Jueves, 07 Diciembre 2017 00:00

El Papa, los Maldonado, la verdad y los canallas - Por Julio Blanck

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Francisco recibió a la familia de Santiago Maldonado en Santa Marta. Los respaldó en su búsqueda de verdad y justicia.

 

El papa Francisco recibió a la familia Maldonado ayer en la residencia de Santa Marta, en el atardecer romano. Estuvo Estela, mamá de Santiago y católica devota, llevando sobre el corazón un pequeño prendedor con el rostro del hijo muerto. También Sergio, el mayor de los hermanos, y su mujer Andrea.

Los Maldonado contaron que el encuentro estuvo lleno de emoción, que Francisco se mostró informado sobre el caso de Santiago y que resaltó con mucha fuerza la dignidad de la familia para enfrentar este momento de dolor infinito. También prometió acompañarlos en su reclamo de verdad y justicia. Era todo lo que esperaban de la reunión.

La familia había desembarcado en Roma el lunes. Los gastos del viaje corrieron por cuenta del Vaticano, que les hizo llegar la invitación del Papa. Ellos no la habían pedido, aunque tienen tres vías de contacto diferentes con Francisco. Uno de esos nexos es el dirigente social Juan Grabois.

Los Maldonado, que quieren establecer una clara diferencia entre la muerte de Santiago y el conflicto mapuche, pretenden que la Justicia determine, con independencia y veracidad, qué responsabilidad tuvieron los hombres de Gendarmería en los sucesos que terminaron con Santiago ahogado en el río Chubut.

También, qué papel cumplieron los mapuches que resistieron el desalojo ordenado por el juez y parecieron saber, desde el principio, cómo y dónde había muerto Santiago. Son respuestas que el Estado tiene la obligación de darles.

Hace una semana la familia había difundido un comunicado, a punto de cumplirse cuatro meses del día en que desapareció Santiago. Allí escribieron que “Necesitamos tiempo para poder transitar nuestro duelo”. Mencionaron “las situaciones dolorosas y terribles que hemos vivido y que continuamos padeciendo”. Y aclararon que “es por eso que no convocamos ni adherimos a una marcha este 1° de diciembre”.

Esto no supuso un solo paso de acercamiento al Gobierno, al que han criticado con fiereza aunque con algunos de sus funcionarios mantienen una relación discreta y constante.

Ese documento fue, en verdad, el modo que encontraron para expresar el rechazo a toda manipulación aviesa de su tragedia; ya fuera por parte de sectores de los organismos de derechos humanos, del kirchnerismo y la izquierda o de grupos de la comunidad mapuche.

Todos ellos, en distinta medida, habían intentado rapiñar desde el primer momento migajas de rédito político. Pronto la familia los sintió distantes y desinteresados de su búsqueda de verdad y justicia, según aseguró un allegado que los acompaña sin desmayo ni aspavientos a través de su calvario.

Los Maldonado ya lograron que el juez Gustavo Lleral deje de apoyarse solamente en la Prefectura y convoque al cuerpo de Bomberos. Sus expertos actuarán con apoyo técnico del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), una organización científica, no gubernamental, con sólido prestigio en todo el mundo.

Pero mantienen un duro listado de reclamos al juez. Por ejemplo, que no demore más la reconstrucción del hecho y el peritaje del lecho del río. Hasta acá, la Justicia actuó con precaución extrema para allanar e inspeccionar el sitio donde murió Santiago, escudada en los argumentos de “tierra santa” que esgrimen con cinismo los grupos mapuches.

También resulta inexplicable la demora en tomar testimonio a seis de las siete personas de la comunidad mapuche que estaban cerca de Santiago el día que escapaban de los gendarmes y que lograron -a diferencia del tatuador- cruzar con éxito el helado río Chubut.

Se recordará que al comienzo del caso surgieron en oleada las declaraciones informales de supuestos testigos asesorados y direccionados por el pelotón de fiscales de la oficina de Violencia Institucional (Procuvin), creada por la renunciada procuradora general Alejandra Gils Carbó. Muy pronto se les sumó una fuerza de abogados de derechos humanos, varios de la zona patagónica y otros enviados desde distintos puntos del país.

