Domingo, 12 Noviembre 2017 00:00

El pacto con la oposición se cerró en Nueva York con estilo peronista - Por Ignacio Zuleta

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Viaje provechoso. La aprobación del paquete laboral, previsional e impositivo se basó en una solución peronista. El pedido de Macri es que no le toquen la reforma previsional. El candidato para la Procuración.

 

El viaje de Mauricio Macri a Nueva York junto a una delegación multipartidaria dio como principal resultado el primer acuerdo político de fondo entre el oficialismo y la oposición en la era Cambiemos. Ese pacto offshore se acuñó en las 48 horas de difícil convivencia entre diputados, senadores y gobernadores de todos los sellos en la que ha sido una semana política que se recordará en el futuro como una bisagra.

El brindis victorioso de esa noche se basa sobre la satisfacción de las necesidades mutuas, algo que quedará cristalizado en el puñado de proyectos de ley, que las dos partes quieren tener aprobados antes del día de los Inocentes -el viernes 28 de diciembre, última jornada hábil del año. Como ocurre en los pactos, cada parte aceptó las necesidades del otro. El Gobierno logra que le entiendan su empeño en reducir el déficit. “Acá podemos conseguir que vayan inversiones- repetía el presidente a los peronistas con quienes hablaba por los rincones y a solas-; pero si no arreglamos el déficit y las cuentas públicas, va a volar todo por el aire en algún momento”. La oposición peronista consigue que le saquen de encima la amenaza del desfinanciamiento.

Es un canje simple -que las crónicas explican bien- entre dos consignas: el Gobierno quiere bajar impuestos regresivos y modificar el gatillo que actualiza las jubilaciones; los gobernadores quieren que les saquen la amenaza de un cañonazo financiero para pagar el reclamo de Buenos Aires de un fondo del conurbano, que la Suprema Corte va a decir que es legal. De paso, el pacto aparta del conflicto a la Corte, que para los políticos es siempre una amenaza de cogobierno. Ése es el principal rédito del viaje multipartidario. Mucho más que el efecto del marketing global, algo obvio. ¿A qué presidente emergente le puede ir mal en Nueva York si va a pedir plata?

Un pacto político contra el cristinismo antisistema Más allá de los tecnicismos que se van modificando hora a hora a medida que se acercan los proyectos al Congreso, la base del pacto de Nueva York es política: el Gobierno ha logrado encuadrar a los sectores de la oposición antisistema, y encapsular, aislar en las tinieblas exteriores al peronismo cristinista, que rechaza cualquier solución dentro del sistema, con tanta o más pasión que las izquierdas.

Ese es el logro político que surge de una cesión del Gobierno al peronismo, aceptando la clave de bóveda del pacto, que es la derogación del artículo 104 de la ley de impuestos a las ganancias. Esa cláusula regula el reparto del 36% de la recaudación, con destino la ANSeS, los ATN, y las partidas para provincias castigadas con necesidades básicas insatisfechas. Ahora, todo irá al sistema distribución según el baremo de la coparticipación.

Una solución bien posibilista, a la argentina: ¿el problema estaba en la regla de reparto? Pulvericemos esa regla y repartamos de otra manera. Es una decisión política, no técnica, que se le ocurrió a la mesa de economistas del peronismo hace ya rato. Lo adelantó este diario hace un mes, con el título: “El peronismo quiere quitarle a Macri el reparto de $24.000 millones”. Ahora se lo han quitado, y a Macri no le hace problema porque, a diferencia de otros presidentes, cree que la plata no es de él y si la reparten otros, mejor.

No cree, a la Menem o Kirchner, que, si la reparte y la gasta él, lo haría mejor. Es un aprendizaje que deja hacia adelante. También deja la contribución al armado del nuevo peronismo. Algo parecido le atribuyen al gobierno radical de los años 80, cuando el PJ de la provincia de Buenos Aires se organizó desde el despacho de Antonio Troccoli (ministro del Interior) con el menemista Julio Mera Figueroa (tío de Juan Manuel Urtubey) como interventor partidario. Por eso en Nueva York los peronistas hablaron con Macri del compromiso de armar bloques del partido en las dos Cámaras del Congreso que representen los intereses de los gobernadores. Serán tan sólidos y amplios como sean los acuerdos con el Gobierno nacional.

“A ver, gringo, decí algo” Ese pergeño se debe a un grupo de economistas que orbitan en torno a dos gobernadores, Juan Schiaretti y Carlos Verna, y los bloques peronistas del Senado y de Diputados. El grupo lo integran Osvaldo Giordano (por Córdoba), Ernesto Franco (por La Pampa), Guillermo Michel (asesor de Miguel Pichetto), Carlos Fernández (asesora a José Alperovich), Germán Cervantes (peón de Diego Bossio) y Pablo Paladino (lo pone Marco Lavagna por el massismo). La madrina del grupo es Schiaretti, el gobernador con mejor relación con Macri, que lo hizo cerrar casi todas sus exposiciones en Nueva York con la frase: “A ver, Gringo, decí algo”. Tiene pasado industrialista, cavallista -con perdón de la palabra- y fue quien forzó a todos los gobernadores para que firmasen el Pacto de Responsabilidad Fiscal en San Luis, hace algunos meses. El Gobierno se resistió a la fórmula de derogar el 104 y dar de nuevo. Se rindió el mismo día cuando el Gobierno presentó la reforma fiscal a los jefes legislativos del Congreso, el miércoles de la semana anterior. Nicolás Dujovne se sentó a solas con Bossio antes de la reunión masiva y le dijo: “Te lo compro, lo del 104°”.

