Martes, 05 Diciembre 2017 00:00

Las reformas avanzan pese al déficit de operación política - Por Sergio Crivelli

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El pacto con los gobernadores que incluye la polémica reforma previsional fue aprobado en el Senado. Las quejas y advertencias de un experto: Miguel Pichetto. El nuevo escenario del poder.

 

Mauricio Macri dio un primer paso exitoso en el Congreso en la medianoche del miércoles con la aprobación de tres proyectos que constituyen el corazón de las reformas anunciadas con bombos y platillos después de la victoria electoral de octubre. Logró que fueran sancionadas con holgura y giradas a Diputados la reforma previsional, el pacto fiscal y la ley de responsabilidad fiscal.

La holgura no significa, sin embargo, que haya sido fácil y menos aún que lo haya logrado con la mayor eficacia. Hubo protestas fuera y dentro del Congreso y acusaciones de usar a los jubilados como la variable de ajuste de un acuerdo que el Presidente había calificado de "histórico". Se hizo evidente el déficit de "operación" política, es decir, de capacidad para reducir el costo de una medida impopular.

La ecuación diseñada por el Poder Ejecutivo cerraba bien en los números. Por el pacto fiscal el Tesoro Nacional cede una importante suma de recursos a las provincias, en especial a la de Buenos Aires. Por eso los gobernadores peronistas presionaron a sus senadores (que son amplia mayoría) a votar la contrapartida de esos recursos, el "ahorro" en el sistema previsional producto de una nueva fórmula para fijar las actualizaciones. El proyecto de responsabilidad, en tanto, obliga a las provincias a contener el gasto público, pero habrá que ver si eso ocurre en un impreciso futuro.

Establecido el acuerdo Nación-provincias, el siguiente paso consistía en hacerlo aprobar por el Congreso y ahí comenzaron los problemas, en particular por la anarquía peronista. La CGT, dirigida por un triunvirato que no dirige nada, cuestionó la reforma previsional y uno de los miembros de su conducción, Pablo Moyano, armó un acto de escrache junto con los sindicatos estatales hacia los senadores que votaban por orden de sus gobernadores.

La misma CGT que rechazó la reforma previsional, aprobó la laboral, pero no fue al Congreso a darle apoyo explícito. Voló en cambio al Vaticano a pedir la bendición del papa Bergoglio que la desairó, porque prefiere hacer oposición al macrismo asociado con los llamados "movimientos sociales", agrupaciones marginales que cortan calles y reciben fondos del Estado, pero al mismo tiempo le niegan legitimidad al Gobierno.

Si la CGT, que es la célebre "columna vertebral" del peronismo, anda perdida y a los tumbos, ¿qué puede esperarse del resto del partido? Se ha convertido en un rompecabezas que la Casa Rosada no sabe, no quiere o no puede armar. La culpa, en este caso, no es del peronismo.

Eso explica la furia del presidente del bloque de senadores peronistas, Miguel Pichetto, en el cierre del debate del miércoles. Dijo que futuras leyes no pasarían si se repetía lo ocurrido con la reforma previsional. Pidió a los sindicalistas que pusieran la cara y al Gobierno que haga cumplir los pactos. Sabe de lo que habla y es de un realismo político implacable, pero tiene una capacidad limitada para hacer su tarea, si los que tienen el poder fuera del Parlamento no organizan el escenario como es debido.

¿Cómo es ese escenario? En el centro está Macri y a su alrededor un reducido número de "gerentes" que no siempre aciertan al elegir procedimientos e interlocutores. En la oposición, el principal actor es el peronismo, pero está anarquizado. El poder institucional lo tienen los gobernadores y la CGT, pero cuando "bajan" órdenes pocos las cumplen.

El resto de la oposición es periférica. Una de sus cabezas es Cristina Kirchner, pero está cada vez más aislada. Tanto que juró como senadora y su interlocutor fue otro peronista marginal: Adolfo Rodríguez Saá. También marginal es el Papa que trata de jugar en la interna opositora a once mil kilómetros de Buenos Aires. Sus "operadores" son, además, menos idóneos que los del PRO. A esto hay que sumar medios y periodistas anti-Macri que defienden hasta a los "mapuches". En suma, un conglomerado de indigencias, que sin embargo, seguirá complicando al Gobierno mientras no mejore su capacidad operativa. 

Sergio Crivelli    
Twitter:@CrivelliSergio

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