Miércoles, 06 Diciembre 2017 00:00

Macri, Carrió y Larreta en un equilibrio bajo presión - Por Ignacio Fidanza

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La interna radical se mezcló con las tensiones en lo más alto de Cambiemos.

 

Subestimar políticamente a Macri es un divertimento perimido. La realidad se encargó de zanjar esa discusión de manera brutal. Ahora lo entretenido es observar al presidente haciendo política, una actividad a la que todo indica, le empezó a encontrar el gusto.

Como la Argentina es el país de las certezas tan inapelables como efímeras, ahora que ya se descuenta que Macri reelige en el 2019, la discusión por su sucesión -que debería activarse una vez conseguido ese objetivo- se trasladó hasta el presente. "Es una locura discutir esto cuando faltan seis años", se escudan en la cúpula del PRO -a donde se reduce la discusión-, para disimular lo obvio. El argumento peca de pereza y soberbia en dosis similares.

Horacio Rodríguez Larreta se consolidó, no sólo como uno de los gestores más dinámicos de la Ciudad de las últimas décadas, sino también como un actor político con autonomía. En un espacio como el PRO, manejado hasta ahora casi como una empresa, se trata de una novedad. Bienvenidos a la política.

Macri recela de este dato que le entrega la realidad, pero lejos de reaccionar como un CEO fastidioso, empezó a enhebrar interesantes fintas políticas.

Larreta logró a fuerza de dedicación y tiempo que Elisa Carrió lo identifique como su máxima referencia en el PRO. Con la misma paciencia sumó a su esfera de influencia a Emilio Monzó y al economista Carlos Melconian.

Frente a estos ¿desafíos? Macri ordenó a Daniel Angelici que acuerde con el radicalismo díscolo de Yacobitti, Nosiglia y Lousteau. Aprovechó así un tema menor como es la interna de la UCR porteña, para enviar un mensaje que cimbró fuerte a la cúpula de Cambiemos y cuyos efectos apenas empezaron a sentirse.

Lousteau siempre es útil para inquietar a Larreta y Nosiglia ideal para desequilibrar a Carrió. La discusión escaló por las intrincadas escaleras caracol del radicalismo y se mezcló en las negociaciones por la nueva conducción nacional de la UCR.

Los radicales que venían lamentando que Macri moldeara con José Corral un partido débil, ahora descubrieron que el presidente quiere un radicalismo fuerte para contener a Larreta, Carrió, Monzó y también a Negri, que creía que la diputada chaqueña era su salvoconducto al corazón de la Casa Rosada.

Entra así en escena el jujeño Gerardo Morales, el hombre que según varios de sus correligionarios, podría devolver a la UCR un vigor extraviado en la primera mitad del gobierno de Cambiemos. Morales por ahora rehúye el combate y propone al tucumano José Cano, que es visto como el hombre ideal para seguir con un partido débil.

Lo que está en juego es simple y bastante importante: "La idea es consolidar una mesa del partido sólida, con los gobernadores adentro, para que sea la que le marque el paso a los bloques del Congreso", explicó un dirigente al tanto de las negociaciones. Hasta ahora Macri rehuía esa línea de trabajo y prefería manejarse con Carrió, Negri y Corral. Pero la coyuntura, lo hizo corregir el rumbo.

¿Estamos entonces ante el primer round de una larga pelea en la cúpula del poder, al estilo de aquella que enfrentó a Menem y Duhalde en los noventa? ¿Una consecuencia natural de la hegemonía de Cambiemos que ante el vacío que deja la oposición traslada el conflicto político a su interior? Es posible, pero también puede ocurrir que los protagonistas de esta tensión compartan un almuerzo y terminen acordando los términos del nuevo status quo del PRO.

Si la política es la dinámica de lo impensado, bienvenidos al show.

Ignacio Fidanza

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