Lunes, 27 Noviembre 2017 00:00

Submarino ARA San Juan: la lección de una tragedia que desafía a Macri - Por Fernando González

Escrito por 
Valora este artículo
(1 Voto)

El presidente puede corregir el rumbo equivocado de las últimas décadas.

 

Las tragedias siempre golpean a los gobiernos. Y mucho más cuando se trata de países con estados endebles como el de la Argentina.

Los 194 muertos por el incendio de Cromañón en diciembre de 2004 fueron el principio del fin de la gestión de Aníbal Ibarra. Y los 52 muertos en los vagones del tren que se estrelló contra la estación Once en febrero de 2012 fueron el punto de inflexión para la carrera política de Cristina Kirchner.

Desde esa mañana, jamás volvió a ganar una elección.

Por eso es que Mauricio Macri se encuentra ante un nuevo desafío. Debe transmitirle a la sociedad muy claramente que ha entendido el significado de la desaparición del submarino ARA San Juan en el Atlántico sur.

Es posible que, si el Presidente subestima las consecuencias del episodio que conmueve al país adolescente, termine pagando el costo político en el futuro con algo parecido a una derrota.

La tragedia que acompaña a Macri, y que lo seguirá a lo largo de toda su trayectoria política, tiene un factor a tomar en cuenta.​

Sucede en el mejor momento político del Presidente.

​Su imagen positiva supera el 50% en todas las encuestas y el triunfo electoral del 22 de octubre de pasado le concedió un margen de maniobra política considerable frente a los fragmentos de la oposición.

Un sondeo del Grupo de Opinión Pública de hace diez días señala que, si hoy disputaran un balotaje con Cristina Kirchner, Macri la vencería por 15 puntos. Con esos números, cualquier dirigente parece todopoderoso.

Pero son estadísticas tomadas antes de que el ARA San Juan emitiera su último mensaje a la Base Naval de Mar del Plata.

Y todavía falta el trance desconocido del eventual hallazgo de la nave y del impredecible pero inevitable impacto social que tendrá el destino final de los 44 tripulantes.

El desconsuelo y los reclamos de sus familias son hasta ahora la vertiente más sensible de un caso que empieza a poner en evidencia el huevo de la serpiente de cada tragedia argentina: la ineficacia y la corrupción endémicas en el Estado.

Néstor y Cristina Kirchner jamás tomaron nota del mensaje que encerraba la tragedia de Cromañón. Prefirieron encerrarse en la comodidad de su poder coyuntural y no tomaron ninguna medida de fondo contra las prácticas corruptas en el Estado.

La ausencia de planificación, de inversión y el robo a cara descubierta en muchas de las contrataciones oficiales condujeron ocho años más tarde a la tragedia de Once.

De las habilitaciones truchas de boliches y los inspectores coimeros a los negocios millonarios con la compra de trenes y locomotoras de dudoso origen no hubo aprendizaje alguno.

​Tarde o temprano, la muerte iba a pasarle factura a la dirigencia argentina por sus materias pendientes. Y lo hizo, como siempre, de la peor manera.

Después del choque en la estación Once, Cristina ensayó un cambio en el manejo de la infraestructura ferroviaria. Reemplazó al hoy preso Julio De Vido por el más ejecutivo Florencio Randazzo.

Los trenes no volvieron al paraíso pero hubo algunas mejoras en el servicio del transporte y en la calidad de los materiales utilizados.

Si la decisión de la ex presidenta hubiera ido a fondo, ese cambio habría sido más contundente. En las urnas la sociedad fue consecuente al castigarlos a Cristina y a Randazzo.

Heredero directo de la debacle de Ibarra, durante sus ocho años de gestión porteña Macri puso en marcha mecanismos de contratación más transparentes y ejerció controles más estrictos sobre los agentes estatales.

El cambio superador no impidió que a su sucesor político (Horacio Rodríguez Larreta) le estallaran episodios como el de la fiesta Time Warp. Cinco muertos por la venta descontrolada de drogas en la Costanera y la sensación de que sólo la fortuna y la pericia de los médicos impidieron que las decenas de internados no terminaran integrando la lista negra de otra tragedia masiva.

Claro que no todas las tragedias ponen en jaque a los gobernantes de turno.

Daniel Scioli logró eludir el enorme impacto social que tuvo el secuestro y asesinato de la chiquita Candela Rodríguez en agosto de 2011.

Dos meses después fue reelegido gobernador con cifras muy impresionantes de acompañamiento electoral. Pero esa dosis de fortuna terminó pronto.

La inundación de abril de 2013 en La Plata, y sus 78 muertos pese a la patética manipulación de las cifras en esos días tremendos, anticiparon la derrota legislativa inminente a manos de Sergio Massa y los límites del proyecto presidencial que naufragó en 2015.

De lo que se sabe, Macri debería tener en cuenta algunas certezas.

  • Que la Argentina no necesita las Fuerzas Armadas de una potencia mundial pero sí debe contar con un ejército moderno y adecuado a las hipótesis de conflicto de un país emergente.

  • ​Que la racionalidad de la inversión estatal que rige para otros sectores también vale para los gastos en materia de defensa.

  • Que no deben interponerse los prejuicios para una generación de militares que ya nada tienen que ver con la represión de Estado que sumergió al país hace cuatro décadas.

  • Y que la Armada tiene que adaptarse mucho mejor a las exigencias de la comunicación en tiempos de democracia.

El Presidente está a tiempo de hacer una lectura correcta de la lección que encierra el casco a la deriva del ARA San Juan.

Mantener el rumbo equivocado de las últimas décadas conducirá inexorablemente a sumar más tragedias sobre el sonido de los padres, hijos y hermanos que lloran sin consuelo a los submarinistas perdidos. 

Fernando González

Visto 439 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…