y uno de los jueces que condenó a las Juntas Militares, finalmente le anticipó al ministro que la Procuradora renunciaría entre el viernes y ayer, lo que se concretó casi simultáneamente con el discurso de Mauricio Macri sobre las reformas que su Gobierno impulsará.

Garavano había conversado también con Miguel Pichetto sobre la evolución del caso Gils Carbó. Una deferencia pero también una realidad: Pichetto está al frente de un grupo importante de senadores hasta el 10 de diciembre, y luego aspira a seguir haciéndolo a pesar de que Cristina ya le declaró la guerra total.

Cuando Macri se enfrentó ayer en la bella cúpula del CCK al compacto auditorio de gobernadores, legisladores, titular de la Corte, ministros, empresarios y sindicalistas, ya sabía que Gils Carbó se iría.

Lo sabían él y su alter ego, Marcos Peña. 

Ricardo Kirschbaum

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