El objetivo de ese dispositivo de acción psicológica fue instalar la idea de que Santiago Maldonado había sido capturado, golpeado y desaparecido por fuerzas de la Gendarmería. La tarea fue bastante efectiva: la familia Maldonado compró la historia completa y el Gobierno estuvo a la defensiva acosado por lo que parecían pruebas irrefutables que, curiosamente, nadie lograba demostrar.

Sucedía esto en el tiempo que medió entre las PASO de agosto y la elección de octubre. Es imposible despegar aquella intensa acción de propaganda opositora con ese contexto político electoral.

La aparición del cuerpo de Santiago, sumergido en el río a pocos metros de donde están establecidos los grupos más activos de la comunidad mapuche, fue el primer indicio fuerte de que algo de la historia que se había contado no conseguía anclarse en la realidad.

Los datos iniciales de la autopsia, y mucho más los detalles que después se fueron conociendo, dejaron al desnudo ese relato cobarde y miserable. Santiago había permanecido todo el tiempo en el agua, su cuerpo no presentaba rastros de golpes ni otras formas de violencia, ni había señales de que hubiese estado en tierra desde el momento de su desaparición.

Es fácil entender por qué seis de los mapuches que estaban cerca suyo evitan ahora declarar ante la Justicia. Quieren evaporarse, como se evaporaron los abogados y fiscales una vez que su tarea terminó en bochorno político y derrota electoral. Lo que no es fácil de entender es por qué el juez no cumple con su obligación de identificarlos e interrogarlos.

El único en declarar fue Matías Santana. Lugarteniente del detenido jefe de la RAM, Facundo Jones Huala, terminó presentándose después de una gestión personal de Sergio Maldonado para convencerlo. Dijo una cantidad importante de mentiras. Básicamente, que había visto cómo los gendarmes habían capturado a Santiago, lo habían golpeado, subido a una camioneta blanca y llevado hacia un lugar desconocido rumbo a la ruta 40.

Los hechos pusieron en crisis a la falsa historia y con ella al dispositivo político y legal que la sostenía. Hubo indicios de desacuerdos al interior de algunos organismos de derechos humanos, que incluso habían promovido presentaciones ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en base a las declaraciones mentirosas de supuestos testigos que ellos mismos habían alentado.

Un caso evidente fue el de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), que desautorizó las diligencias de un abogado de su delegación en Córdoba que había desembarcado en misión especial en Chubut.

Con síntesis y como autodefensa el CELS –impulsor principal de la construcción de la historia falsa- emitió un documento llamado “Diez preguntas y respuestas sobre el caso Santiago Maldonado”. Es un texto de 17 páginas donde defiende toda su actuación. Ya se verá si este documento es suficiente para controlar el daño político que se causó a sí mismo con su proceder en este caso.

En un libro que acaba de publicar la editorial Edhasa, titulado “El caso Maldonado”, el sociólogo, historiador y filósofo Marcos Novaro escribe que “la muerte de Santiago Maldonado fue una tragedia, pero el caso Maldonado es un asunto bien distinto”. Sostiene que “no es tanto una tragedia como una fábula y, por sobre todas las cosas, una enorme trampa”.

Novaro señala que “tuvieron un papel central los llamados organismos de derechos humanos, que convirtieron a Maldonado en un desaparecido de Macri, la prueba final de que todo lo que pensaban de él era cierto”.

Asegura que “el Estado le falló” a Santiago y a su familia, por el modo en que actuó la Gendarmería y por las inaceptables demoras de la Justicia. Que también les fallaron los organismos de derechos humanos, que con la fábula “sumaron infinito dolor a la tragedia”. Y sobre todo aquellos a los que Santiago “creyó amigos de la RAM, que lo dejaron tirado en el río, se desentendieron de su suerte y después de muerto siguieron usándolo para sus exclusivos fines”.

El ensayo urgente de Novaro nos recuerda que nunca es mal momento para desenmascarar a los canallas.

Julio Blanck

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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