Jueves, 28 Diciembre 2017 00:00

Fernández en el Senado - Por Carlos Mira

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Que Cristina Fernández no pueda entender la simpleza de que la Argentina tiene “Congreso” y no “Parlamento”, como insistentemente llama a la institución que encarna el poder legislativo de la República (dando la idea clara de que ignora olímpicamente el tipo de gobierno que la Constitución ha organizado) ya ha pasado a ser un detalle menor dentro de su interminable lista de ignorancias.

 

Hoy ha confirmado -porque tampoco es un descubrimiento original del día de la fecha- que desconoce completamente las reglas de la educación cívica y, yo diría, de la educación a secas. En un alarde de soberbia a los que nos tiene acostumbrados se valió de la exagerada buena voluntad de la vicepresidente de la república y presidente del senado, Gabriela Michetti, para hablar durante el tiempo que a ella se le cantó en una moción de privilegio que, por reglamento de la Cámara, no puede exceder los 10 minutos (cosa que, entre paréntesis, me parece de por sí una barbaridad)

Fernández hizo gala allí de todo su despliegue de prepotencia y demostró lo mucho que debe molestarle tener a alguien por encima de sí misma que le diga lo que tiene que hacer. Claramente no está acostumbrada a tener a nadie en ese lugar. Pues ahora lo tiene, señora.

En su moción dio a entender que el gobierno estaba poniendo en peligro la representación popular después de haber pegado dos faltazos consecutivos a reuniones claves del cuerpo en donde se trataban la reforma tributaria y el presupuesto.

Mientras sus colegas discutían esas normas ella estaba reunida en su casa seguramente conspirando contra la tranquilidad pública a la que no cesará de poner en peligro con tal de zafar de la cárcel.

Pero en su estreno en el recinto a lo primero que atina es a decir que ella iba a discutir todo porque “el pueblo” la había votado para eso. Sería interesante que les informe a sus votantes (que, por cierto, ha sido una parte bastante minoritaria del “pueblo”) por qué no fue a trabajar cuando las comisiones correspondientes discutían las reformas a los impuestos y el presupuesto para el año que viene.

No quedan muchas dudas a esta altura que Fernández solo ha buscado su elección en el Senado para alcanzar los fueros que la pongan a salvo de la prisión y que lo que ella llama “el pueblo” le interesa un rábano, como, por otra parte, ha ocurrido siempre.

El gobierno debería estar investigando seriamente cuales son las conexiones de Cristina Fernández con grupos violentos, cuales son las vinculaciones financieras de Cristina Fernández con los grupos que destruyeron la Plaza de los Dos Congresos hace 10 días arrojando entre otras cosas 15 toneladas de piedras sobre la policía.

¿Quién compró y repartió las mazas con las que se rompieron las veredas, los bancos y los monumentos?, ¿Quién armó los grupos de choque y quien les pagó (y con qué dinero) la logística que precisaron para someter a toda una ciudad a un desasosiego cruel?

Esa postura impostada de vampiresa moriacasenesca ofende al Senado de la Nación, pero, al mismo tiempo, sirve para poner en blanco sobre negro el desprecio que este personaje tiene por el funcionamiento de la institucionalidad. Ella no puede ser una entre otros: ella debe ser el faro en la colina, la estrella polar frente a la cual todos quedan extasiados y obedecen.

Malas noticias, señora: aunque en la república nunca debieron existir esos altares que usted construyó mientras ejerció -para vergüenza de este país- la presidencia, ya no existen. Y menos aún en el recinto que ahora (de vez en cuando) ocupa. Allí es una senadora más; una simple y derrotada senadora que debe obedecer lo que le indican las autoridades de la Cámara.

Yo entiendo que usted se crea especial y entienda que la Tierra deba detenerse cuando habla. Pero, ¿sabe qué? No se detiene nada. El senado le será útil por un tiempo para zafar de los barrotes de un calabozo, pero mientras esté allí debe obedecer su reglamento y la voz de sus autoridades. No es nadie especial, señora. Y, hablando de todo un poco, sería interesante que se acostumbre a las reglas de la República ya que dice que fue votada para defender la representación del “pueblo” y deje de conspirar contra sus instituciones, valiéndose de cualquier medio y de cuanto lumpenaje pueda reunir para salvar su trasero.

Carlos Mira

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