Globalizadores en inglés, patriotas en castellano Esa fue la clave política del acuerdo que Macri llevó a Nueva York, ya cerrada. Le faltaba fidelizar a la oposición para poder decir, como lo hizo en las 48 horas de reuniones con empresarios, que oposición y oficialismo compartían los objetivos. Los acompañantes del peronismo, del MPN de Neuquén, del massismo y el socialista Miguel Lifschitz cumplieron la letra. Cantaron loas a la unidad de objetivos, que juraron, están por encima de las diferencias. Se notaron algunas en el estilo, sin embargo: los funcionarios del Gobierno hablaron todos en inglés, con diversos niveles de corrección; los opositores se manejaron en riguroso castellano. Trasuntó de la dialéctica básica de estos años: globalizadores vs. patriotas. En esto hay que atender un instante al temperamento de Macri, que es una persona de pocas palabras, a quien le aburren estas reuniones, y que no le encuentra ningún atractivo a la franela política. Huye de la relación directa por fuera del círculo íntimo. Por eso, afirman sus compañeros de viaje de ayer y de ahora, se hace acompañar por su esposa, con quien huye a la intimidad a la hora en que cae el sol. Sólo algún secretario, o algún amigo íntimo, como José Torello, compartieron cenas con el presidente en Nueva York. Sí se ocupó Macri de mantener, por turnos, reuniones a solas con los legisladores y gobernadores que viajaron con él.

“¿No me irán a matar lo de las jubilaciones, no?” En esos apartes quedaron atornillados algunos capítulos del pacto de Nueva York, también de carácter político y que comprometen a su cumplimiento: primero, el peronismo va a aceptar el envío al Congreso de la nueva fórmula de cálculo del aumento de las jubilaciones y se compromete a no hacer campaña en contra. “¿No me irán a matar lo de las jubilaciones, no?”, les preguntó Macri de a uno. El acuerdo admite que algunos no lo van a votar, pero tampoco van a boicotear la sanción. En esto es clave el diálogo con Lavagna -uno de los viajeros- para que Sergio Massa no se vuelva a timbear contra el Gobierno como lo hizo el año pasado con Ganancias. También la actitud de Bossio, que seguramente no votará esa reforma, se debe a su decisión como funcionario del Gobierno, nada menos que en la ANSeS, pero que no va a impedirla. Todos admiten que el cambio es neutro para el jubilado, aunque suena feo modificarle el método que, según el propio peronismo, es “pro cíclico”, es decir un riesgo para cuando todo va peor. Los técnicos explicarán que con la abolición del 104, la ANSeS pierde el 20% del 36% de la recaudación y eso castiga al organismo, que hoy paga aumentos atados al crecimiento de sus recursos. Con eso bajarían las jubilaciones, según el actual método de cálculo. Pero les dicen que habrá más fondos, porque tendrán el 100% de la ley del cheque. Van a tener que ponerle un final mejor a la película. Porque el tributo al cheque, como prometen, se va a poder descontar de Ganancias… Pero es una letra casi tan chiquita, y está tan lejos en el futuro -5 años - que casi no se ve. Y en política la realidad se agota en lo fenoménico.

Urtubey, más cerca de reemplazar a Gils Carbó (Y Jennifer López que miraba) El segundo acuerdo es avanzar en la designación del nuevo Procurador de la Nación, un cargo que requiere 2/3 de los votos. O sea que el árbitro es el peronismo. El Gobierno tiene un identikit que describe el perfil que quiere, y es el de un abogado prestigioso que no pertenezca a ninguna corporación, y menos a la de los fiscales. La presencia en la delegación del senador Rodolfo Urtubey le hizo ganar casillas para ese cargo. Los peronistas les dijeron a los pasajeros del oficialismo que su perfil es otro: el procurador tiene que venir de la política.

En una de esas noches solitarias, cuando les había soltado la mano Macri, los gobernadores (Miguel Lifschitz, Omar Gutiérrez, Gustavo Bordet, los diputados Mario Negri, Luciano Laspina, Nicolás Massot, Bossio, Lavagna, Urtubey y Federico Pinedo se embutieron en el finísimo restorán Nobu. Fue una recomendación de Pinedo, que con la elección de esta casa famosa en el mundo por su menú “modern japanese”, confirmó el rigor de su paladar, que no reconoce fronteras —como que a las pocas horas honraba en Madrid el jabugo que sirve Ramón Puerta en la embajada. Allí acordaron todos que, por supuesto, la reforma del sistema de fiscales se hace desde la política, y la tiene que hacer un procurador de ese palo. Urtubey ensayó una sonrisa de satisfacción que debió ver la actriz y cantante Jennifer López, que miraba extrañada a la mesa de los argentinos, en donde devoraban, algunos con cierta aprehensión, crudités marinas y ultramarinas. 

Ignacio Zuleta

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