Jueves, 21 Diciembre 2017 00:00

Salvar la gobernabilidad - Por Mauricio Maronna

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La aprobación del paquete de leyes le permite al gobierno mantener la iniciativa, aunque agotó parte de su crédito respecto a normativas impopulares. La misteriosa reunión frustrada Macri-Lifschitz.

 

El presidente Mauricio Macri pudo mantener en pie la gobernabilidad de su administración. Eso es lo más trascendente, la letra gruesa, del balance de los lamentables episodios ocurridos adentro y afuera del Congreso.

Se sobre diagnosticó, casi hasta el paroxismo, cuáles fueron los errores del gobierno de Cambiemos a la hora de plantear una reforma del sistema previsional, haciendo caja con los jubilados. Los errores fueron muchos y se han explicado en esta columna, pero a caballo de esa situación algunos sectores pretendieron escaldar y/o terminar la gestión de Macri.

Merced al cada vez más costoso apoyo de un sector del peronismo, Cambiemos pudo imponer los votos para aprobar el proyecto de ley. Fueron, apenas, una decena de votos de diferencia los que separaron la victoria macrista de una derrota, que hubiera hecho empezar a pensar en destinos complejos.

Esa es otra realidad flagrante que dejaron estas alocadas jornadas de fines de diciembre: Macri quebró al peronismo. Los quebrados del justicialismo hicieron causa común a la hora del voto en Diputados y Cámara de Senadores, evitando que el ajuste no se haga sobre sus cuentas y sí sobre los raídos bolsillos de la clase pasiva. Con tal de lograr algunas pocas canonjías, Juan Urtubey, Juan Schiaretti y Juan Manzur (Los Juanes), entre otros, se cruzaron a la vereda macrista. Miguel Pichetto lo hizo primero.

Lo urgente y lo importante

No es tarea fácil abstraerse de las sensaciones, del impacto y analizar qué fue lo urgente y qué lo importante. No es fácil existiendo tanto periodismo militante, de un lado y del otro. Por eso, hay que escribirlo: lo más importante es que la gobernabilidad no haya quedado rajada ni limitada. Que es lo que hubiera sucedido si el gobierno perdía las votaciones.

En Balcarce 50 están convencidos de que hubo un plan urdido por sectores de la oposición y de la izquierda clasista destinado a repetir los efectos de diciembre del 2001, que incluía la toma del Palacio Legislativo a la hora del debate y la suspensión del tratamiento de la ley previsional.

Mantener en pie ambas cuestiones llevó a una represión que, el jueves, fue feroz por parte de Gendarmería. "No fue ni más feroz ni menos feroz: se actuó para evitar que tumben a la democracia", dijo ayer una voz legislativa que contó, uno a uno, los supuestos propósitos del kirchnerismo y del trotskismo, esa extraña alianza.

En el gobierno empiezan por estas a horas a verificar cuáles fueron las repercusiones populares respecto de la decisión de ir por la reforma previsional. Según un sondeo que publica el Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, que dirige Rosendo Fraga, "los jubilados fueron el sector que porcentualmente más votó por el gobierno. La cuestión es que este conflicto ha agrietado la coalición oficialista en términos sociales. Sondeos que maneja el propio gobierno muestran que hoy uno cada cuatro de quienes el 22 de octubre votaron por el gobierno, no volverían a hacerlo y la reforma previsional es la causa más relevante de ello. Además, dos cada tres argentinos que trabaja están contribuyendo a sostener un jubilado en su núcleo familiar amplio".

Todas las impactantes derivaciones del contenido del proyecto de ley obligará al gobierno a actuar con mano de seda en los próximos meses. Parece habérsele agotado el crédito respecto de la tolerancia popular a las decisiones impopulares. Debe registrar el oficialismo la importancia cualitativa de los cacerolazos que —a diferencia de los actos extremadamente violentos en la Plaza del Congreso— brotaron espontáneos en las principales ciudades del país, incluida Rosario.

El macrismo pretendía que, en paralelo a las leyes previsional y tributaria, se votase el proyecto de reforma laboral. Fue. No hay clima tras las boutades por la norma previsional, tan criticada por todos.

Y aquí debe hacerse foco en algo que nadie mencionó, pese a la novela coral en que se transformaron los intentos oficialistas. Es cada vez más preocupante la ausencia de la CGT, que no está ni mal ni bien: no está. Debe tratarse de la única central sindical del mundo que convoca a medidas de fuerza pos facto de las leyes cuestionadas. Si no fuese tan grave, la CGT convocaría a la risa.

A la vez, su ausencia, le quita contención institucional a los reclamos. De aquellos actos repletos de aparatos, se pasó a las manifestaciones violentas. De aquellas quejas y reclamos encabezados por gremios con representación popular e institucional se pasó a la violencia de grupos peligrosos. El "gordo del mortero" es todo un dato.

Por estas horas, Macri está rumiando malestar contra cuatro gobernadores: Miguel Lifschitz, Sergio Uñac (San Juan), Gerardo Zamora (Santiago del Estero) y Sergio Casas (La Rioja). Ayer, en medio de la calurosa tarde, una fuente irreprochable del gobierno nacional le dijo a LaCapital que estaba programada una audiencia en Olivos entre el presidente de la Nación y Lifschitz, pero que el gobernador santafesino decidió cancelarla a última hora por problemas con uno de los helicópteros oficiales.

A esa excusa se la llama "la gran Lole". Carlos Reutemann, adujo problemas en su helicóptero más de una vez para evitar reunirse con Carlos Menem, en los 90, y Adolfo Rodríguez Saá, en Chapadmalal, cuando el puntano consumía sus horas como presidente. "Seguramente, Miguel suspendió la reunión, porque sabe del enojo de Macri. Además, quería hablar de la reforma constitucional. Y no es el momento", agregó el informante macrista.

En la Gobernación santafesina algunos no confirmaron la existencia de esa audiencia y otros, directamente, la negaron. Sin embargo, una fuente oficial admitió que "había problemas mecánicos con un helicóptero". De lo que no cabe dudas es del malestar del presidente por el voto y el tono del discurso de Luis Contigiani. Un diputado nacional por Santa Fe, de muchísima presencia en el debate por la reforma tributaria, dijo: "Lifschitz firmó el Pacto Fiscal, que incluía la reforma previsional (aunque sin fórmula, pero estaba) y subió ingresos brutos. Jugó mal".

A todos los protagonistas de la historia institucional les hará falta un plan de reducción de daños, tras estos días locos que supieron conseguir.

Mauricio Maronna  
Twitter:@MauricioMaronna
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